La RAE

Cualquier persona que haya sobrevivido con un mínimo de cordura a una guerra es merecedora del máximo de mis respetos. Por edad, me corresponden los escalofríos con la guerra de los Balcanes. Con estos antecedentes y la devoción que siento por la revista Jot Down, no pude resistirme a leer la entrevista a la escritora croata Slavenka Drakulic. El titular En el nacionalismo, la emoción más importante es el odio contribuyó al interés. No solo por la situación actual en España, me fascina además la gente capaz de emitir sentencias tajantes sobre temas etéreos. Pero ella ha vivido una guerra nacionalista. Algo sabrá.

La entrevista es interesante: activismo feminista en la Yugoslavia comunista, un riñón trasplantado de manera desinteresada y al menos dos libros Cómo hemos sobrevivido al comunismo e incluso nos reímos y No matarían ni una mosca en mi lista de futuribles. Y por ahí en medio, la frase, a estas alturas ya manida: “La característica del nacionalismo, su definición, a diferencia del patriotismo, es que el nacionalismo necesita un enemigo.” Nacionalismo malo. Patriotismo bueno. El mantra.

Reconozco que esta frase la llevo oyendo un tiempo, tampoco tanto, y no deja de sorprenderme. Nacionalismo y patriotismo no solo son dos cosas distintas sino que son opuestas. Yo, que soy de ciencias y padezco una fuerte adicción a las series, la NFL y la Champions League, no manejo las fuentes buenas ni el tiempo para buscarlas. Yo siempre he tirado de diccionario. Y esto me dice el de la RAE:

Nacionalismo: 1. m. Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. 2. m. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado.

Patriotismo: 1. m. Amor a la patria (siendo patria la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos). 2. m. Sentimiento y conducta propios del patriota.

Yo, discúlpenme, no percibo la diferencia. Mucho menos los sentimientos, negativos o positivos. Vendrán los teóricos de la sociología, la politología y la historia a rebatir estas cuatro líneas. Carencia de contexto, dirán. A mí siempre me ha dado la impresión de que tanta gente afirmando tener tan clara una verdad tan débil es muy sospechoso. Curioso que sea siempre un patriota el que sostenga el argumento, un nacionalista el que lo refute y ambos, patriotas y nacionalistas, quienes nieguen al agnóstico. Creo que, algo demasiado habitual, todo obedece a otros intereses en nada relacionados con la identidad y el orgullo y el amor a algo intangible. Pero mi miedo a alzar la voz y parecer tonto es mucho más fuerte que cualquiera de mis principios.

Sin embargo, Slavenka ha vivido una guerra nacionalista. Algo sabrá. Yo solo soy un tipo que cree en ciertos términos medios, siente repulsión por el orgullo y considera que el miedo en cantidades moderadas constituye una forma saludable de vivir.

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Aquí huele a viejo

 

 

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