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Archive for the ‘Política’ Category

Al presidente de la Federación Española de Fútbol y sus adláteres le han crecido los enanos de su propio circo de la noche a la mañana. Desde hacía tiempo un rumor venía advirtiendo que algo estaba podrido en el reino de Villar, pero parece que nadie quería ponerle el cascabel al gato. Hombre, raro era que dicha Federación, la del circo del pueblo, la que movía o mueve, miles de millones de euros, antes pesetas, estuviera siempre gobernada por el mismo timonel. Parece ser que la perpetuidad de los cargos en pocas ocasiones transparenta una labor clara y cristalina. Y ahora está por demostrar que éste Villar, y nuestro Padrón, no se hayan estado “embostando” desde que el fútbol el fútbol y la tele es tele.

Nuestro Padrón, padre de aquel otro del Canal 7, tampoco parecía un señor demasiado honrado, y digo parecía porque sálveme Dios de estar yo cursando acusación alguna. Resulta que como en cualquier colectivo que se precie en la actualidad empiezan a salir, como setas venenosas, trampas, trampitas y trampones. Otra vez el run run de la corrupción en esta España grotesca que ya barruntaba Valle Inclán en sus esperpentos.

Meses hace que oímos una y otra vez casos de corruptelas, la mayoría de políticos. Ahora les toca a los futbolerrimos gobernantes de la mandanga. Eso sí que es un negocio, alimentado por el sentimiento patrio de los colores y el orgullo españóh.

Pues todo aquello que llamábamos deporte nacional, inflándosenos los cachetes de gloria patria, porque otra gloria no nos queda ya, está teñido también de oscurantismo, enriquecimiento impropio, cohechos, levantamiento de bienes, compra de votos, adjudicaciones a dedo, desvío de ingresos en partidos amistosos, etc, etc.

 

El fútbol de la roja, aquel que todos pensábamos que era el más limpio por ser nacional y trascender a intereses privados, regionales, locales o incluso políticos, resulta que estaba más manchado que limpio.

En definitiva, España, ¿qué es otra rayita más para este tigre?

 

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A finales de mayo el suplemento de El Mundo La Otra Crónica, que ofrece información así, ligerita, de cotillear y eso, publicó una información titulada La fortuna profesional de las amigas de la Reina Letizia, que leí con gran interés y que me llevó a pensar con qué facilidad juzgamos el éxito o el fracaso de los demás, sin saber ni de lejos lo que les habrá costado.

Ese texto está firmado por una mujer, no sé si periodista, de la que admito que no tengo ninguna referencia y, por tanto, no puedo decir que ni bien ni mal. Lo que sí puedo es opinar sobre una información que se publica en un periódico con muchos lectores y que además de desprender resentimiento y ser tendenciosa, me parece muy  machista.

Como podrán intuir por el título, el texto trata sobre la exitosa carrera profesional de algunas periodistas que son amigas de Letizia, mujeres con años de trabajo y formación en sus currículum que vemos resumidos en tres palabras: fortuna, amiga, reina.

La autora se pasa por el forro de la falda los 25 años de trabajo en la televisión pública de María Oña y sus corresponsalías en varios países de todo el mundo para deslizar que su nombramiento el año pasado como directora de Comunicación de una fundación del BBVA tiene que ver con la amistad que mantiene con la reina.

Así lo afirma también de otras compañeras, al señalar que “el caso de María Oña no es una excepción, ya que son varias las integrantes del círculo íntimo de Letizia, periodistas y amigas de su etapa televisiva, que a raíz de su salto a consorte de Don Felipe, han acabado accediendo a puestos de responsabilidad en el mundo empresarial, político o de la comunicación”.

Resulta indignante, vergonzoso leer estas palabras que menosprecian de tal manera el trabajo de mujeres profesionales a las que les habrá costado lo suyo llegar a ocupar los puestos de responsabilidad en los que hoy trabajan. En su resentido saco mete la firmante a Sonsoles Ónega, periodista parlamentaria de los informativos de Tele5, Cristina Palacios premiada por el Instituto para la Excelencia Profesional. Inmaculada Nácher, consultora política, o Ana Prieto, también consultora. Todas ellas tienen una larga trayectoria laboral pero lo que importa aquí es que son amigas de tal o que le guardaron un secreto a cual.

No dudo que la autora del texto escriba algún día, si no lo ha hecho ya, sobre las dificultades que tienen las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad, el techo de cristal y todo eso que te hace parecer justa y reivindicativa porque visto el patrón, ya me puedo imaginar el traje.

 

 

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Recientemente el multimillonario dueño de Inditex, Amancio Ortega, donó 320 millones de euros para la renovación de equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer en los hospitales públicos españoles. Y últimamente se ha armado bastante revuelo después de que la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón manifestara su rechazo a esa donación.

No seré yo el que critique que un millonario done dinero a quien lo necesita, aunque lo haga con fines publicitarios y aunque lo que done sea para él prácticamente calderilla, pero bien haría donando ese dinero a asociaciones que trabajan con la caridad y la ayuda desinteresada de los ciudadanos (asociaciones que viven precisamente de las donaciones) en lugar de dar dinero a algo que supuestamente se financia con dinero público proveniente de nuestros impuestos. Si abrimos la puerta a que la sanidad pública española acepte los donativos como forma de financiación (así sea complementaria) el siguiente paso lógico sería disminuir las partidas presupuestarias para tal fin. Y quién sabe hasta donde nos llevará ese camino.

Creo que todos deberíamos ser críticos con esa donación. Creo que en su lugar, deberíamos exigir a los responsables del funcionamiento de nuestra sanidad que ésta no sufra los recortes que ha venido sufriendo desde hace tiempo; las privatizaciones y el recorte de las condiciones salariales de los que trabajan en ella. Si de veras nos importa el buen funcionamiento de nuestro servicio de salud eso es lo que deberíamos gritar a los cuatro vientos en lugar de agradecer a un multimillonario por su buena voluntad (sic) mientras los políticos que han dilapidado nuestros servicios públicos se frotan las manos al quitarse ese marrón de encima.

Amancio Ortega bien podría haber destinado ese dinero a mejorar las condiciones de sus trabajadores esclavos en Brasil y otros países. O a pagar los impuestos que le corresponden sin buscar argucias legales para evitar pagarlos. Tal vez así su donación no resultaría tan hipócrita.

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No estoy en contra de los ejércitos. Cuando estos días los veo desplegados ante la amenaza de nuevos atentados terroristas en Reino Unido, o ejerciendo labores humanitarias después de alguna catástrofe natural, me digo, “¡Che! (hay un valenciano que reside en mí), ¡esta gente es necesaria!”. Pero tampoco estoy a favor de los ejércitos. No quiero un mundo en el que sean necesarios. Aspiro a un futuro libre de militares. Utopía, sí, pero mis aspiraciones son mías y pueden ser gordas. Por tanto, no voy a mover un músculo, dar un paso, poner un duro, pensar un instante en ayudar a un ejército. A uno cualquiera. Tampoco voy a hacer nada en su contra. Parece lo mismo. Pero no.

No estoy en contra de las naciones. El concepto mismo. Las banderas, los himnos y esas cosas. Cuando veo a tanta gente emocionarse con unas notas y unos colores, compartir alegrías y enojos varios en torno a un mapa común, rodeados de unas líneas comunes, pienso que el sentimiento es imbatible. No puedo, no sé, no quiero, luchar contra una emoción. Pero tampoco estoy a favor de las naciones. No quiero un mundo en el que exista tanta invitación al orgullo y al agravio. Aspiro a un futuro libre de naciones. Utopía. Ya. Por tanto, no voy a mover un músculo, poner un duro, pensar un instante, dar un paso, en alimentar, amar, defender una nación. Propia o ajena. Tampoco voy a hacer nada en su contra. Parece lo mismo. Pero no.

No estoy en contra del dinero. Lo uso. Y cuanto más tengo, más uso. Y disfruto lo usado. Pero tampoco estoy a favor. Del dinero como medida de todas las cosas, como fin, principio y medios. Aspiro a algo distinto. Espero que ya me vayas pillando. Porque puede que parezca lo mismo, pero no.

Estoy construyéndome en casa una secretaría de Estado (o, mejor dicho, de estado, del mío propio) de la Inacción. Para todas esas cosas que, ya sabes, sí pero no. Un sofá cómodo, bien iluminado y con acceso a internet en el que ejercer mi derecho a réplica mediante la renuncia a la misma. Donde dejar bien claros mis puntos y mis comas mediante miles de hojas en blanco. Si me observas atentamente sabrás exactamente lo que pienso, lo que quiero, por lo que apuesto, gracias a todo lo que callo. Estoy fabricando el punto medio que sacudirá los cimientos de la civilización tal y como la conocemos. Un punto inmóvil. Paradójico.

Si a Rajoy le funciona, ¿por qué a mí no?

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Aquí, arreglando el mundo (dramatización)

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Hoy en día, la verdad está en Twitter. ¿Quiere usted saber cómo ser un buen feminista? Vaya a Twitter y lea a Barbijaputa, el feminismo es lo que ella dice. ¿Que no sabe si está actuando como un buen ciudadano de izquierdas? Ningún problema, Antonio Maestre o Irene Montero le dirán qué tal lo está haciendo. ¿Cómo, que está usted a favor del libre mercado? Pues ahí tiene usted a Marta Flich para aclararle que es usted un cretino liberal. Y así con cualquier debate que pueda surgir. En Twitter abundan las gentes que lo saben todo y que se encargan de explicarnos que no sabemos nada; de muy malas formas, además.

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Quizás lo que más me sorprenda de estas personas es la soberbia y rotundidad con la que opinan, cuando no les da por hacer comentarios sarcásticos, cada cual más hiriente y faltón, al que ose posicionarse en contra. Y les un importa un carajo, les da lo mismo que sea usted escritor de éxito, economista reconocido o que haya desarrollado políticas a favor de la igualdad. Nada de eso vale si usted se sale de la línea trazada, porque estas personas poseen la verdad, qué coño, ¡ellas son la verdad! Y nunca se equivocan, claro. ¿Quién puede equivocarse cuando las reglas las inventas tú?

Les envidio porque yo nunca me he visto con esa capacidad para opinar con tal rotunidad de nada. Ojalá tuviera su seguridad para decir que “usted es machista porque se despatarra en el metro” o es “usted un facha porque no apoya ciegamente las reivindicaciones de los estibadores”. Pero, joder, a mí me enseñaron otra cosa en mi casa. A mí me enseñaron a razonar, a relativizar, a tratar de comprender la postura del que te interpela. También a no burlarme ni hacer chanza, a no denigrar ni ridiculizar al que tienes enfrente.

Pero sobre todo me enseñaron a pensar por mí mismo, y si pienso que el hombre tiende a despatarrarse porque entre las piernas tiene un pene y dos testículos (o uno), y no por alguna operación heteropatriarcal orquestada desde el cuñadismo patrio, eso no me convierte en un machista opresor; y si pienso que los estibadores pueden estar equivocados en alguna de sus reivindicaciones eso no me convierte en un miembro de las Nuevas Generaciones del PP. Lo diga Barbijaputa, Antonio Maestre, La Pasionaria o la madre que me parió.

Yo utilizo Twitter para informarme, para aprender, muchas veces incluso gracias a estas personas o perfiles que he mencionado, pero no soporto su soberbia, su tono condescendiente con los que consideran pobres ignorantes, que no somos otra cosa que gente que opina diferente. Poner en cuestión su discurso no tendría por qué convertirte en machista o facha pero, ay, como se te ocurra disentir, la furia twittera caerá sobre ti…y tú, que te despertaste feminista y de izquierdas, te acostarás machista y derechizado. Porque ellos lo dicen, y punto.

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Llevo unos cuantos días con el cuerpo malo (no estoy muy católico, que diría mi madre). Cuando el malestar dura poco a veces ni lo notas, quizá un soplo de aire cuando descubres que ha pasado. Pero si llevas ya lo que consideras demasiado tiempo empiezas a mirar alrededor en busca de salvadores. Mi primera opción suele ser la música. Elijo a The Beach Boys. Gotta keep those lovin’ good vibrations. No pueden fallar. No deben. Pero cuando la cosa está torcida, está torcida. Escucho las armonías y solo soy capaz de recordar la película Love & Mercy y a Brian Wilson al borde de la psicosis intentando componer la obra maestra del pop. Good vibrations mis huevos.

Otra opción es encontrar un buen libro, un par de buenos libros, un montón de libros del que seguro que saldrán unos cuantos buenos. Sant Jordi. Casi mil puestos donde elegir. Una librería de varios kilómetros de largo. Y salgo a la calle y enseguida recuerdo que hay millones (qué digo millones, son billones, trillones) de personas que han pensado lo mismo que yo. Y a la vez. Y regreso de mal humor y con un par de novelas gráficas que puedo arañar. Sin firmar, que no me va el porno duro. La fiesta del libro mis huevos.

El fútbol. Me rindo. Ya basta de hacerme el moderno, el cultureta. Si juega el Madrid en cuartos de Champions disfruto, a quién voy a engañar. Y el Madrid pasa a semis. Bien. Contra el Bayern. Bien. Con dos goles en fuera de juego. ¿Qué pasa? ¿Aquí tampoco hay alegrías completas? La duodécima mis huevos.

Me tiro en el sofá y enciendo la tele. Habrá que dejar de tratar los síntomas y afrontar el problema, el origen del malestar. Y mientras llora una exministra y un exsecretario de Estado recibe una comisión (que es igual al presupuesto anual de un laboratorio de investigación que yo me sé) y un ministro de Justicia le manda un SMS de ánimo y un ministro del Interior deja entrever que choriceo siempre habrá y que poco le importa y todos colocan jueces y fiscales de confianza y a nadie parece preocuparle en exceso mientras no peligren los votos, mientras todo eso ocurre, piensas que igual que no has logrado una alegría completa toda esta mierda ha de tener un reverso luminoso. Muy luminoso. De un brillo cegador.

Y sonrío un poco, por qué no, mientras vuelvo a tararear. I’m pickin’ up good vibrations/She’s giving me the excitations.

 

 

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Susana Díaz, el adalid del Socialismo español, caracterizada por Joaquín Reyes. Foto: lasexta.com

Estimada señora Díaz (siempre me he preguntado cómo comenzar una carta si no estimo al destinatario/a y no quiero ser descortés):

La verdad es que no sé bien por qué le escribo esta carta. No la conozco personalmente, no la voto, no comparto su estilo mitinero pero sí algunas de sus ideas, que realmente no son originales suyas, sino del movimiento de izquierdas universal, del que usted, por cierto, parece haberse olvidado. Sin embargo, me gusta estar informada y, teniendo en cuenta su salto en trampolín hacia la Secretaría General del PSOE, últimamente está usted en muchas sopas, algo que no le critico, pero precisamente por ello está más expuesta a la opinión pública y a que el resto de los mortales la escuchemos, queramos o no.

Me preocupa que un argumentario sólido como el de la defensa del bienestar y la justicia social queden en bonitos y simples titulares pronunciados en ritmo ascendente ante cientos o miles de personas. La escuché hoy en la entrevista que le hizo la periodista Pepa Bueno en la SER. Entiendo que no siempre es sencillo responder a preguntas, más aún si son comprometidas, pero sí considero una falta de respeto las no respuestas o respuestas que se van por la tangente. Yo ya liquidé mi comprensión con los ‘no respondedores’, me enerva que se pregunte A y se responda B, C, D… En fin, cosas de mi edad y situación.

Usted necesita a los medios para llevar a buen puerto su misión, así que creo que entre tanta estrategia política no estaría mal que usted y su equipo, cara a próximas entrevistas, diseñaran la no respuesta a la pregunta incómoda. Algo así como un ‘pasapalabra’, pero elegante. No sé, por aportar algo constructivo a esta parrafada, se me ocurre este ejemplo que puede sustituir a su respuesta real de hoy a una de las preguntas de Bueno:

Periodista: Señora Díaz, si gana las primarias, ¿usted consultará a las bases el acuerdo de abstención en el Congreso para que siga gobernando el PP?

SD: mire usté, le voy a decir lo que no voy a hacer… (MAL, eso no es responder a la pregunta)

Propuesta de respuesta: mire usté (latiguillo andaluz que decían también Felipe González o Alfonso Guerra), yo no tengo una bola mágica para saber lo que haré mañana, ni siquiera dentro de unas horas, voy a consultar su pregunta con “la única autoridad del PSOE” (Verónica Pérez) y si ella lo ve bien, pues adelante… consultaremos.

Créame que en este denostado ejercicio de la política de hoy día –por que algunos hombres y mujeres que se dedican a esta labor se hayan creído por encima del bien y del mal, manchando la reputación de otros y otras que sí lo hacen bien–, la sinceridad, la concisión y la concreción se agradecen muchísimo. Son un valor en alza.

(Mire, acabo de preguntar a un nutrido grupo de periodistas y comunicadores de mi entorno si tenían alguna idea que darme para esta carta y me dicen que las que tienen no son bonitas, así que continuaré yo sola). 

Sí me alegro de algo, ya ve usted, de que por fin, 140 años después, una mujer pueda ser la máxima representante del Socialismo en nuestro país, porque ha habido muchas antes que usted que podrían haber desempeñado perfectamente su labor, pero bueno, ya sabemos cómo va esta sociedad nuestra.

Quienes la apoyan afirman que tiene carisma. A mí, ya le dije, su estilo no me gusta. Sus frases hechas que apelan realmente a esas tripas a las que hoy decía usted en esa entrevista que no iba a apelar; esas afirmaciones magnánimas; esa ya cansina alusión a sus orígenes humildes… de verdad, cansa, nada nuevo bajo el sol. No por tener usted a un padre obrero va a entender mejor a la clase trabajadora, muchos lo han olvidado en su ascenso político, ¿verdad?

En fin, que no quiero aburrirla más de lo que usted me aburre a mí y no quiero, bajo ningún concepto, ser maleducada. A pesar de todo, le deseo suerte y, lo más importante, que sea capaz de llevar a cabo sus bonitas promesas de bienestar y justicia social. La mejor descripción suya que se me ocurre en estos momentos es la que clavó Joaquín Reyes en el programa El Intermedio de La Sexta. No me negará al menos que no se ha reído. (AQUÍ el magnífico sketch, La Sexta nos lo pone difícil para incrustarlo).

Sin más, reciba usted mis saludos sin sentido

 

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