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Si me hubieras preguntado hace unos meses si me gustaría comprar un disco de David Bowie te hubiera dicho que no. Sin embargo, ayer me vi frente a él y no me pude resistir, algo me impulsó a comprarlo y además me hizo muchísima ilusión. Creo que cada cosa tiene su momento y ayer me tocó redescubrir a Bowie.

Siempre me gustó y mucho, pero no hasta el punto de querer un disco suyo. Y, mira por dónde, este cd me ha alegrado el fin de semana. No he dejado de escucharlo desde que cayó en mis manos, disfrutando y recordando cada una de las canciones y sorprendiéndome por su genialidad cada vez que comenzaba otra.

David Bowie celebró sus cincuenta años de carrera con esta antología titulada Nothing has changed. Un recopilatorio que publicó a finales del año pasado en tres formatos distintos, doble vinilo, doble cd y triple cd (éste es el mío). Cincuenta y nueve canciones que nos presenta en orden cronológico inverso, desde su sigle inédito Sue, que grabó para la ocasión, hasta el sencillo con el que se lanzó Liza Jane. Y en medio, una lista de canciones cada cuál más genial. Les dejo tres muestras de 59 joyas, muy poco lo sé, pero suficiente para ponerte a bailar.

blog_siempreenmedioÉl estaba cansado de participar en conversaciones en las que se definía cómo, cuándo y por qué los hombres deben mostrar un apetito sexual desmedido, casi sin criterio.

-¿Eres virgen? Porque si no, no lo entiendo…

-Ese chico es gay porque cuando una tía se te pone tan a huevo…

-Si un tío no está todo el día pidiéndote follar, échate a temblar, guapa

-A nosotros nunca nos duele la cabeza

Reconocía que para él el sexo era más un juego que una caza, una obligación o una comunión. Y como en todos los juegos, no hay establecido ni un límite ni un número de veces. Hacer el amor le parecía placentero, desestresante, divertido pero no vital ni fundamental en sus relaciones. Sin embargo, a veces, se sentía tan incómodo, le generaba tanta presión que llegaba incluso a preguntarse si haría feliz a una pareja.

Ella no podía reprimir un grito interior cuando oía ciertas afirmaciones. El prototipo de mujer modosa que busca siempre encontrar amor a través del sexo y que sublima éste hasta convertirlo en una experiencia casi religiosa le repateaba.

-Ya se sabe que las mujeres, en general, tienen menos ganas

-No llegué al orgasmo, pero él fue tan cariñoso…

-Si no hay algo de amor, una mujer no se acuesta con un hombre

-Las mujeres valoran ‘otro tipo de cosas’ en una relación

Reconocía que para ella el sexo y amor muchas veces no iban unidos. Y no pasaba nada. Todo lo contrario. ¿Por qué habría de guardarse, esperar, no ir deprisa, no tomar la iniciativa, no ser activa en la cama? Sin embargo, a veces, se sentía tan incómoda, le generaba tanta presión que llegaba incluso a preguntarse si algún día encontraría pareja estable.

Ambos seguirían fingiendo. Total, era solo una etiqueta social asumible. En su intimidad, podrían ser libres, pero él seguiría sonriendo con falsa complicidad a cada pregunta sobre una nueva conquista y ella ocultándolas. No vaya a ser que les dijesen estrecho, salida, soso y ninfómana.

De éxitos y fracasos

A raíz de la polémica entre educadores y músicos por el argumento de la película Whiplash, en la que un profesor a fuerza de vapuleo emocional pretende sacar el mayor talento posible de sus alumnos (incluso por encima de sus expectativas según él mismo dice en el film), llevo días dándole vueltas a un sistema educativo que, aunque me queda ya lejano (¡vaya por Dios!), afecta y mucho a la sociedad que me rodea, a lo que somos y a lo que serán las nuevas generaciones. Veo a muchos niños a mi alrededor que no tienen tiempo para jugar y no sólo porque tengan que hacer deberes, sino porque sus padres (hartos de horas de trabajo) los inscriben en tardes completas de actividades que sólo permiten llegar a casa, darse la ducha pertinente, cenar y acostarse. Y observo que no sólo se trata de cubrir esas horas que el niño no debe pasar solo en casa, sino de convertir a los pequeños en los mejores preparados, en adolescentes que ya saben inglés, informática y música y que practican varios deportes. Una quimera, salvo que Matrix sea real y podamos introducir en nuestro cerebro cedés con miles de cursos que se instalen al momento en nuestras neuronas.

Esa competitividad, esa clara separación entre éxito y fracaso que nuestra sociedad está fomentando, parece, sin embargo, no tener una base biológica. Al menos así lo explica Adela Cortina, en un artículo sobre la cultura del éxito, publicado por Guillermo Orts-Gil en El Huffington Post. Esta catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, afirma que “la biología evolutiva y las neurociencias nos dicen que los seres humanos estamos biológicamente preparados para cuidar y para cooperar. Los maximizadores, los que se mueven por afán de lucro, son los chimpancés”. Pues lo dirán los expertos, pero basta mirar a nuestro alrededor para descubrirnos como puros chimpancés.

A mí, que no soy socióloga, ni psicóloga, ni politóloga ni nada que se le asemeje, me parece que esta sociedad tan competitiva nos la hemos inventado nosotros en los últimos tiempos. Y además en esta parte del mundo, porque basta mirar a un ser humano que pase frío, hambre o una enfermedad para que cualquier trofeo se caiga de la estantería con estrépito. Quizás algún día el éxito sea no ocupar el primer lugar en ninguna lista, sino saber tender la mano a quien lo necesita y aportar lo que cada cual tiene para mejorar la vida de todos.

Meme sobre el rápido método de aprendizaje ideado en la película Matrix, basta enviar la información a nuestro cerebro vía cedé y en unos pocos segundos tenemos el curso integrado.

Meme (de memegenerator.net) sobre el rápido método de aprendizaje ideado en la película Matrix, basta enviar la información a nuestro cerebro vía cedé y en unos pocos segundos tenemos el curso integrado.

 

¡Qué asco de fútbol!

He de afirmar, para que no haya lugar a dudas y antes de empezar a desarrollar esta entrada, que el mundo que rodea al fútbol me parece asqueroso. Me parece asqueroso que desde las categorías infantiles grupos de padres frustrados, violentos y analfabetos empujen a sus desgraciados hijos a tratar de ser Messi, Cristiano o cualquier otro a toda costa. Me parece asqueroso que en cualquier polideportivo sean los padres los que insultan a entrenadores, a niños de otros equipos, a padres de niños de otros equipos o incluso a sus propios hijos cuando consideran que lo que hacen no es lo adecuado.

Es para vomitar que esos padres y probablemente esos niños ya crecidos que han tenido como ejemplo a tales energúmenos, se conviertan en bestias pardas sin educación y sin valores que promueven y practican la homofobia, el racismo o la violencia de género. Me repugna que desde unas gradas se profieran insultos vejatorios hacia unos señores que patean un balón, o pitan un partido, o entrenan a un equipo o que la multitud sirva de escondite a asesinos o violentos.

Y me parece injustificable que la Fiscalía de Sevilla tarde dos semanas en actuar de oficio ante los cánticos vejatorios que profirieron animales béticos (me fastidia usar el término animales, ellos nunca se comportarían así) que aplaudían los actos de Rubén Castro, uno de sus jugadores,  para quien esa misma Fiscalía ha pedido más de dos años de cárcel por maltratar y amenazar a su ex pareja. Que la Liga de Fútbol Profesional o el propio Betis lamenten y condenen los hechos dos semanas después, cuando mediáticamente era innegable, no hace sino confirmarme en lo asqueroso que es el mundo que rodea a este deporte.

 

Redes “saciales”

https://about.twitter.com/press/brand-assetsMientras me como mi galleta cookie (o como se escriba), de esas con pepitas de chocolate tan ricas que parecen el paisaje lunar del Teide de lo abruptas que son -disuelta en mi té earl grey con leche, que es la mejor cosa del mundo después de un buen revolcón- mientras me la como, digo, leo un artículo fotografiado y publicado en twitter por @Tepi_VLC. Se trata de un texto de @JuanGomezJurado escrito, no sé muy bien si para ABC o Las Provincias (el caso es que no encuentro el enlace, debe ser de pago o yo muy torpe).

Para los que no tengan twitter les explico: una muchacha se sube al avión, y escribe, antes de apagar el móvil, “Yendo a África. Espero no coger el SIDA. Es broma ¡Soy blanca!”. Y cuando, diez horas después, se baja del avión, hasta la han despedido. Mientras leo esto la galleta cookie se ha disuelto en el té y yo estoy estupefacta. “La pobre, muchas luces, no tiene”, pienso. Es para darle dos yoyas y que espabile (primero, por la reflexión; segundo, por ponerlo en una red social). Pero el hecho de que un error (feo, vale, pero un error) llegue a esos límites me deja helada.

Sigo leyendo y llego a otro enlace en el que un señor (el que hizo público el malogrado tuit), un año después, cuenta cómo se ha reconciliado con la tal Justine (que así se llama) y leo, sorprendidísima, que ella era “responsable de comunicación del grupo de medios de comunicación digital IAC“. Manda bemoles. Pero sigo leyendo: y es que el tuit iba con ironía. Mucha ironía relacionada con todos aquellos que piensan que el SIDA es algo exclusivo de África… (claro, que toda esta historia está en inglés, y yo la ironía en inglés no sé si la termino de pillar, pero bueno).

Lo que me deja con una enorme duda.

Veamos: son dos temas independientes. Por un lado, la torpeza doble de la señora que tiene la feliz idea de tuitear algo que, según ella, no decía en realidad lo que quería transmitir (los peligros de 140 caracteres, señores) siendo, además, responsable de comunicación de una gran entidad. Ojiplática.

Y, por otro lado, la constatación de que somos hienas protegidas por el anonimato, linchamos como masa enfurecida sin pararnos a pensar en las consecuencias. Muchos de los que la acosaron y respondieron a su tuit no eran mucho mejores que ella (de hecho, eran mucho peores, si tenemos en cuenta que ella lo decía con ironía y, quienes la amenazaron, no). Se lió parda. Pero lo que me preocupa es que parece que saciamos nuestra sed de violencia, ya sea a pedradas o en las redes “saciales”, a “tuitazos”. Tenemos más peligro que un mono con una metralleta.

La duda es: ¿ya éramos así antes de internet, o esto nos hace ser aún más crueles?

La galleta es ahora una masa informe y pastosa en el fondo del vaso que disfruto a cucharadas con deleite. Es lo que tienen los sábados por la mañana y poder dejar programadas las entradas en @Siempreblog.

zaida

Zaida Cantera. Foto: @zaidacantera.

José de Lezcano-Mújica, el coronel del Ejército español juzgado y condenado a prisión por acoso sexual a la capitán Zaida Cantera, ya está en la calle con libertad condicional. Este ‘buen hombre’, que ha cumplido once meses menos de la sentencia que lo mandó a la cárcel, se valía de su superioridad jerárquica para hacerle la vida imposible a su subordinada. Su caso debió ser tan evidente que el propio Tribunal Militar Central no pudo mirar para otro lado cuando Cantera optó acertadamente por denunciarlo, al comprobar también con gran tristeza que otros militares, conocedores de los abusos, habían decidido callar.

No es la primera vez que traigo a Siempreenmedio el caso de esta mujer. Ya cautivó mi atención al conocer su historia y saber que, tras su dura lucha llena de obstáculos, decidía tirar la toalla y abandonar el cuerpo militar por el que sentía verdadera vocación. Es curioso. La víctima, finalmente, ha tenido que dejar su trabajo, porque a pesar de que el elemento acosador acabó entre rejas, algunos de sus compañeros no dejaron de hacerle la vida imposible por el simple hecho de defenderse y luchar por su honor y su integridad como mujer y como persona.

Pero la historia es aún más injusta si comprobamos que la condena de Lezcano-Mujica no lo inhabilita para seguir en el Ejército, una vez cumplida su pena, al no ser superior a tres años. No. Este personaje despreciable volverá a su puesto de trabajo, mientras su víctima ha tenido que dejarlo hastiada, supongo, de tantos obstáculos. No conozco a este coronel, no he visto su cara, entiendo que habrá cuidado mucho su exposición pública, pero lo imagino hinchado a su vuelta, orgulloso de su hazaña y mostrando sus heridas de guerra.

Qué desgracia que aún el acoso sexual salga tan barato en estamentos como el Ejército, precisamente el que se supone que ejerce las funciones de defensa de nuestro país. Quizá algunos militares entiendan esa defensa de puertas afuera, mientras dentro de la casa se tapan los ojos y permiten el abuso entre semejantes. Luego ya, si eso, la justicia se encarga de premiar al acosador y devolverle su puesto de trabajo. Qué triste.

Valientes

Soy una cobarde de campeonato. Siempre que pienso en algún peligro me imagino que cojo a mi prole y salgo corriendo a escondernos en un lugar seguro hasta que todo pase. Soy de las de cerrar los ojos fuerte fuerte para que se vaya el miedo.

Por eso, cuando hace poco mi hija me preguntó qué haríamos si viviéramos en Paquistán, a cuenta de una conversación sobre Malala, no tuve más remedio que contestarle la verdad: que trataría de que pasáramos lo más desapercibidos posible para evitar riesgos, que nos esconderíamos y que haría lo que fuera necesario con tal de seguir con vida y razonablemente a salvo.

No me volvió a preguntar nada sobre el asunto. Entiendo que le habría gustado más escuchar que lucharíamos contra las injusticias como valientes que ella cree que somos. Pero nada de eso. Sólo me pareció buena la opción de escondernos, de ser invisibles.

Ser madre no me ha dado más coraje, todo lo contrario. Ahora temo por varios, no sólo por mí. Supongo que por ser tan cobarde admiro tantísimo a la gente que se lo juega todo batallando por lo que considera justo, por tener una vida mejor o, sencillamente, por tener una vida. Cuando leo historias como la de Raif Badawi, condenado a diez años  de cárcel y 1.000 latigazos por opinar, la de la propia Malala, o la de tantas otras personas en situaciones muy difíciles, insoportables para cualquiera, inimaginables para mí, reconozco que no consigo entender qué les mueve para no decidir, como yo, esconderse.

Lo que para mí los hace realmente valientes no es sólo esa decisión de oponerse y arriesgarse a sufrir consecuencias durísimas, sino que lo hacen sabiendo que, personalmente, ese sacrificio no les va a salir a cuenta nunca porque aunque les salga bien, lo más probable es que ellos ya no estén para verlo. Y aun sabiendo eso siguen adelante.

Escribiendo esto me acordé de esta canción de Rubén Blades en homenaje a Óscar Arnulfo Romero, asesinado en El Salvador en 1980, y pensé que si no fuera por todos los valientes, nosotros, los asustados del mundo, tendríamos buenas razones para tener mucho más miedo.

 

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