Feeds:
Entradas
Comentarios

Barcelona

Entre mis primeros recuerdos en esta ciudad están dos maletas siendo arrastradas por un largo transbordo de metro y una señorita de muy buen ver sonriéndome en la calle (¿Se valorará aquí, por fin, mi belleza agreste? Hasta que comprendí que se trataba de una prostituta).

Yo, que soy de natural cagón e impresionable, me mudé a Barcelona con mil dudas disfrazadas de miedos. Que si la gran ciudad, que si el nuevo idioma, que si los catalanes así, que si los catalanes asá, que si el nuevo trabajo, que si todo me iba a quedar muy grande.

La perspectiva que aportan diez años más de vida me hacen tener que reírme de aquel cagón (debería nacer un Paulo Coelho para nosotros, uno que escriba “No te escuches, no seas gilipollas”). En esta ciudad he tenido momentos para todo. Cada burocracia atascada encontraba un funcionario diligente, o incluso un vecino voluntario. Cada bronca del jefe la neutralizaba una palmada en el hombro, un café, un abrazo. Cada desengaño fue regado con litros de cerveza, incluso en algún caso con un polvo revitalizante. A cada paseo por unas Ramblas petadas le seguía una terracita en Gràcia. Cada gota de sudor en un andén del metro tenía forma de torre de la Sagrada Familia. Hubo cruzado anterior roto, pero hubo también retorno a las canchas. Al contrato no renovado lo sustituyó un trabajo mejor, y el tiempo desempleado lo decoraron fiestas en la terraza, juegos de mesa, series compartidas, whiskies seleccionados, amigos de rellano, partidos del Europa, amores y el barrio (Gràcia, siempre). Nunca hubo un vacío, y si lo hubo no duró más que lo que se tarda en decir T’estimo. Joder, soy un puto privilegiado (permítanme la expresión, los tacos son mis mayúsculas).

En todo este tiempo he llorado unas cuantas veces, pero solo dos por ti, Barcelona: el día que llegué (y lo hacía realmente por mí) y el jueves. Me da una pena inmensa que alguien que ha compartido estas calles conmigo para cada burocracia fallida, cada enfermedad, cada contrato roto, cada bronca, cada desengaño, pero también para cada alegría, para cada fiesta, cada beso, cada partido de fútbol, cada terraza de cada barrio haya encontrado una sola respuesta: matar.

No será en los próximos días, ni en las próximas semanas, porque ahora mismo pienso que son todos unos tarados hijos de puta sin derecho a réplica. Pero cuando el enfado baje me gustaría poder hacer algo por cambiar esta respuesta. Decirles que el odio y el miedo tienen sus contrapartes mucho más agradables. Mostrarle a estos seres que jamás se han sentido humanos, jamás se han sentido barceloneses, qué es Barcelona.

 

Barcelona tots

No sabía lo que eran las microalgas, tampoco muy bien lo que eran las algas. Es decir, no sabía qué diferencia existía entre unas marrones con hojas grandes y otras pequeñas con tallos como de juncos. Las había visto alguna vez, pero no sabía nada de ellas, si hacían daño o no.

Una vez oyó a una concejala de Santa Cruz diciendo que las algas la “arañaban toda” cuando se “revolcaba en la ola”. Con el tema de aquel agosto pensó que era lo mismo, que alguien había salido arañado de estar en la ola, y se preguntó por qué se bañanan si la propia naturaleza nos daba una alarma en forma de mancha.

Bajó a la playa un par de veces, y en ambas ocasiones estaba limpia, tuvo suerte. Lo que no estaba limpia era la arena, estaba llena de colillas y trozos de plástico. Se preguntó si las colillas y los plásticos que se quedaban entre las rocas salían de los emisarios ¿Podían las colillas convertirse en microalgas?

En la primera ocasión de aquel agosto no se baño porque el mar estaba como un infierno, y tenía miedo del revolcón. En la segunda sí, un rato, y estaba fresca y salada el agua, como siempre.

Los medios de comunicación hablaban de aquel fenómeno veraniego como si de algo nuevo se tratase, y en las redes sociales se le echaba la culpa del agua canela a los políticos, por dejar aparecer aquellos lodos y por no poner fecha para que se fueran. (Por un momento imaginó a un concejal metido hasta la cintura en la espuma amarillenta con un cucharón enorme sacando barro de la orilla y metiéndolo en una bolsa [de plástico]).

Por lo que parece todo el quid de la cuestión radicaba en que los emisarios submarinos estaban descontrolados. Y entonces pensó en unos monstruos como dragones que en lugar de fuego expulsaban mierda por sus bocas abiertas bajo la marea. Recordó que esto tampoco era nuevo, que hace años que la costa olía mal por algunas zonas, y que a todos nos daba igual, o no teníamos redes sociales para echar la culpa a los políticos.

Pronto llegaría el otoño. Los emisarios esos seguirían echando bazofias a diestro y sinitestro, pero ya no habría mancha a modo de advertencia, y ya no tendríamos tiempo para ir a la playa, así que ese problema ya daría igual, pensó.

Porque aquello del medio ambiente sólo era importante cuando podemos ir a la playa. El resto del año si no ya tal, o le echamos la culpa al político, o al que cobra las bolsas en el supermercado.

Cines de verano

Pero no ver cualquier película, que también se puede. Aquí les traigo algunas pelis a las que les deben una oportunidad y ustedes, los que nos leen, que disfrutan de algo que yo no tengo llamado vacaciones, háganme el bendito favor (en colombiano se dice el hijueputa favor) de ponerse en ropa interior, hacer palomitas/cotufas/crispetas y gocen de estas, mis joyas.

 

1) Old Boy

La descubrí hace relativamente poco y, ay mi madre, me gustaría verla todos los días. Y eso que no es, precisamente, una historia amable. Oh Dae-su, el protagonista, no es buena gente, eso se ve en los primeros planos. Pero al principio de la película lo secuestran. No sabemos quién. Él tampoco. Durante 15 años permanece en una habitación de hotel con la televisión como única compañía. Cuando acaba ese tiempo, lo liberan, y el objetivo de Dae-su es descubrir quién le ha robado la vida. Park Chan-wook, director coreano (del sur, claro) cuenta esta increíble historia de venganza, con una fotografía alucinante y una narrativa aplastante. Abstenerse los que odian ir al dentista.

 

2) Arrival

Decir que “The Arrival”, de Denis Villeneuve, me gusta es una gilipollez. Me encanta, me fascina, me sobrecoge, soy el verdadero fan de toda la obra de este canadiense. Basada en el relato corto corto “The Story of Your Life” de Ted Chiang, Arrival es una historia de ciencia ficción en la que naves extraterrestres aparecen en la Tierra y una experta lingüista acompañada de un físico son los encargados de contactar con los alienígenas. ¿Vienen en son de paz o de guerra? Pero eso no es lo más importa. Lo fundamental es cómo, teniendo canales de comunicación, los humanos tenemos una comunicación de tan mala calidad.

 

3) Hijos de los hombres

En esta peli Clive Owen, que como dice un amigo mío siempre sale sucio en las películas, está especialmente sucio en esta. Y es que en un mundo apocalíptico, las duchas brillan por su ausencia. Año 2027: el ser humano está al borde de la extinción: los hombres han perdido la capacidad de procrear y se ignora por qué razon todas las mujeres del planeta se han vuelto estériles. Un desilusionado exactivista radical de Londres convertido en burócrata es contratado para que proteja a una mujer que puede tener el secreto de la salvación de la humanidad, la persona más valiosa de la Tierra. ¿Cómo se les queda el cuerpo?

 

4) Kubo and the two strings

Kubo y las dos cuerdas mágicas es una bellísima película de los genios de la productora Laika que hace cosas bellísimas en stop motion. ¡Stop motion! Agüita el currazo.

Kubo vive una tranquila y normal vida en un pequeño pueblo hasta que un espíritu del pasado vuelve su vida una locura y sus serviciales acompañantes de aventuras terminarán dándole una sorpresa. Es una historia de amor paternal y de lo importante que son los recuerdos, y cómo la memoria nos reconforta y nos hace ser mejores personas. Estuvo nominada a los Oscar y no ganó. Injusticia total. Es una película preciosa.

 

5) Logan

Para mí es la mejor peli de superhéroes (si quitamos a los Batman de Nolan, que no estoy loco). Pero no te gustará un pelo si te gustan las cintas de superhéroes tradicionales. En un futuro cercano, un viejo y desgastado Lobezno (es más cool decir Wolverine, pero yo paso) vive con un más viejo y hecho polvo Profesor Xavier en algún lugar de la frontera mexicana. Logan quiere permanecer alejado del mundo, invisible, olvidado, pero se va a encontrar la horma de su zapato, a la que tendrá que defender de los malos, que son muy malos, porque el futuro de los mutantes es lo más importante. La actriz Dafne Keen es una de las sorpresas de la película, porque está inmensa. La palabra que define esta peli es violencia. Violencia de la buena.

Si quieren seguir conectados con el cine, el podcast de mis amigos Notedije no cierra por vacaciones. Son gente que sabe mucho del tema, y hablan de las pelis de forma muy amena. Si los escuchan, le dan recuerdos de mi parte. Aunque nunca me invitan a un programa, los muy desgraciados.

Nacer en Dai Bai

En Dai Bai, en Vietnam, se suceden las muertes por cáncer entre personas que apenas superan los 50 años. La preocupación de los habitantes se desvanece en medio de semanas sin festivos de lucha por el sustento de sus familias. No tienen más opción que pensar a corto plazo.

 

Foto: Co’Report

 

Nguyen Van Thai nos contó cómo su vida transcurría entre un cucharón de aluminio fundido y otro en su tediosa tarea durante diez horas diarias. Nguyen Thi Dua nos habló de cómo ella y sus compañeras debían encargarse de las tareas del hogar al llegar exhaustas tras sus interminables jornadas rompiendo piedras de carbón. Hoang Thi Lien nos dio detalles de las atenciones que tenía con su marido, enfermo terminal de cáncer.

Nuestro reportaje completo en “Vivir del metal, morir por el metal”, en Planeta Futuro. El País.

Complicidad

tequila

El lugar equivocado, el momento adecuado.

Escenario del primer encuentro.

Encuentro con esa mirada desconocida.

Sonrisas que enamoran.

Alcohol que desinhibe la timidez.

Timidez encantadora que permite el torpe acercamiento.

Química que asusta.

Perdición en sus profundos ojos.

Ojos que no dejan lugar a dudas.

Amor a primer encuentro.

Complicidad perpetua contigo.

 

 

El lector y el espectador de El Halcón Maltés deben hoy recordar cuándo se publicó la novela de Dashiell Hammett (1930) y se estrenó la película que inauguraba la carrera de director del mítico John Huston (1941), para emitir una opinión más ajustada. El caso es que la versión cinematográfica calca el texto de Hammett salvo en el final, donde omite cierto juicio moral de uno de los personajes al protagonista, el detective Sam Space. Para quienes no conozcan la célebre historia, El Halcón Maltés cuenta la investigación que este hombre, con un carácter irónico y una misoginia apabullante, realiza tras el encargo de una mujer de encontrar a su hermana pequeña, huida con un hombre. En la intriga surge el halcón maltés, una escultura de oro y brillantes que es el centro de un inmenso lío que convierte la narración (y por ende el guión) en

imagen de la portada del libro El halcón maltés, del escritor Dashuell Hammet y editado por Alianza.

Portada de El halcón maltés, de Dashiell Hammet, editado por Alianza.

un exceso enrevesado de giros que parece convertirse en una comedia de enredo, si no fuera porque el humor no aparece por ninguna parte. El continuo uso por parte de Sam Space de las palabras “cariño” y “encanto” para todas las mujeres con las que trata se vuelve insoportable. En cuanto a la versión cinematográfica resulta interesante el ambiente sórdido y, sobre todo, los planos que utiliza Huston para destacar el papel de uno de los personajes secundarios, Kasper Gutman, interpretado por Sydney Greenstreet y que fue nominado a un Oscar (igual que la película y el guión).  En mi modesta opinión, ni el libro ni la película aguantan el paso del tiempo, aunque para muchos supongo que lo que pongo aquí por escrito será un auténtico sacrilegio.

 

Tardes de verano

Leonid Mamchenkov @ Flickr.com (CC BY 2.0)

Leonid Mamchenkov @ Flickr.com (CC BY 2.0)

La humedad ha ido corrompiendo la pintura, hasta desdibujar sus ángulos. La balaustrada aparece ahora cubierta de pústulas blancas, a las que el humo del tráfico ha convertido en churretones. Y en su interior se apretuja media docena de personas, que juegan a la brisca o al envite sobre un mantel de plástico a cuadros.

Así se me presenta la escena, a ojos de burgués, mientras la observo día tras día a través del parabrisas. Y en este caso corresponde a Cuesta de Piedra, pero se repite hasta el infinito en Taco, San Matías, Ofra o Cruz del Señor.

Por esta época los barrios populares de la periferia de Santa Cruz se encastillan en los patios y las azoteas. Y entre sudores, a la caída de la tarde, reproducen ritos y juegos que transitan de generación en generación. El verano es su lienzo, el ventilador su herramienta y el ocaso su cómplice.

Durante un segundo, el burgués solitario curiosea y envidia. Al instante siguiente desembraga y ajusta el aire acondicionado.

A %d blogueros les gusta esto: