Feeds:
Entradas
Comentarios

Los efectos de las decepciones son irreversibles. Su huella no desaparece por mucho empeño que pongamos en ello. Hay quien no lo ve, o no lo quiere ver, esconde la mella, el chasquido que dejó el desencanto y lo cubre de excusas pero siempre estará ahí. La desilusión no se perdona nunca, por mucho que digas que si, esa pena jamás se conmuta. Lo que creías pierde sentido y en quién confiabas se convierte en un desconocido. El ingenuo se transforma en receloso, incapaz de volver a fiarse de nada y de nadie y el miedo cobra protagonismo como siempre que falla el amor. Tus expectativas se vienen abajo y el rumbo que seguías se emborrona.

Una vez te han decepcionado el daño es irreparable.

Hace unos días respondían a un comentario mío en twitter sobre la necesidad de apoyos y medios a la hora de dar a conocer la ciencia y sus aplicaciones. Siempre hemos dicho que la ciencia necesita estar en la televisión, pero, aunque hemos avanzado, el mundo de la divulgación aún busca hueco (dan poquitos, pero sí se lo dan -en la televisión pública, para escarnio de todos- a necios que sueltan patrañas y a los que habría que despedir). También hay que buscar formatos atractivos porque, no lo olvidemos, la televisión es entretenimiento.

Bueno, ahí estaba yo cuando apareció alguien algo triste porque decía que a la gente le falta interés por la ciencia. La frase era “El ser humano es como es”. Creo que esto es un error: el ser humano es el resultado de algo que hace (hacemos) toda la sociedad. También me decía que incluso genera rechazo, que la ciencia aburre, que, para cuñadear con un titular gracioso, sí, pero que incluso genera rechazo alguien a quien le mola la ciencia (la imagen del friki -con todo el cariño, yo soy muy friki- apartado del grupo). Esta persona está cansada de luchar contra un mar. ¡Pero es que eso es muy duro y no se puede hacer solo/a! Cuando nos encontramos en un grupo social sin pensamiento crítico (resultado de la época que estamos viviendo) ser el único de la manada que se cuestiona las cosas es agotador. Y, para dejar de sufrir, se opta por el silencio.

Yo no digo que haya que ser adalides de una causa que, en principio, puede parecer vacía (por aparente ausencia de resultados). No quiero “sacrificios humanos” (personas que se enfrentan a su grupo, irreductibles, agarrando sus argumentos basados en la última ciencia y defendiéndolos contra negacionismos, “postverdadistas” -o como se diga eso- antivacunas, amimefuncionistas…, para, al final, quedar aislados del grupo). Esa no es la forma de solucionarlo porque agota.

Sin embargo, le diré a aquellos que están en la trinchera (cada una estamos en la nuestra) que, si su táctica no funciona, intenten buscar otra. Muchas veces el problema no es el contenido, sino la forma. Y, otra cosa: al menos, en sus grupos, las suyas son las voces discordantes. Una pequeña luz que puede sembrar dudas entre tanto dogma.

Por último, intentaré defender la idea del “todos”. Me explico: cuando hablamos de estas cosas hablamos de “nosotros” y “ellos”. Sin darnos cuenta establecemos una frontera. Nos posicionamos en un lugar “superior” (aunque no sea para nada nuestra intención). Y eso genera rechazo. No puedo dar una solución para esto. No tengo todas las respuestas. Pero hay que encontrar la forma de hacer una divulgación horizontal. Sin distancias artificiales. Yo aún estoy dándole vueltas a todos esto y aún no sé si estoy equivocada o no. Pero intento detectar dónde está el problema. Porque, si lo primero que nos encontramos es un rechazo instintivo por nuestra actitud “paternalista” (“Mira la listilla esta, que ni es científica ni nada”), todo lo demás no servirá de nada.

Y hasta aquí mi reflexión de hoy (no he hecho un hilo de twitter porque lo de los 140 caracteres me acaba sacando de mis casillas). Espero que sirva para algo. 🙂

 

P.D.: A ver: cuando encontramos un muro no hay que darse de cabezazos. No niego que haya gente a la que la ciencia le importe un pimiento. Pero es curioso que a una persona no le interese algo en lo que está imbuida. Algo habrá que le interese de su mundo, ¿no? Pregúntale a Scientia, que hace poco dio una charla magistral sobre ciencia y fútbol. 😉

Gloria Fuertes

El primer libro de Gloria Fuertes que cayó en mis manos era una versión ilustrada de El domador mordió al león. Debían correr los primeros 80 y hasta hace unos minutos no recordaba si tal cuento formaba parte de un compendio de más títulos o estaba editado con este nombre, pero Google me ha permitido viajar al pasado y voilà! aquí está aquella portada.

No podré olvidar nunca la carita del león en aquella jaula tan estrecha, dolorido y vendado (en páginas interiores), después de que su domador lo mordiera. El porqué de la mordida no lo recuerdo, la verdad, pero Google ayuda de nuevo (pincha en el primer enlace).

El libro debió marcarnos a mi hermano y a mí , no sé si por la propia historia rocambolesca, por las ilustraciones de Jesús Gabán o por una mezcla de ambas, pero lo cierto es que tras aquel descubrimiento lector mi hermano siempre decía que de mayor quería ser “domador y león”, quizá por eso de experimentar a lo grande.

Después llegaron otros títulos. Gloria Fuertes marcó en cierto modo mi preadolescencia (y la de mi hermano), junto a otro tipo de literatura juvenil como todos aquellos libros de El Barco de Vapor o de la colección de Los Cinco, de la británica Enid Blyton, una especie de folletín de aventuras que enganchaba más que hoy día los capítulos de House of Cards.

Este año, cuando se conmemora el centenario de su nacimiento, han vuelto a mis manos aquellos curiosos textos infantiles en forma de recopilación de sus poemas más conocidos. (Al libro, por cierto, ya le faltan un par de páginas y tiene algunas rayas de rotulador misteriosas. Me temo que la creación sin límites de Vera y Celia se ha convertido en una falta de respeto para la autora).

Pero además, este año he tenido el placer de leer diversos artículos que me han descubierto a una mujer comprometida, luchadora, feminista, mal encasillada en el género infantil, pero que escribió muchísimo más. Una mujer adelantada a su tiempo, según han escrito algunos estudiosos de su obra. Este centenario también ha servido para que se publique una antología sobre ella, sobre su figura y su poesía. En definitiva, para que a personas como a mí se nos abra un mundo enorme en torno a alguien que leí de pequeña y de quien no supe hasta mucho después que tenía tras de sí un bagaje tan amplio y valioso, a pesar de que hoy algunos escritores digan que está sobrevalorada (muy bien que no te guste su obra, Javier Marías, pero tanta ranciedad tuya se basa en que no puedes con el feminismo. Y punto).

Primero, la bondad;

segundo, el talento.

Y aquí se acaba el cuento.

(Gloria Fuertes)

dav

Las llaves de casa, de elenanodelcuento.

 

Te doy vértigo
Te hago saltar las alarmas
Te enfrento a tus fantasmas
Te complico la vida

Me asustan las alturas.
Cerré con llave. Si entras, no rompas nada.
He puesto ajos para los vampiros.
Me complicarías la vida.

¿Nos toca a la puerta el miedo?
Invitémosle a cenar.
Creamos en la posiblidad remota.
O no, en el camino.

Ni digo amarte,
déjame desordenarte
el pelo,
la cama,
los planes,
los sentidos.

¿Hay casas más ordenadas que las vacías?
¿En qué cajón guardamos las ganas?
Hagamos arte de ese desorden:
desordenarte.

Dónde y cuándo

Empecemos por lo típico: el olor a brezo.

Pero también: el madrugón (con o sin resaca), agacharte a poner un par de pétalos, ver solo las piernas de la gente que pasa, la parada para el bocadillo y la caña, el resto de paradas para más cañas, meter las manos en las cajas de las flores, oír una voz conocida e incorporarte para saludar, el calor, el viento que refresca pero estropea la alfombra (echa agua ahí, cristiano), el año que llueve y hay que recordar, aquellos helados caseros que no volverán, los paseos por el resto de alfombras, los “ya acabaste” y “este año no llegas” y “¿una caña?”, la ropa que estrenas, la plaza del Ayuntamiento, la emoción, los repiques de campanas, las pocas ganas de volver a casa, el cansancio, las cornetas, los tambores, la calle ya está limpia, otro año más.

Y sigo: sacar el traje de mago a airear, la plancha, el almidón (mamá, te pasaste, no puedo doblar el brazo), el olor a piñas, costillas, conejo en salmorejo, mojo, almogrote, los precios del vino y las papas, el garrafón que parecía que no se iba a acabar, isa, folía, malagueña, tanganillo, seguidilla, saltona y vuelta a empezar, rasgar el timple una vez al año creyendo que eres profesional, oír una voz conocida y girarte a saludar, la eterna mancha de vino en la camisa, el justillo bien apretado, el sudor bajo las polainas, el sombrero, el pañuelo, el olor a animal, las ruedas de la carreta, el gofio bien amasado, más vino que la camisa está limpia, calla que esa chica va a cantar, ay qué niña más bonita si me la diera su madre (prohibidos los análisis sintáctico y gramatical), el baile, la subida, la bajada, el saludo al alcalde, los tambores, me duelen las piernas pero no quiero parar, si paro se acaba, si paro es otro año más.

Estoy de acuerdo en que el paraíso no es el dónde, sino el con quién. Pero es junio en La Orotava. El paraíso tiene que ser un poco el dónde, y el cuándo también.

 

Imagen2

El dónde es el mismo, el cuándo no (Fuente: Excmo. Ayto. Villa de La Orotava)

 

Amigas de

A finales de mayo el suplemento de El Mundo La Otra Crónica, que ofrece información así, ligerita, de cotillear y eso, publicó una información titulada La fortuna profesional de las amigas de la Reina Letizia, que leí con gran interés y que me llevó a pensar con qué facilidad juzgamos el éxito o el fracaso de los demás, sin saber ni de lejos lo que les habrá costado.

Ese texto está firmado por una mujer, no sé si periodista, de la que admito que no tengo ninguna referencia y, por tanto, no puedo decir que ni bien ni mal. Lo que sí puedo es opinar sobre una información que se publica en un periódico con muchos lectores y que además de desprender resentimiento y ser tendenciosa, me parece muy  machista.

Como podrán intuir por el título, el texto trata sobre la exitosa carrera profesional de algunas periodistas que son amigas de Letizia, mujeres con años de trabajo y formación en sus currículum que vemos resumidos en tres palabras: fortuna, amiga, reina.

La autora se pasa por el forro de la falda los 25 años de trabajo en la televisión pública de María Oña y sus corresponsalías en varios países de todo el mundo para deslizar que su nombramiento el año pasado como directora de Comunicación de una fundación del BBVA tiene que ver con la amistad que mantiene con la reina.

Así lo afirma también de otras compañeras, al señalar que “el caso de María Oña no es una excepción, ya que son varias las integrantes del círculo íntimo de Letizia, periodistas y amigas de su etapa televisiva, que a raíz de su salto a consorte de Don Felipe, han acabado accediendo a puestos de responsabilidad en el mundo empresarial, político o de la comunicación”.

Resulta indignante, vergonzoso leer estas palabras que menosprecian de tal manera el trabajo de mujeres profesionales a las que les habrá costado lo suyo llegar a ocupar los puestos de responsabilidad en los que hoy trabajan. En su resentido saco mete la firmante a Sonsoles Ónega, periodista parlamentaria de los informativos de Tele5, Cristina Palacios premiada por el Instituto para la Excelencia Profesional. Inmaculada Nácher, consultora política, o Ana Prieto, también consultora. Todas ellas tienen una larga trayectoria laboral pero lo que importa aquí es que son amigas de tal o que le guardaron un secreto a cual.

No dudo que la autora del texto escriba algún día, si no lo ha hecho ya, sobre las dificultades que tienen las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad, el techo de cristal y todo eso que te hace parecer justa y reivindicativa porque visto el patrón, ya me puedo imaginar el traje.

 

 

Lo han vuelto a conseguir. David Lynch y Mark Frost han conseguido, más de veinticinco años después, dividir al público, entre quienes al ver el primer capítulo de la tercera temporada de Twin Peaks decidieron que no volverían a caer en semejante tomadura de pelo y los que disfrutan de cada propuesta de la serie con la sensación de que por fin ha vuelto un genio a producir un producto televisivo. Para horror de algunos amigos y familiares, me encuentro en el segundo grupo. Cuando se estrenó esta serie, que sobrevivió sólo por dos temporadas, lo que hoy se consideraría un fracaso rotundo, yo tenía trece tiernos años, así que, en pleno descubrimiento de la adolescencia, el universo de Twin Peaks era un mundo tan sorprendente que era imposible que no me quedara pegada al televisor, aunque no entendiera la mitad de planteamientos de sus creadores. Con el tiempo, pude volver a verla y disfrutar del humor, del terror, de la monstruosidad, de la hipocresía descubierta o del mundo onírico que combina sexo y religión a su antojo.

Con esta tercera temporada vuelvo a disfrutar de la banda sonora de Angelo Badalamenti, que forma parte ya sin remedio de la mía propia, y contemplo el paso por el purgatorio del agente Dale Cooper como si tuviera noticias de un viejo amigo. Si buscan explicaciones al asesinato de Laura Palmer en el pueblito de Twin Peaks y lo que aconteció con el agente Cooper y con los parroquianos del lugar no se molesten en ver esta tercera temporada. Pero si quieren disfrutar de la construcción de ambientes, de los efectos sonoros, de la reconstrucción del mal y del bien, de la ironía, del humor más crudo o de la más elaborada creación surrealista, pasen a la habitación roja y disfruten.

Imagen extraída de welcometotwinpeaks.com.

A %d blogueros les gusta esto: