Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Sociedad’

Deberías sacarte más provecho. Estás despeinada. ¿Por qué no te maquillas? Estás flaca. ¿Has engordado? Mira a ver, igual ahora te vas a desbaratar. ¿Cómo que no te gusta ir a comprar ropa? Tienes que cuidarte más. Pero si es sólo un animal. A mí no me vengas con esos de fuera, yo no puedo hacer nada. ¿Por qué te afliges? Idealista. Demagoga. Podemita. Roja. Anarquista. Ignorante. Sabionda. Tonta.

Etiquetas y más etiquetas que me caen encima como barrotes cada día. Mi jaula es un sistema que fomenta una sociedad que castiga la empatía y que lucha porque nadie intente salirse de la corriente. Mi jaula, aunque tiene la puerta abierta, me retiene a base de presión publicitaria, de educación mal entendida, de aislamiento, del refuerzo positivo que se le da a un perro cuando cumple las expectativas del dueño. Desde mi encierro sigo escuchando las mismas frases, a veces sonrío por dentro y las espanto con las manos. Otras, me clavan sus espinas tan dentro que me cuesta quitármelas. Pero aquí seguimos, acumulando fuerzas para cruzar la puerta abierta, desplegar las alas y alzar el vuelo sin que me importen lo más mínimo las etiquetas.

©Perenquen23.

Read Full Post »

[…] Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress. Por una razón muy sencilla: un sistema de comunicación libre e interactivo agrupa a la gente. Cuanto más usamos Internet, más sociabilidad física tenemos”.

Manuel Castells.

 

Si echamos un vistazo a las noticias sobre el uso de internet o del teléfono móvil que publican muchos medios, nos daremos cuenta de que una importante cantidad de ellas intentan convencernos de lo terribles que pueden llegar a ser. Continuamente nos advierten de los peligros de estar en internet, de las consecuencias de pasar nuestro tiempo en Facebook y de la relación entre internet y el aislamiento social e incluso la violencia.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, por mucho que el capitalismo y el neoliberalismo insistan en que lo más importante es el individuo. Y precisamente lo que nos proporciona internet es sociabilidad. Es un error pensar que porque una persona pase mucho tiempo de su vida en la web o en las redes sociales está perdiendo el tiempo o se convierta en un antisocial; ese error lo cometemos porque aún no somos del todo conscientes de la enorme capacidad de socialización que tienen las redes.

 

trenperiodicos

 

La imagen que aparece sobre estas líneas era muy habitual hasta la aparición de los teléfonos inteligentes y las tabletas (aún hoy se puede ver algo parecido en cualquier medio de transporte público) y nunca se nos pasaría por la cabeza que esa gente sea antisocial o tenga algún tipo de problema de socialización. Pero la cosa cambia si en lugar de mirar una hoja de papel están mirando una pantalla. Sin embargo, no nos paramos a pensar que lo que está haciendo la gente de esta foto es únicamente informarse y pasar el rato, mientras que el que está delante de una pantalla puede estar haciendo eso mismo y además conversar con personas de cualquier parte del planeta, discutir sobre cualquier tema en las redes sociales, buscar gente con la que hablar o entablar relaciones sexuales o amorosas e incluso escribir un artículo como el que están leyendo en este momento. ¿Es eso ser antisocial? ¿De veras creen que se está perdiendo la sociabilidad?

Hará unos cinco o seis años unos amigos intentaron iniciarme en el mundo de los juegos de mesa. Siempre me han gustado, pero nunca tuve el grupo de personas adecuado con quien jugar. Después de eso me compré un par de juegos y con un pequeño grupo de amigos comenzamos a celebrar jornadas lúdicas (aunque muy espaciadas en el tiempo debido a nuestros compromisos de personas adultas). Todo siguió más o menos así hasta que descubrí la enorme cantidad de aficionados a los juegos de mesa que existen en Internet y que han montado foros, grupos de Facebook o canales de Youtube. Desde que comencé a pasar mi tiempo libre en estos lugares virtuales comencé a comprar más juegos, algunas personas que no conozco personalmente me han añadido a sus redes y me han ofrecido ir a jugar con ellos, he descubierto grupos que organizan jornadas lúdicas en diferentes lugares de mi ciudad e incluso gente de españa (país en el que no vivo) me ha dicho que cuando vuelva podemos organizar partidas. Y todo eso gracias a Facebook o Youtube. No, no pienso que esté perdiendo mi tiempo y tampoco creo que eso no sea socializar. De hecho, este mismo auge de los juegos de mesa es un ejemplo palpable de que la gente no es menos social después de la llegada de internet, sino todo lo contrario.

 

img_20170104_192413520_hdr

 

Así que sí, aunque usted no lo perciba, la gente es hoy más sociable que antes. Conoce más personas y lugares, se reúnen para jugar alrededor de una mesa, para tener relaciones sexuales, para hablar de música, cine, televisión, libros o lo que sea. Porque está en nuestra naturaleza.

 

 

Read Full Post »

Es uno de los momentos más importantes de una vida. Cuando tras años de trabajo llega el momento de la jubilación. Algunos no consiguen acostumbrarse al nuevo ritmo, otros están deseando obtener al fin la mayor recompensa: tiempo libre. No sabemos qué pensará Nala de su reciente jubilación. Sí nos imaginamos que ahora disfruta más de la manada que compone su familia, aunque tenga que soportar los juegos y travesuras de tres bulldogs francés, del pastor belga Anker, que ahora patrulla las calles, y del jovencísimo Gramo, que comienza la andadura del adiestramiento y que, de momento, adora morder la cola de Nala.

nala1

Se calcula que Nala puede tener unos nueve años, como buena fémina prefiere ocultar su edad real… Fotos cedidas por David Padilla.

El pasado 28 de septiembre, con motivo de la celebración patronal de San Miguel Arcángel, Nala se jubiló con honores en un acto de la Policía Local de San Cristóbal de La Laguna celebrado en el Teatro Leal.  Acompañado del que es sin duda el amor de su vida, David Padilla, que apostó por ella, la rescató de Valle Colino y la adiestró para que formara parte de la Unidad Canina adscrita a la URSI (Unidad de Refuerzo al Servicio e Intervención) de su municipio. Nala se convirtió en una detectora de estupefacientes al servicio de los ciudadanos y obtuvo la familia que se merecía y que supo ver su valía. Ahora, es la primera de un proyecto innovador en Canarias, que galardonará a todos aquellos animales que por enfermedad o edad avanzada deban jubilarse de la Unidad Canina y que lo harán con el honor que han defendido en las calles. Una de las prioridades de este especial departamento es que se prioriza que su integrantes sean de segunda oportunidad, esto es,  que hayan sufrido el abandono y que pasen a pernoctar con su adiestrador los 365 días del año. Nala tuvo la suerte de que el policía David Padilla, al que sólo basta escucharle unos minutos para saber que adora a su “familia peluda”,  se cruzara en su camino. En realidad, ella fue quien nos dio una segunda oportunidad a nosotros, una sociedad que la había abandonado , y que, en cambio, recibió su trabajo en favor de su seguridad. Ojalá Nala tenga una plácida y larga jubilación con su manada.

 

Read Full Post »

DisturbiosGraciaELMUNDOES

Se ha liado parda (Fuente: http://www.elmundo.es)

Parece que ya no se oye el helicóptero, que es lo único que me une a la calle mientras dudo.

Dudo porque aborrezco la violencia callejera, los contenedores quemados, los coches volcados, la inseguridad y las carreras para esconderse en un portal; pero entiendo que un contenedor ardiendo no es sino una antorcha que marca el sitio donde hay que mirar cuando nadie parece querer.

Porque me repugna la violencia soterrada del capital que desahucia al pobre, castiga al pobre, empobrece al pobre y cuando el pobre protesta hace visible otra violencia más carnal; pero sé que, por ahora, es este capital el que está consiguiendo que en bastantes sitios haya menos pobres.

Porque me entristece que tanta y tanta gente esté empeñada en que no se cuestione nada, que todo está bien, que quita que no sabes y qué bueno el orden. Sobre todo esa casta de los de siempre, la de los “hombres y mujeres de bien”. Pero entiendo que vivir en tranquilidad es impagable.

Porque me irritan los que cuestionan todo lo establecido por norma, como si el pecado residiera en la duración y no en el valor intrínseco. Pero entiendo que el acomodamiento es un gusano que nos devora las entrañas y manda a la mierda las ganas de vivir mejor. De vivir bien. De vivir.

Porque si me queman la moto los mato, pero me descorazona el sagrado imperio de la propiedad privada, el euro como medida de todas las cosas.

Porque son “los cuatro de siempre”, pero para unos todos son malos y para los otros hasta esos cuatro son buenos. Porque me jode que siempre haya unos y los otros, pero sé que siempre existirán otros cuando hay unos.

Y así llevo cinco días, que es toda la vida, dando viajes del perchero a la nevera y de la nevera al perchero. Dudando entre la porra o la birra, la birra o la porra.

Read Full Post »

Hace unos días revisitaba ese experimento fílmico de los Monty Python que es El Sentido de la Vida (The Meaning of life, 1983) que, sin ser de lo mejor de este grupo, si contiene algunos gags memorables. Entre ellos el siguiente número musical (está en inglés pero su estribillo no es muy difícil de entender):

 

 

Y mientras lo veía me venía a la cabeza la polémica montada alrededor de los titiriteros detenidos en Madrid o el juicio a Rita Maestre por protestar en sujetador en una capilla de la Universidad Complutense. Y me pregunté qué pasaría si los Monty Python hicieran ese humor tan políticamente incorrecto ahora. En España.

La verdad es que el caso de Rita Maestre y el de los titiriteros no son iguales a pesar de lo que pudiera parecer al estar supuestamente en entredicho en ambos asuntos los límites de la libertad de expresión. Porque los contextos son diferentes. En el juicio a la concejala de Ahora Madrid ese contexto es el derecho a la protesta en contraposición al sentimiento de ofensa de un colectivo. En el caso de los marionetistas es el derecho a la libre creación artística frente al sentimiento de ofensa de un colectivo. La protesta es algo que está amparado por la ley y la creación artística es ficción -ni siquiera es algo real y que debiera molestarnos-. Por tanto pienso que lo que debería estar realmente en entredicho no es la libertad de expresión, que por cierto ya está limitada por la ley, sino las repercusiones ante el sentimiento de ofensa de los demás. Porque si hay algo subjetivo (y no objetivable) en todos estos asuntos son las razones por las que una persona o un grupo de ellas pueden sentirse ofendidos.

Si algo garantizan (o al menos deberían) las leyes es que la mayoría de la sociedad sienta protegidos sus derechos frente a las imposiciones de unas minorías. La justicia más justa a la que podemos aspirar por ahora es esa, aunque las minorías muchas veces acaben sufriendo injusticias. Y la libertad de expresión es un derecho de todos los ciudadanos; no así la libertad de no sentirse ofendidos, pues tal concepto no existe. Si tuviésemos que respetar ese derecho a no sentirse ofendidos no existirían cómicos como los Monty Python, ni chistes de gordos, ni películas como Deadpool o el humor negro en general y nuestro mundo sería terriblemente aburrido. Aún más: si tuviéramos que judicializar a todos los que alguna vez han ofendido a alguien, no habría cárceles suficientes en La Tierra.

Por lo tanto tal vez deberíamos dejar de discutir sobre los límites de la libertad de expresión y debatir más sobre si es adecuado imponer sentimientos (de ofensa, religiosos o políticos) de ciertas minorías por encima de los derechos de todos (como la libertad de expresión). O de si es necesario y conveniente sentar a una persona en el banquillo de los acusados o meter a alguien en un calabozo por decir o hacer algo que moleste a otros. Igual lo que necesitamos para coexistir mejor no es callarnos por miedo a ofender, sino intentar no sentirnos ofendidos tan fácilmente. Al fin y al cabo ¿no es el control sobre nuestras emociones junto con nuestra capacidad de razonamiento lo que nos hace definitivamente humanos?

Read Full Post »

No sé si estoy tomándome demasiado a pecho este blog. Al menos el título del mismo. Y es que paso mucho tiempo dándole vueltas a todo lo de en medio. En concreto, lo de en medio del pecho. Del mío. En ese lugar impreciso entre el corazón, los pulmones y la boca del estómago, donde se construyen las fatiguitas.

Debe ser el cambio de año, que te recuerda con números grandes lo viejo que te haces y que además está lleno de rituales y rutinas, lo que me ha hecho volver a preguntarme una y otra y otra y otra vez, si estoy donde debo, cuando debo, haciendo lo que debo y a la hora en que debería estar hecho. Y de vez en cuando uno, al menos este uno, también se contesta. De vez en cuando se abre una grieta en una nube pesada y barrigona y un halo de luz te abofetea con esquirlas de verdad. Todo ese deber esquivo, en forma de familia, carrera, hitos a conseguir y tiempo perdido se desvanece con un PLOP. No hay deber. Nunca lo ha habido. La imagen cansina y plomiza, todo lo que estructura tus prisas, deja ver su verdadera naturaleza: la nada.

Y la verdad, aunque solo sean esquirlas, es una hijaputa. El PLOP liberador deja paso al vacío. No hay esquemas marcados. Bueno, vale, tampoco hay prisas, pero el andamio que creías que organizaba tu ascenso ha desaparecido y estás ahí, sólo solo.

Así que lo entiendo. Tengo que entenderlo. Que ante semejante panorama, ante la inexistencia del andamio, del soporte, te lo tengas que inventar. Que la angustia te pueda y necesites una ilusión consoladora. Y que no solo sea una ilusión, sino que a partir de ella construyas una realidad sólida, tan tranquilizadora que solo pueda ser real. Y que te instales ahí y respires hondo y pienses tan fuerte que eres feliz que te olvides que toda esa mierda no existe, que es tu ansiedad escapando.

Tengo que entenderlo así, porque, si no, no me cabe en la cabeza (ni en medio del pecho) lo que pasa en Dinamarca. Gente buena poniéndole alambradas al miedo (de otros). Gente civilizada anteponiendo su bienestar a la angustia (de otros). Gente sana cuidando sus euros más que la vida (de otros). Gente inteligente poniéndole puertas al campo, diferenciando Nosotros de Los Otros. Nosotros, los buenos. Los Otros, ya se verá.

Si no es el miedo, no entiendo lo que pasa en Dinamarca. Bueno, en Dinamarca y aquí en mi pecho. Cada día.

alambradaJOSEANTONIOCASARES

Foto: José Antonio Casares

Read Full Post »

Te levantas y algo ha cambiado. El ascensor baja más lento, quizá, pero sin chirridos ni balanceos estúpidos. En la calle el cielo tiene la misma pinta, blanco plomizo en tu pueblo, una gama del rosa radiactivo al azul petróleo en tu ciudad. Pero el aire se podría masticar. Te resbala en las mejillas, se te enreda pesado en la barba. Más que respirar, sorbes. Aun así te llena los pulmones igual que siempre, con reticencias.

En la guagua, en el metro, la gente es otra, han renovado las fichas. Aunque te miran igual: lo justo para mostrar ganas de café. Y es allí, tras el cristal, en una u otra parada, mientras no atiendes, que descubres qué carajo está pasando, a qué se debe toda esta densidad. Te ha mirado. Conoces esa cara mejor que a tus corvas. Has hecho rutina el estudio de sus expresiones, la disección escrupulosa de todos y cada uno de sus gestos. Esos que nunca te han tenido en cuenta. Tanto y tan bien conoces su mirada esquiva que no has sabido reaccionar cuando ha decidido enfrentarte.

Mierda, piensas. ¿Y ahora qué? Te habías acostumbrado a la vigilancia anónima, al escrutinio constante y unidireccional. Ahora sabe que existes y te requiere atención. No estás preparado para eso. Y al mismo tiempo no puedes evitar ilusionarte. La ilusión, esa mala puta que se empeña en no dejar a la gente vivir tranquila. ¿Y si esta vez sí? ¿Y si esta es la buena? Enseguida te bulle algo dentro, algo que aparta a codazos el desconcierto: escabulléndose de la ilusión llega el miedo de siempre, el malo conocido. Miedo a no poder cumplir las expectativas, a que todo acabe antes de empezar de verdad, a que muera en la orilla, con la miel en los labios (a no saber explicarte sin frases hechas). El recuerdo de la última vez. Lo caro que te salió aquel voto de confianza, aquel salto al vacío.

Y entre batallas internas varias, aludes de hormonas y sinapsis golpeándote a ritmo de pachanga sigues tu camino. Abrumado por la responsabilidad, la oportunidad, el terror incluso, te convences de que esta vez no, que mucho te ha costado mantenerte al margen, en un platónico y cómodo segundo plano, que más te costaría una próxima vez. Se ha acabado, pronuncias en voz baja, en un suspiro que pelea por penetrar en ese aire que ya es gelatina.

Suspiro que te tienes que tragar en la siguiente parada. Porque ahí está otra vez ella. La cara que te mira, que te interpela, que te llama por tu nombre, te mira muy dentro y te dice ¿En serio crees que podrás evitarme para siempre? Y toda la lucha se desmorona en segundos. Sales del vagón y te plantas ante ella. De cerca es aún más grande. Le dices: Vale, tú ganas. Que comience el espectáculo.

CampañaLAVANGUARDIACOM

Fuerte cabeza pa’un caldo pescao (www.lavanguardia.com)

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: