La muerte no es un espectáculo

Yo no puedo alegrarme de ninguna muerte. Ni humana ni que afecte a cualquier otra especie animal. Sí, sé lo que están pensando, incluido cucarachas y otros animales menos agraciados. Me apena muchísimo que un joven de 29 años como el torero Víctor Barrio haya muerto en una plaza, en lo que se supone era una tarde de ocio. Pero también me indigna que el toro Lorenzo, que forma parte del espectáculo sin que nadie le haya podido preguntar si quiere hacerlo, y mucho más que, por una tradición, que puede cambiarse al tiempo que el ser humano se supone que evoluciona, la ganadería del astado deba acabar con la madre del animal y toda su familia. Parece que la madre del toro, Lorenza, ya había sido sacrificada días antes por cuestión de edad. En realidad, de toda esta polémica, que ha derivado ya en denuncias, encuentro varias barbaries juntas. Que haya personas que decidan utilizar las redes sociales para insultar al torero muerto y a su familia me parece una barbarie, pero también creo que lo son las corridas de toros. Que los amantes de los animales decidan aplicar odio en vez del amor que profesan a los seres vivos es un error garrafal. Vayan desde aquí mis condolencias para esa familia que sufre por la muerte de su ser querido y por la polémica que se ha suscitado en estos días. Correspondamos con amor al odio, es el único antídoto posible. Y demos voz siempre a los animales, denunciemos su maltrato y quejémonos, de forma civilizada, de que la muerte de un animal nunca es un espectáculo, es un horror, una lamentable acción en contra de otro ser vivo, que nunca estará en igualdad de condiciones porque su naturaleza genética no tiene escrito que deba combatir en una plaza frente a un ser humano y que, si gana el lance, su vida y la de toda su familia estará perdida. Nunca me cansaré de decir que, como mal menor, en Portugal los toros son un espectáculo, sí, pero en el que el toro no puede morir al final. Puede que como personas que nos llamamos civilizados sigamos evolucionando hasta que ya no haya público que quiera acudir a un espectáculo que se cobre la vida de animales y de seres humanos. Pero esa batalla no se gana con insultos, sino con templanza y educación.

 

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