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Archive for the ‘Derechos Humanos’ Category

Podría empezar diciéndoles que he padecido varias enfermedades de cierta gravedad durante mi vida, más que nada para evitar las críticas ya de antemano. Pero no lo voy a hacer. Voy a decir que yo no quiero que nadie sufra para que yo pueda curarme de cualquier patología que padezca en el futuro. No deseo que ningún animal se inocule de enfermedad en un laboratorio para experimentar primero lo que luego, de todas formas, tendrá que probar un ser humano. Entiendo que durante siglos la única forma de progresar en el ámbito médico fue la experimentación con animales, porque no disponíamos de otras herramientas, pero hoy, la ciencia ha avanzado lo suficiente como para decir ¡basta ya! o, como mínimo, para reducir las pruebas en otros seres vivos que no sean los destinatarios de los tratamientos. Yo no soy seguidora de The Big Bang Theory pero una de sus protagonistas, Mayim Bialik, a la que sí reconozco por encarnar a Blossom, lo explica en este vídeo bastante claro (para los  que hablen el inglés, lo siento pero no he encontrado versión con subtítulos al castellano). Yo no soy científica, así que desconozco si estos mitos sobre los que habla Bialik son tales o no, pero, sea como sea, entiendo que la tecnología ha avanzado lo suficiente como para dejar de utilizar a los animales en las investigaciones médicas y agradecerles así todo lo que tantos ejemplares de diferentes especies han hecho por nuestra salud hasta ahora.

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Bailaba Benzema sobre la línea de fondo del Calderón para enterrar definitivamente mis merengones nervios. Serían las nueve y pico, el minuto cuarentaeIsco de partido, y yo todavía no había escrito el post del sábado de SiempreEnMedio. Aproveché el descanso para hacer la cena, el segundo tiempo para recobrar la calma y el postpartido para buscar inspiración.

Podría hablar de ese libro que acaba de escupirme tras sorberme entero, o de la última temporada de la serie magistral que me resisto a ver porque no quiero que se acabe. Podría abrir Twitter en busca de inspiración (que es al fin y al cabo lo que siempre hago).

Ya podría haberme quedado con el fútbol, o el libro o la serie.

Cuenta la wikipedia que fue la filósofa Hannah Arendt la que acuñó el concepto “banalidad del mal” cuando en 1961 siguió en Jerusalén el juicio a Adolf Eichmann. A ella le pareció que aquel señor no era el monstruo que todos esperaban, sino más bien un burócrata terrible e inquietantemente normal, concienzudo y aplicado en su labor profesional (con un ligero problema: esta labor requería del asesinato de seis millones de personas). Arendt mantuvo que el mal es mucho más un conjunto de pequeñas cosas en un determinado entorno que la grave anormalidad que preferimos creer que es. Maldad en modo funcionario (que me perdonen los funcionarios el uso del tópico, demasiado gráfico como para desaprovecharlo).

Viendo el vídeo recordé todas las colas que en mi vida han sido. Especialmente desesperantes eran las de la secretaría de la facultad. O llegabas en la hora del desayuno o la persona que te atendía conocía aún menos que tú el papeleo o los formularios habían cambiado desde la hora anterior o era San Alberto Magno, santo patrón de la ciencia y el brandy. Intenté imaginarme todas y cada una de esas esperas con la boca llena de agua. Intenté ponerme en el lugar de algún cadáver. No me estoy perdiendo el horario del comedor, o el leche y leche y el donut en el bar que sustituyeron todo un curso de química. No, me estoy jugando la vida en este proceso burocrático. Cada minuto que pasa son sesenta segundos en los que tengo que vigilar que mi hijo no se ahogue, no perder de vista al resto de mi familia, mantenerme a flote. Y ni siquiera sé nadar. Al otro lado de la ventanilla discuten si puedo o no matricularme y yo intento gritar que ya da igual, que me ahogo, pero no puedo gritar porque la sal del agua me quema en la garganta. Tampoco puedo volver a casa a decirle a mi padre que me cago en todo porque a mi padre le reventó el pecho una bomba en Alepo y ya no existe. Ni él ni mi madre ni nadie más en el barrio. Solo puedo intentar mantenerme a flote hasta que alguien me selle este puto papel o me lance un flotador o lo que sea que ocurra antes.

Lo imagino como puedo, pero no me duele lo suficiente. No lo logro. Algo sí me duele, en la distancia. Algo detecto: la inmensa mayoría de veces no es lo que hacemos, sino lo que dejamos de hacer, de sentir, de preocuparnos, de exigir y de entender. Las pocas consecuencias que tiene todo lo que no nos pasa directamente.

Y lo peor es que la final de Champions no es hasta dentro de tres semanas.

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A mí el Guernica me apabulló. Sabía que era un cuadro espectacular, pero nunca me imaginé que me envolvería y golpearía con toda su carga de horror en blanco y negro. Cuando lo contemplé, con algo más de frialdad tras el primer impacto, me embargó también la compasión. Y ahí me quedé nadando, entre el terror de la guerra, el sufrimiento y la empatía hacia las mujeres, niños y animales que sufren en el cuadro. Se cumplen 80 años de que Picasso pintara esta obra, a petición del Gobierno de la II República Española, para la Exposición Internacional de París y también 80 de aquel 26 de abril de 1937 en el que Guernica fue arrasado por las aviaciones alemana e italiana. Piedad y Terror en Picasso es el título de la exposición que ofrece el Museo Reina y Sofía, en Madrid, para conmemorar estas ocho décadas y los 25 años que se cumplen de la llegada del cuadro a este centro. Comparto aquí con ustedes la información realizada sobre la muestra por Televisión Española, que a mí me ha servido para recordar aquellas emociones que hace años me produjo el Guernica, entre ellas, lo absurdo de la guerra, del daño absoluto que el hombre es capaz de ejercer contra sí mismo.

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censura-mafaldaGozar de libertad de expresión supone correr el riesgo de ofender o de ser ofendido. También es cierto que ofenderse depende de cada cual y no siempre de la intención del otro. En definitiva, es cuestión de actitud, de la que tomemos frente a un mensaje y de cómo permitimos que nos afecte.

Durante la última semana se han dado dos circunstancias que me han hecho reflexionar sobre la libertad de expresión y la ofensa. Por un lado la Drag Sethlas, ganadora de la  Gala Drag del Carnaval de Las Palmas con su fantasía ‘¡Mi cielo! Yo no hago milagros, que sea lo que Dios quiera’, en clara alusión a la Virgen y a Jesucristo crucificado, ha generado un alud de críticas cuyo exponente máximo ha sido el obispo de Canarias, que manifestó que el día de la elección había sido el más triste de su estancia en las islas, por encima del accidente del avión de Spanair en el que fallecieron 154 personas.

Por otra parte una guagua del colectivo ultraconservador HazteOir ha sido la comidilla en medios de comunicación y redes sociales por su mensaje tránsfobo: ‘Los niños tienen pene; las niñas tienen vulva; que no te engañen’.

En ambos casos las fiscalías correspondientes estudian si hay delito. En ambos casos se ha procedido a ‘retirar’ el mensaje, bien haciendo desaparecer el vídeo de la gala de la página web de Televisión Española, bien inmovilizando la guagua, que permanece en un garaje.

Al margen de que pueda generarme más o menos rechazo uno u otro mensaje, lo que realmente me parece preocupante es que llevemos nuestra actitud de ofendidos hasta el punto de preferir no ver, de obviar la realidad, que supone que existen personas para todos los gustos, que se expresan sin violencia y sobre cuyos mensajes, faltaría más, también podemos opinar sin necesidad de cercenar derechos.

En palabras de Salman Rushdie, “la mejor manera de defender la libertad de expresión es ejerciéndola”. Crearnos una opinión ya es cosa nuestra.

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Internet y, en concreto, los medios digitales se han convertido en una fuente inagotable de consejos con los que o alcanzas la felicidad total o te hundes en el más hondo de los pozos si ves que no te ajustas a los parámetros por lo que se debe regir una vida plena.

Parece increíble pero hay listas de cosas que se deben o no se deben hacer para absolutamente todo tipo de situaciones.

A veces leo esas listas por curiosidad pero también, lo reconozco, para saber si puedo considerarme una persona apta para vivir en esta sociedad moderna.

Algunas de esas listas que aparecen de forma recurrente en los medios nos ilustran sobre lo que debemos o no decirle a nuestros hijos si queremos evitar que sean unos desgraciados de por vida, unos debiluchos, unos seres sin autoestima o gente con nula capacidad de liderazgo.1aa2f7441c2e1e8ce1ae43bf58de9bfa_xl

Confieso aquí que soy una madre terrible porque de las diez frases que hay que evitar decir a los niños hay ocho que yo les suelto a mis hijos no a diario pero sí con frecuencia. No se crean que me hace gracia, me lleva a cuestionarme mucho mis aptitudes maternales y llego a preguntarme si no estaré ejerciendo una especie de maltrato motivacional, una autoridad desmesurada sobre esos pobres niños.

Recomiendan ahí que nunca les digas “me tienes harta”. Yo jamás lo hago pero solo porque lo sustituyo por un “me tienen hasta el gorro”, el ya clásico “estoy hasta el moño” o “hasta aquí me tienes hoy”, al tiempo que coloco mi mano un palmo por encima de mi cabeza.

Tampoco hay que decirles “me vas a volver loca” o “porque lo digo yo y punto” porque eso puede tener “un impacto negativo en nuestra relación”, además de generarles “gran ansiedad”. Mira, un impacto negativo es que alguien, en este caso menor de edad y poco preparado para saber lo que le conviene, insista cien veces en los mismos argumentos para ver si consigue lo que quiere. Cuando ya se le han dado varias respuestas más o menos amables y razonadas y se entra en un bucle sin fin creo que es más que adecuado espetar esas y otras expresiones, acompañadas mentalmente, si procede, de un “no te fastidia el monicaco este…”.

“Eres un vago” (a mí me gusta más usar gandul/a) es otra de las frases a evitar porque también “daña la relación paterno-filial” y “provoca en los jóvenes frustración y desinterés”. Vamos a ver, ¿y la visión continuada de ropa, juguetes, libros, tirados por la casa, la existencia de un mini ser echado viendo la tele mientras su cuarto se cae a pedazos… no daña la relación y la convivencia? ¿Acaso no genera frustración? A mí, muchísima.

En fin, no voy a relatar aquí todas y cada una de las (ahora, gracias a las listas, lo sé) barbaridades que digo cuando me canso de ser políticamente correcta. Valgan estas como ejemplo y agradézcanme que les ahorre más detalles. Solo añadiré como anécdota que hace unos días les pregunté por un ejemplo de gran depredador y uno de ellos respondió: “tú, cuando te enfadas”.

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Me dijo: “tú tranquilo, hazlo lo mejor que puedas, y si te ves agobiado no te preocupes que yo me acerco a ayudarte”. No busquen interpretaciones trascendentales, hablábamos de un partido de fútbol sala. Y quien me lo dijo era mi compañero en el cierre del equipo. Jugábamos el Trofeo Rector de la Universidad, contra un equipo de Medicina. El nuestro estaba formado por estudiantes de muchas titulaciones, yo creo que éramos el menos universitario de todos los conjuntos, y el menos oficial de todas las escuadras. Nos reíamos mucho, compartíamos amistad vieja y sincera. Algunos habían sido futbolistas, otros ni siquiera éramos deportistas.

Me dijo: “da igual, lo importante es compartir este rato, lo haces mejor o peor; lo divertido es hacerlo juntos y ya“. Él ni se acordará de estas palabras, pero a mi, casi ocho años mayor, me sirvieron como un aliciente, un aprendizaje, para salir allí, colocarme en el centro de la cancha y dar todo de mi, todo lo que supe o pude. Si fallaba, si la cagaba (podía darse con mucha seguridad esta situación) él estaría allí para ayudarme.

No recuerdo si ganamos o si perdimos aquel día. Ni siquiera si jugué cinco, diez o veinte minutos. Solo recuerdo que aquel amigo me dio esa lección de vida: estaré aquí para ayudarte, y con ella una confianza ciega en mi mismo. Saber que él estaría ahí al lado me hizo mucho más fuerte.

Han pasado ya casi 17 años de eso. La Esclerosis Múltiple llegó a su vida, callada, traicionera y vil, y se coló por sus rendijas, empezó a hacer estragos en su día a día. Pero él no se para, no se rinde, no deja de sonreír, y lo más importante, no deja de ayudar. Como me dijo aquel día, “estaré aquí para ayudar”, y eso está haciendo. Y me gusta pensar que parte de su fortaleza radica en que es consciente que muchas personas estamos aquí, a su lado.

Yo quiero estar aquí, ayudarlo a él y a los que están como él, porque le debo esa ayuda, y esa sonrisa. Porque #rendirsenoesunaopción. Porque si compartimos el peso de los fardos que nos carga la puñetera vida, se hace más ligero el viaje, los obstáculos más llevaderos.

Marino, esta va por ti, te la debía. Este partido sí que lo vamos a ganar.

Si quieres echar un cable para actuar localmente y ayudar a personas con Esclerosis Múltiple puedes enviarme un correo a jleonciog@gmail.com o ponerte en contacto con la Asociación Pichón Trail Project. Puedes ayudar económicamente, corriendo, o de cualquier forma que se te pueda ocurrir.

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A punto de finalizar el año 2016 los medios de comunicación se llenan de resúmenes de los últimos doce meses. Datos estadísticos sobre cómo nos ha ido la vida a los seres humanos. Apenas encontrarán datos de qué ha pasado con los animales, esos seres vivos que comparten planeta con nosotros. Continúan, en cambio, existiendo unos “locos” muy sanos, que sacan adelante, con múltiples problemas económicos, los santuarios. En ellos, ejemplares de diferentes especies, a los que sin duda les ha tocado la lotería, viven felices, cuidados, alimentados en cuerpo y alma, porque los trabajadores de estos pequeños paraísos les ofrecen un cariño que esos animales es probable que nunca hubieran experimentado antes. Uno de esos lugares es el Santuario Gaia, sobre el que ya he hablado en alguna ocasión en este blog.

El último rescate que han realizado sus fundadores se llevó a cabo justo en estas fiestas navideñas, cuando acudieron a salvar cuatro ovejas que iban a ser enviadas al matadero por haber cumplido seis años y bajar su producción. Una de ellas, Nazareth, ha resultado estar embarazada. Si aún no disponen de calendario para 2017, pueden adquirir el que han realizado en el Santuario Gaia, con unos modelos de extraordinaria belleza, y contribuirán así a ayudar a sus habitantes. Como hito del año quiero destacar el reencuentro entre Helga e Isaac, madre e hijo, del que pueden disfrutar en este vídeo. ¡Feliz Año Nuevo, para todos los seres vivos!

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