La palabra “divulgador/a”

Voy a abrir un melón, que ya va siendo hora. Y es largo.

Lamentablemente es un tema un tanto específico, pero como creo que se puede aplicar a otros campos, igual puede ser de interés general (cambien “divulgador/a” por “youtuber”, por ejemplo).

De un tiempo a esta parte se ha popularizado el término “divulgador” o “divulgadora”, un tanto así, en el aire, como profesión.

Personalmente, cuando todo esto tuvo su “boom”, me pareció estupendo que hasta hubiese un nombre para esta labor (fíjense, años haciéndolo y no sabía que tenía un nombre, lo conté aquí en 2011, ya ha llovido).

Una, que ya es una señora precipitándose hacia la cincuentena, atisba el panorama con curiosidad y mucho interés. Porque es bueno que la ciencia se dé a conocer a través de todos los canales posibles y en todos los formatos imaginables, porque nunca se sabe a qué públicos de distinto pelaje podemos alcanzar, ayudando así a que la ciencia se conozca un poquito más.

Pero me preocupa una cosa: aunque a veces me he tildado a mí misma de “divulgadora” (por facilitar y simplificar a otros la tarea de deducir qué narices hago), si hago un análisis profundo, no me considero como tal. Y aquí abro el melón.

Para mí, una persona “hace” divulgación o comunicación (yo me dedico profesionalmente a la comunicación y hago divulgación en mis ratos libres). Para mí, una persona formada en, por ejemplo, matemáticas, que dedica parte de su tiempo a contarla al público general (no me refiero a dar clase, eso es enseñanza y tiene otros matices), es una persona experta en su campo, que conoce con cierta profundidad su terreno, y hace el esfuerzo de explicarla para que el resto lo entienda. Esa persona es matemática (sí, tengo en mente a Clara Grima, que es una crack) y hace divulgación de las matemáticas. Por supuesto, en muchas ocasiones la definirán como divulgadora, pero, para mí, Clara es matemática (según ella, la mejor de las ciencias ;)). Otro ejemplo que me viene a la mente es el de Ignacio López-Goñi: es investigador y profesor en microbiología y hace divulgación de su campo y lo hace estupendamente.

Por supuesto, hay muchas personas más con este tipo de perfil: personas formadas en ciencia que, además, la cuentan de maravilla. Pero, ¿qué es un/a divulgador/a sin una formación científica detrás, o sin un campo de trabajo en el que se actualice, en el que esté en contacto con el mundillo? Conozco perfiles de personas que se han convertido, para mí, en “periodistas” o en “comunicadores/as” de la ciencia, personas formadas en ciencia que escriben en medios de comunicación (pienso en Esther Samper y en Azucena Martín). Pero yo no las llamaría divulgadoras, aunque a veces hagan divulgación. Ellas hacen periodismo porque el periodismo contrasta las fuentes, bucea en la información e intenta ofrecer los posibles diferentes enfoques. El periodismo científico es una cosa muy seria y necesaria. (Aquí me acuerdo mucho de Pepe Cervera, maestro de maestros, te echamos mucho de menos).

Luego están las personas que, tras una formación científica, han decidio dedicarse al mundo de la cultura científica, un vasto campo en el que todo se mezcla. Se trata de promover, organizar, gestionar, crear, impulsar… (y muchos más verbos), todo aquello que fomente la cultura científica de la ciudadanía a través de diversas acciones, eventos, materiales, etc. ¿Son estas personas “divulgadores/as”? Pues a veces sí y a veces no. A veces están en la sombra y hacen el grueso del trabajo sin llegar a conocerlas. A veces toman las riendas de un micrófono y dan estupendas charlas. A veces se dedican a buscar fondos para llevar a cabo actividades. Muchísimas veces van detrás de los y las investigadoras de sus centros para que sean ellos y ellas quienes den la cara, dando a conocer la ciencia que se hace en las oficinas y laboratorios, viendo que son personas normales con un trabajo normal. A estas personas las encontrarán ustedes tanto en Unidades de Cultura Científica (en universidades o centros de investigación) como en empresas privadas que se han lanzado a cubrir un nicho de mercado. También los hay que compaginan todo esto con artículos, algo de televisión, radio, etc., (y pienso ahora en Fernando Gomollón, a quien admiro muchísimo).

Pero, entonces… ¿qué representa la figura del “divulgador/a”?

Lamentablemente no tengo una respuesta. Pero lo que no veo nada claro es esa figura de persona que sabe de todo y opina de todo, con una obvia falta de rigurosidad y conocimientos, solo porque el tema esté de moda. El conocimiento no se debe aparentar: se debe tener (o, en última instancia, tirar de quien lo tiene). Y para eso hay que leer mucho y trabajarse mucho los estudios que se publican sobre el tema en cuestión. Y asesorarse del tema con gente que sepa más que tú, por supuesto.

Personalmente, en mi trabajo, que les recuerdo que es la comunicación científica, basamos nuestros contenidos de divulgación y comunicación en artículos científicos publicados. Consideramos que es la manera más honesta de dar a conocer lo que se hace en ciencia (de ahí el follón de los preprints que hemos tenido durante la pandemia, es decir, trabajos de investigación que aún no habían sido revisados por pares ni publicados oficialmente, algo que puede dar lugar a muchos problemas -ojito, que la ciencia la hacen personas y las personas tienen todo lo que ya sabemos que tienen las personas…-).

¿Ser “divulgador/a” de todo es posible? No digo que no, pero me parece muy osado. Creo que deberíamos darle un par de vueltas a este concepto, porque para ser tan joven ya nos lo estamos cargando y hasta he visto por ahí burlas diciendo “es que X es debulgador”. Lo que viene siendo desprestigiar algo que ha costado mucho construir.

La ciencia y su divulgación son víctimas de su propia época (como no podía ser de otra manera) y eso que no entro a debatir el tema de las pseudociencias y el maguferío (STOP the TRISTES).

Hay “estrellas” de la divulgación que, por las presiones inherentes a este sistema de consumo rápido, se han dejado llevar por las corrientes y han caído en copiar ideas de otras personas (que no digo que eso sea malo per se, pero a veces ya huele un poquito a “me he quedado sin ideas y necesito pagar el alquiler”… eso si no son copia y pega literales, que de todo hay). Esas son las figuras que me hacen pensar que deberíamos darle un par de vueltas, no a qué es la divulgación, sino a la figura de quienes se autodenominan o nosotros mismos llamamos “divulgador/a”. Y luego están esas figuras que se suben a todos los carros, que se caracterizan “por no tener pelos en la lengua” (yo ya) y que tienen cientos o miles de seguidores, lo cual está muy bien. Aquí ya incluiría el mundo de Youtube, que tiene un público y un formato muy específico. Otro melón (no sé ya ni cuántos llevo).

Por último, sí que quiero destacar a unas cuantas personas que representan o deberían representar, a mi modo de ver, la figura de divulgadora, como por ejemplo Boticaria García (Marian), que utiliza los medios de comunicación generalistas para despejar dudas sobre campos cercanos a su formación (esta mujer es todoterreno) o Gemma del Caño, que, además de su trabajo en la industria alimentaria, colabora en diversos medios (y responde amablemente en twitter a dudas relacionadas con temas que conoce… yo creo que debería cobrar por ello, pero es demasiado buena). Y hay muchísimas más personas, pero esto se está haciendo ya muy largo.

Ya he dejado sobre la mesa mis dudas sobre este término y su significado y la profundidad que creo que tiene. Porque llevaba un tiempo dándole vueltas y con la espinita clavada. Ya me voy.

P.D.: Que sí, que hay gente que hace una divulgación magnífica sin tener la carrera en cuestión, pero que saben mucho del tema porque les encanta y se lo leen todo. Y que sí, que hay muchísima gente que trabaja en esto y no tienen carreras de ciencias (leñe, yo misma) y también son excelentes profesionales. Y que sí otra vez, que esto es todo discutible y creo que es un tema abierto. Como el melón. Hale. No se me enfade la gente sensible. A quien no le guste, es solo una opinión. Ya saben lo que dicen: todos tenemos una. Lo bien que estaría que fuese un debate sano ¿verdad? Pero un debate de verdad, no de esos de “pues yo vengo aquí a soltar mis…”. A llorar a la llorería. Menuda postdata me está quedando. Cuídense.

P.D.2: Les dejo una imagen que intenta explicar las diferencias entre educación, comunicación, divulgación y prensa. Y aquí enlace a una charla en la que les cuento lo mismo, pero en mamarrachismo y cantando (¿es esto divulgación? No lo creo).

P.D.3: La madre que me parió. como siempre, he olvidado algo fundamental: el papel de los museos de ciencia y los planetarios en todo esto de la divulgación. Mucho antes de que existieran las Unidades de Cultura Científica (que “oficialmente” se crearon en 2007), llevaban décadas los museos de ciencia y planetarios dándonos la vida con actividades, eventos, exposiciones, etc. Y yo, petarda de mí, he olvidado mencionarlo. Gracias a Inés Rodríguez Hidalgo, excompañera del IAC (madre mía, cuánto tiempo) y directora del Museo de la Ciencia de Valladolid, por el merecido tirón de orejas. Valga estas postdata como una disculpa y un merecido reconocimiento a la labor de todas y todos.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s