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Archive for the ‘Ciencia y Astronomía’ Category

No suelo pedir a la gente que firme algo así como así. Normalmente, les informo y les pido que reflexionen. Luego, si están de acuerdo, pueden firmar. Si no, pues nada. Pero en este caso no puedo limitarme a informar: tengo que pedir que esto se convierta en algo viral, que se lea y se comparta, que lo firmen, porque no se trata de algo “opinable”. Es una realidad: no podemos dejar que destruyan (aún más) la ciencia de este país. No podemos. Y, como el manifiesto lo dice mejor que yo, les dejo con los primeros párrafos. A mí me han dejado huella.

“El próximo 22 de abril, se celebrarán en todo el mundo diversas acciones para reclamar la atención de la sociedad y de la clase política sobre la importancia de la ciencia en el mundo actual y algunos de los peligros que la acechan.

La ciencia se ha convertido  en una parte esencial de nuestra sociedad sin cuya contribución es impensable mantener y mejorar los niveles de progreso, tecnología, calidad de vida y conocimiento que nos hemos impuesto como objetivos  para el siglo XXI. A pesar de ello, está emergiendo en los países desarrollados  una corriente política global que minusvalora, cuando no ignora, el papel de la ciencia en nuestras vidas con el resultado  de un inexorable deterioro en la salud y el medio ambiente, y un creciente menosprecio por el conocimiento que se ve sustituido por interpretaciones de la realidad alternativas a las que proporciona la ciencia. Todo ello, combinado con la inoculación y exaltación de la ignorancia genera, en no pocas ocasiones, reacciones contra la libertad de colectivos socialmente frágiles, socavando así el sentido profundo de la dignidad humana”.

Por eso, porque no podemos dejar que el “sentido profundo de la dignidad humana” siga siendo menoscabado, hay que leer y firmar el “Manifiesto por la Ciencia”: http://www.cosce.org/manifiestoporlaciencia/

Además, el próximo 20 de abril dedicaremos el especial de ciencia que hacemos mensualmente en el programa de radio independiente Carne Cruda, dirigido por Javier Gallego, a la situación de la ciencia en España y en el mundo. Esto nos afecta a todos/as.

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Es curioso cómo, a veces, nos damos cuenta de que nos hacemos mayores por cosas que nos vienen de forma inesperada. Me refiero a que las canas ya las vamos viendo venir. Las arruguillas. Los cambios en el cuerpo. La disminución de la tolerancia al trasnoche… todo eso es progresivo. Al menos en mi caso.

Pero que te den un premio a la trayectoria es fulminante en cuanto a significado: “trayectoria” significa que te ha dado tiempo a hacer algo, ¿no? Igual me equivoco. En realidad puedes haber hecho algo especial siendo muy joven. Ejemplos hay a patadas.

Así que no, no pensaré que me hago mayor, sino que sigo en proceso de obtener una versión de mí que me mole y con la que me sienta bien. No se crean, no es fácil autoanalizarse. A veces una se siente incómoda en ciertas etapas de la vida. Se autoexamina y descubre que hay partes de esa vida que no le gustan. Y se toman decisiones difíciles. Se huye de cosas que no hacen bien. Se crece, en definitiva. Puede que haya un cierto grado de aceptación en todo este proceso. Si no, sería insufrible. Pero una debe sentirse cómoda con esa aceptación.

¿Y todo este discurso a qué narices viene?

Pues a que me han concedido un honor inesperado: el premio “Mario Bohovslasky” de la ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Y me he puesto a pensar en qué narices habré hecho yo para merecer tal honor. He tenido que hacer una revisión crítica que no me ha llevado a ninguna gran conclusión (tienen que ver al resto de premiados para comprender mi desazón). En este proceso de autorevisión me he puesto a releer algunas de las cosas que he escrito en este blog en los últimos siete años y me he dado cuenta de algo: Siempre[en]medio ha sido mi casa, mi rincón, mi espacio para poder decir lo que me ha dado la gana, para dar voz a esa rabia, para maldecir y alabar, para contar y explicar, para lamentarme y alegrarme.

La comunicación de la ciencia la he hecho, principalmente, en los lugares en los que he trabajado. Me he sentido siempre afortunada por ello. Mucho. La divulgación la he hecho en otros lares (como Naukas o HdC) y en distintos formatos (descubrir la astrocopla de la mano de Manuel González ha sido de las mejores cosas que me ha pasado en los últimos años). Pero aquí he podido gritar. Esta parte de mí la redescubro cada vez que leo posts antiguos. ¿Soy yo así de directa? ¿Soy así de guerrera? ¿Esas palabras son mías?

Lo son. Son mías. Sin duda, me habré equivocado mil veces. Habré errado. Pero mi intención siempre ha sido aprender, comprender y compartir. En eso sí me veo siendo una escéptica con todas las letras. Así que ¡gracias! ARP-SAPC por concederme este premio: estoy totalmente abrumada y me habéis hecho muy feliz pero, sobre todo, me habéis hecho pensar.

Y ¡gracias! Siempre[en]medio, por ser mi casa, esa casa desde la que he podido ser la escéptica que recibe este premio con una sonrisa que no me cabe en la cara. ❤

 

P.D.: Desde aquí doy la enhorabuena a J. M. Mulet, miembro de la ARP-SAPC, que ha recibido el premio “Lupa escéptica” este año. Porque para cambiar las cosas (sobre todo en la tele) hay que implicarse. Y estar en el ojo del huracán no es fácil. 😉

 

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muletManda bemoles que a estas alturas nos tengamos que tragar un comportamiento tan patético como el de la señora, faltona y maleducada, Mercedes Milá el otro día en un programa de televisión. Yo, que vivo feliz con una tele sin antena, me enteré de esto por un grupo de correo electrónico. Y pinché el enlace. Y me quedé a cuadros cuando, tras la explicación del científico (muy divulgativa y completa) la señora en cuestión responde, no con argumentos para contrarrestar lo que había dicho J.M. Mulet (bioquímico invitado para explicar que el libro “La enzima prodigiosa” está lleno de barbaridades), no, sino diciendo que… él estaba gordo.

FACEPALM.

¡Ostras, señora, qué nivelón!

Lea usted más divulgación científica y aprenda a contrastar la información sin descalificar a las personas, que eso se llama hacer un “ad hominen” como un piano y pone de manifiesto su falta de capacidad para argumentar correctamente y tener un debate sano.

Aquí les dejo el enlace al momentazo televisivo para que vean qué bochorno más grande… Por si se quieren ahorrar el mal trago, también les dejo enlace a un artículo de Verne que lo cuenta con detalle. Con lo que tú has sido, Mercedes, hija…  qué vergüenza. 😦

 

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Dirán que es exagerado. Que a mí qué me importa que un medio angloparlante le de pábulo a un “periodista” graciosete que publica un artículo burlándose de los nombres que se le han puesto a unos asteroides. De hecho, tras mostrar mi indignación en twitter, hay quien me ha dicho que me relaje, que solo es la opinión de un tío al que no le gustan cómo suenan en inglés los nombres “Miguel Hernández” o “Javier Gorosabel”, entre muchos otros. Claro. Si tienen razón, por qué iba yo a mosquearme. Si el impronunciable nombre del periodista fuese criticado en alguna tribuna se nos trataría de xenófonos, o vaya usted a saber. Pero claro, los impronunciables son los nombres de dos personas que este señor ni se ha molestado en buscar.

Y como me ha tocado mucho las gónadas no pondré ni el enlace, les adjunto una captura de pantalla de la porquería de artículo graciosete que ha publicado el bicho este (en inglés, claro). Hasta grima me da…

Y ahora les explico por qué me ha molestado.

Javier Gorosabel.Hace unos años, en un congreso de astronomía, conocí en persona a un astrofísico (ya lo conocía antes de vista y de los impresionantes trabajos que había hecho) que no paraba de sonreír y que, aunque estaba afónico, estuvo cantando y contando chistes durante toda la cena del congreso con otro muy buen amigo. Ellos se conocían desde la facultad. Se notaba que era una persona encantadora. ¿Saben esas veces en las que una piensa “Merece la pena conocer a este tío, es muy grande”? Lo suyo era contagio de alegría.

Pocos meses después me entero de que ha fallecido. Con 46 años y una trayectoria brillante (solo tienen que ver las citas a sus trabajos científicos), Javier Gorosabel se fue. Dicen quienes le conocían que se fue valiente. A él se lo llevó un tumor cerebral y a mí se me partió el corazón. Por sus amigos, su familia y toda la gente que le quiso y le quiere.

La semana pasada el mundillo de la astronomía española se felicitaba porque habíamos conseguido nombrar dos asteroides con los nombres de Miguel Hernández (que murió encarcelado por el régimen de Franco a los 31 años de edad) y Javier Gorosabel. Era un homenaje póstumo, un mensaje hacia las estrellas. Una forma modesta, pero sincera, de hacer que sus memorias no se olviden.

Y llega el papanatas este con su graciosismo barato y dice que le suenan mal los nombres… ¿Y no puedo cabrearme?

¿Qué le costaba buscar en google? Para que vean que no somos los únicos con “periodistas” del estilo del #SoyCopérnico. Elementos de estos hay en todas partes. La estulticia es universal.

Y yo estoy hasta las gónadas de gentuza, oigan.

Para quienes quieran saber qué hacía Javier y cómo contaba las cosas, no se pierdan esta charla maravillosa. Yo no me quito la sonrisa de la cara. (La lagrimilla viene después).

 

 

 

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Cartel del "Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia". Crédito: María del Álamo Ortega @marialamortHay que ver lo complicado que es a veces ser feminista… Más que nada porque los “ismos” siempre me han dado yuyu. Así que cuando aprendí que el feminismo no es un “ismo” sino un reto por alcanzar la igualdad, ya era toda una señora (fetén, pero señora). Quiero decir que no he sido una joven activista incendiaria en temas de feminismo. Si lo hubiese sabido antes, si lo hubiese percibido antes, quién sabe. Pero ahora sí que me doy cuenta de muchas cosas. Y no es por la madurez, sino por la información.

Quienes me conocen saben de mi amor por la ciencia y, más que por la ciencia, por la búsqueda de un pensamiento crítico que nos haga tomar nuestras decisiones de la forma más autónoma posible. Así que, cuando empecé a ver informes, estudios y artículos científicos donde se analizaban las cifras, me quedé patitiesa. ¿Por qué seguía habiendo muchas mujeres brillantes en los escalafones de formación y pocas en los de dirección y toma de decisiones? Ya éramos conscientes de esto hace años y pensábamos que era cuestión de tiempo. Pero no. Ahí siguen los números. Mujeres brillantes en ciencias que son menos valoradas, peor puntuadas e invisibilizadas. Mujeres brillantes que están a la altura de sus compañeros y, sin embargo, siguen estando un escalón (o muchos) por debajo a la hora de, por ejemplo, elegir nombres para altos cargos o para premios.

Y lo peor es que nosotras mismas empezamos, desde muy pequeñas, a pensar que lo nuestro no son las ciencias, que no podemos ser tan brillantes como nuestros compañeros. No es que lo pensemos de forma consciente: es un sesgo (esta palabra me trae por la calle de la amargura, me paso el día preguntándome cuáles serán los míos…).

Así que, mientras seguimos estudiando y analizando dónde está el origen de estas desigualdades para intentar corregirlas, se hacen cosas como celebrar el “Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia“. Les recomiendo que visiten la página porque van a encontrar materiales de todo tipo, ya sean profes (hay biografías de grandes científicas para usarlas como material en el aula), alumnos (mujeres de la ciencia han enviado vídeos cortos que están en youtube donde cuentan, entre otras cosas, por qué les gusta lo que hacen) o ávidos lectores, como yo. Lean la sección “Mujer y ciencia“. La información es apabullante y da mucho que pensar y, si aún no conocían los datos, les aseguro que les van a impresionar.

Como he dicho en tuiter, “Hoy es el ‘Día de la mujer y la niña en la ciencia’. Hoy es un gran día. Hagamos que todos los días sean grandes”. 😉

 

P.D.: En la web de Naukas se están recopilando posts relacionados con mujeres y ciencia. ¡No se los pierdan que hay historias de ciencia maravillosas!

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Sí, es cierto. La gente se anda quejando porque el 2016 se ha llevado a personas y personajes. Es una mierda, pero ha pasado siempre. Cuando éramos jóvenes adolescentes también pasaba, pero nos daba un poco igual o no nos enterábamos (a excepción de Kurt Cobain, que la lió parda para toda una generación). Pero ya está bien de tanto lamentar que el 2016 se ha llevado a tal o a cual famoso… que la gente se hace mayor y se acaba muriendo. Ser tan sumamente conscientes de esas personas que se van solo es señal de que nosotros también nos hacemos mayores y de que la tele e internet son una forma de dar a conocer la información de forma muy rápida.

Sin embargo, sí que ha habido una persona que se ha ido, justo a principios de 2017, cuya muerte me ha hecho llorar. Me ha sentado como un tiro, qué quieren que les diga. Me he quedado ahí, sentada frente al ordenador, viendo esas palabras que no quería creer.

Natalia nació con una enfermedad genética, la Neimann-Pick C. En cuanto fue diagnosticada, su madre empezó una carrera de obstáculos, sabiendo que la vida de su hija iba a ser corta y difícil. Pero hizo lo que tenía que hacer: informarse a fondo sobre la enfermedad de su hija, intentar comprenderla y buscar soluciones reales. Y cuando digo reales, me refiero a luchar por aplicar tratamientos y ayudar en la investigación.

np_scientia

Y aquí va el mensaje importante: las enfermedades raras como esta, que afectan a un porcentaje muy pequeño de la población, deben ser investigadas y se deben invertir recursos en la búsqueda de soluciones que ayuden a paliar y, ojalá algún día, curar, estas dolencias.

Personas como la madre de Natalia, que luchan cada día para que esto sea así, merecen todo mi respeto y admiración. Sé que suena a frase hecha, pero es así. Les doy las gracias por enfrentarse a algo tan duro. A ella y a todos los familiares, amigos y conocidos que, a su alrededor, pelean cada día. Porque yo quiero que, con nuestros impuestos, se haga algo para que estas personas no se sientan solas en su lucha. La única solución es la ciencia. La ciencia, el amor y la solidaridad. La ciencia, el respeto por los demás y la inversión pública.

Conocí la historia de Natalia por una charla de José Manuel López Nicolás, amigo e investigador, más conocido como Scientia. Él cuenta la historia como solo él sabe hacerlo: desde el corazón y el cerebro.

 

“Hay personas que son como dientes de león.
Llegan, livianas, y, como vinieron, se van.
Tal vez las llegaste a conocer o, tal vez, ni siquiera eso.
Tel vez solo conociste su historia de forma indirecta.
Tal vez solo viste sus fotos en Facebook.
Tal vez te la contaron y no pudiste olvidarla.
Tal vez.
Sin embargo, cuando se van, es como si un agujero negro se hubiese tragado un universo entero.
Hay personas que son como diente de león.
Llegan, livianas… y se quedan para siempre”.

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Un fantasma recorre Europa. Qué coño Europa, ¡el mundo entero!

Me van a perdonar que hoy escriba desde las tripas, o con las tripas. Vamos, de golpe y muy sucio. Pero es que lo que voy a contar me roba la serenidad y la mesura. Y de algún modo hay que recuperarlas.

El fantasma que recorre el mundo es la desconfianza. La desconfianza en la ciencia. En esa ciencia que está intentando encontrar la cura del cáncer. Ese fantasma me desasosiega, se esconde en los rincones, o entre las páginas de un periódico, y me pega unos sustos que lo flipas. Y yo me cabreo mucho, porque tengo el estómago sensible y los nervios delicados.

Ayer en La Vanguardia leí un artículo, aparentemente aséptico, sobre el MMS (Miracle Mineral Solution, o Suplemento Mineral Milagroso). Es curioso que sus defensores no hayan caído en que hay un carcinógeno muy potente y tóxico, el Metil Metano Sulfonato, que comparte sus siglas, pero eso es otra historia. El artículo en cuestión presenta el “fármaco”, que no es más que dióxido de cloro (un desinfectante), como una herramienta cada vez más utilizada por pacientes oncológicos terminales y desde una posición, repito, aparentemente neutral, entrevista a una curada, a una médica que lo receta, a un divulgador y defensor, y ya al final a un catedrático emérito en Ingeniería Química. En el texto aparecen, con el mismo tamaño de letra e importancia en la oración, estupideces tales como “con tan solo tres gotitas, los niños se curaban de malaria”, “A mí no me importa si es legal o ilegal. Yo si veo que aquello es importante para el paciente y él lo quiere tomar, es su libertad”, “Uno de estos denominadores [comunes a todas las enfermedades] es que la mayoría son ácidos, y eso es lo que ataca porque es selectivo en PH [sic]”, “[el MMS] es tóxico si se respira. Lo mismo ocurre con el agua, puedes beberla pero no respirarla”, “Es potabilizar nuestra sangre, nada más” junto con advertencias tan serias como un comunicado de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios: “Su consumo puede producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia” o  del citado catedrático “Son sustancias tóxicas que atacan las células. Claro que mata bacterias, pero también te mata a ti porque elimina células sanas”. Como si todas esas palabras pesaran lo mismo.

(OJO: en versiones posteriores el periódico ha ido variando el orden, dando más peso al peligro del dióxido de cloro, pero tanto da)

La Vanguardia ostenta el triste honor de ser uno de los periódicos que más pábulo da a las pseudociencias y magufadas. Su sección La Contra ya ha dejado múltiples ejemplos de la banalización del mal. Da igual que el mismo periódico tenga una sección de ciencia, o que el martes se hiciera eco de la entrega del prestigioso Premi Internacional de Catalunya a Josep Baselga, Joan Massagué y Manel Esteller, tres investigadores catalanes que han hecho brillantísimos aportes al campo de la oncología.

Todo eso da igual, da igual la cantidad de gente que formen los equipos de estos tres científicos, o la porrada de años que hayan pasado investigando innumerables horas al día. Da igual la cantidad de científicos de todo el mundo que se devanan los sesos para siquiera llegar a arañar la superficie del tremendo y complejísimo problema que es el cáncer. Da igual la cantidad de avances que se hayan logrado con este exigente y lento pero seguro ritmo. Da igual. Siempre habrá alguien que con un simple “algo nos ocultan”, “no les conviene”, “curar no es rentable” siembre la semilla del fantasma. Todos los demás dejamos de existir. Solo existen los cuatro buitres farmacéuticos que manejan el cotarro. Que deciden quién vive y quién enferma. Y luego el charlatán de sonrisa enorme y vocabulario suave que nos abre los ojos y nos perdona la vida.

Entiendo al enfermo necesitado de esperanza. Yo lo soy y lo seré. Buscaré consuelo en la última mota de polvo del universo. Pero, ojo spoiler, los milagros no existen y la medicina no es perfecta  (lo sería si conociera los entresijos de la vida y la muerte, aunque no quisiera desvelarlos, como nos venden los magufos). Esos timadores nos engañan, o al menos lo intentan. Su responsabilidad al jugar con nuestra esperanza es enorme. Y aunque acabo de decir que los milagros no existen, espero que sí el infierno, y acoja a todos ellos con ración extra de fuego y tortura anal.

Y, ahora, me disculpen. Ya he sacado las tripas y tengo que descansar.

cellsxkcdcom

Cuando alguien te diga que un fármaco común o una vitamina “mata las células tumorales en una placa de Petri,” recuerda: Una pistola también lo hace. (xkcd.com)

 

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