Cosa de risa

Es difícil explicar la contienda de la Guerra Civil a los adolescentes, incluso a los veinteañeros. Me he visto en esa situación muchas veces por mi profesión docente. Creo que es importante conocer el pasado reciente de este país, las repercusiones de cuarenta años de dictadura y el golpe de estado que da lugar a ella. Es muy importante conocer la historia. Luego decidimos si queremos repetirla o no. Pero lo triste es repetirla sin tener conciencia de que esos hechos que la conforman ya han pasado. La misma piedra del refrán.

En el año 2011 firmé el guión de una película sobre la vida y la muerte del poeta Domingo López Torres (Los mares petrificados, se llamaba) en la que, con la urgencia del cine, contaba cosas que se resumen en palabras y frases visuales: poesía surrealista, amores, odios… y también prisión de Fyffes, alzamiento militar, juicios sumarísimos, ejecuciones incontroladas, cobardías, gallardías, pistolas, correajes, subversivos, camisas azules y peligrosos, muchos peligrosos. Intenté contar con ella algunos aspectos de la historia de España. (Propongo esto porque justifico que he dedicado cierto tiempo de mi vida a documentarme profundamente sobre el periodo 1936-1939)

Uno de los protagonistas (para mi uno de los malos, para muchos el héroe de la misma) de esa historia que sale en los libros de texto y que todos hemos estudiado (en la EGB, la ESO, en fin, en la escuela) era un señor muy serio siempre, bajito, militar de profesión. Francisco Franco Bahamonde. Cuando empecé a escribir esta mañana decía que yo creía que era difícil explicar la historia, sobre todos a los nacidos en este siglo XXI. Porque quizá aquellos hechos les resulten demasiado lejanos en el imaginario colectivo, demasiado en blanco y negro.

Pero es que es mucho más complicado hacerlo si las instituciones superiores del estado maquillan, confunden, tergiversan, ocultan, en definitiva tuercen la verdad de los hechos históricos.

El Tribunal Supremo, el más alto tribunal que hay en este país desmemoriado y cainista, asegura en la resolución de un auto sobre la exhumación del caudillo dictador que éste era jefe del estado desde octubre de 1936. Y es mentira. El más alto tribunal de justicia español miente en sus informes, porque en octubre de 1936 el jefe del estado español era Manuel Azaña, debido a que la Guerra Civil estaba en curso, y no acabó hasta abril de 1939. En octubre de 1936 Francisco Franco no era más que un militar sublevado, cabeza visible de un ejército levantado en armas y que quería, ansiaba, pretendía (por la fuerza, no por las herramientas de la democracia) ser jefe del estado. Lo consiguió, es verdad, pero tres años después. Y entre estas dos cosas hay muchas diferencias.

Por esto, y por otras muchas cosas (y personas y actitudes de personas e ideologías de personas) es difícil explicar a los adolescentes la historia, porque ni siquiera quien debe velar (es decir los aparatos del estado) por ella se la cree y la maquilla con los polvos y afeites de su interés.

Hay una novela del armenio William Saroyan que tiene, a mi juicio, uno de los mejores títulos jamás escritos: Cosa de risa. Con todo esto que estamos leyendo es un título que vendría perfecto para definir este paisito: cosa de risa.

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