Gracias, electricistas noruegos

Nunca había oído hablar hasta hace algunas semanas de que la mayor confederación sindical de electricistas noruegos (unos 37.000 afiliados) ha donado desde 2014 unos 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de España, con el fin de contribuir a la exhumación de las fosas del Franquismo.

Sí, noruegos, han leído bien. Lo primero que pensé fue en cómo habían llegado los noruegos a interesarse por esta asociación y su ímproba labor, que se enfrenta, si nadie lo remedia en las enmiendas, a un nuevo presupuesto del Estado, elaborado por ‘este nuestro gobierno’ del PP, para la que se asigna la temerata cifra de cero euros.

Dejando a un lado la miseria que supone ignorar a tantos miles de muertos que provocó una dictadura como la franquista y muchas de cuyas familias piden aún hoy honrar su memoria permitiéndoles investigar y exhumar algunas fosas donde yacen algunos de los más de 100.000 cuerpos desaparecidos, si yo fuera Rajoy o alguno de sus adláteres ministeriales sentiría la más terrible de las vergüenzas de pensar que tienen que venir ciudadanos extranjeros a interesarse y financiar una causa más que justa.

Emocionantes debieron ser aquellos encuentros en que la delegación de electricistas noruegos, tras varias visitas a nuestro país y reunirse con los responsables de la ARMH, permitieron con su donación, en el verano de 2014, encontrar los restos de Perfecto de Dios, por ejemplo, asesinado tras una refriega con la Guardia Civil en 1950.

No ocultar la historia de una nación, más aún si ha sido tan terrible como las décadas de dictadura tras una fratricida Guerra Civil, debería formar parte de las acciones de cualquier gobierno que entendiera que no esclarecer lo que sucedió en todas esas fosas es ir en contra de su propia identidad. Le dio igual a este Gobierno que la ONU le levantara los colores en 2014 de una forma tan tremenda. Así lo resumió el relator especial de Naciones Unidas, Pablo de Greiff, en su informe sobre memoria histórica en España: “No se estableció nunca una política de Estado en materia de verdad, no existe información oficial, ni mecanismos de esclarecimiento de la verdad. El modelo vigente de ‘privatización’ de las exhumaciones, que delega esa responsabilidad a las víctimas y asociaciones, alimenta la indiferencia de las instituciones estatales…”.

Sigamos dando la espalda a nuestra historia. Mientras tanto, lo que tenemos que hacer, al menos, es darle las gracias a los electricistas noruegos y a tantos miles de ciudadanos españoles que con su aportación privada financian esta causa.

 

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