De la vida y de la gente: 35 años de AFU

La primera vez que supe de la AFU, mis entonces compañeros de piso y yo acabábamos de salir de la biblioteca tras una larga jornada de hincar codos, cuando nos topamos con el pasillo de la Central de la Universidad de La Laguna lleno de gente, porque, al parecer, iba a comenzar una actuación musical en el Paraninfo; y decidimos entrar. Entre la aglomeración, pude atisbar que la puerta del recinto estaba flanqueada por dos personas ataviadas con vestimenta tradicional. Me quedé petrificado al advertir que la mano que me entregaba una octavilla y los ojos que me miraban con fijeza pertenecían a la misma chica de la que me había —en silencio— enamorado al verla cruzar la Avenida Trinidad unas mañanas atrás. No recuerdo nada más hasta que minutos después la oí cantar; y hube de levitar en el patio de butacas.

Esto ocurrió cierto día de 1998, en el que, según mis cálculos, la AFU, la Agrupación Folklórica Universitaria, debía de celebrar con aquel concierto su décimo quinto cumpleaños. Hace un par de semanas festejó por todo lo alto nada más y nada menos que su trigésimo quinto, para feliz gozo de toda Canarias; no exagero.

Y es que la AFU porta en sus genes el alma popular de todo el archipiélago, desde que, al parecer, una estudiante de Derecho a la que no dejaron entrar en una tuna diera alas a un grupillo de chicos y chicas que andaban desesperados por canalizar sus intereses por los cantos y bailes de la tierra. La bendita osadía juvenil hizo el resto: con vestimentas donadas por varios Cabildos, algún dinero afanosamente recopilado y más de una hora de retraso, el 30 de mayo de 1983 una amalgama ilusionada se subió al escenario del citado Paraninfo lagunero y comenzó a cantar y a bailar (por caprichos del destino, el mismo día en que se acababa de constituir el primer parlamento autonómico, por ello señalado desde entonces Día de Canarias). Y no han parado. Y ello no es nada fácil.

Centenares de personas procedentes de cualquier lugar entre las puntas de la Orchilla y de Fariones, y algunas de allende los mares, han pasado durante estas más de tres décadas por sus filas, tejiendo, destejiendo y volviendo a tejer cada nuevo curso estudiantil un admirable proyecto colectivo, paradójicamente efímero y perdurable, que ha irradiado cultura, etnografía y amor patrio a todas estas islas atlánticas.

La gran familia de la AFU sobre el escenario del Paraninfo lagunero durante la conmemoración de su XXV aniversario
Amplia representación de la gran familia AFU por su XXXV aniversario (imagen Afu La Laguna)

Todo ello y más se cuenta en el interesante libro ‘Por los pasillos de la Universidad: Agrupación Folklórica Universitaria, La Laguna, 1983-2018’, cuya lectura evidencia cómo sus componentes han hecho región de verdad, sin chovinismos, con alegría y acaso también sin pretenderlo, al tiempo que aprendían, al socaire de una folía o de La Caringa, muchas cosas «de la vida y de la gente», como bien deja dicho en la obra una de sus componentes de más tiempo.

Durante algunos años, el arriba firmante, que ni canta ni baila (aunque alguna vez se atrevió a hacer ambas cosas delante de gente), anduvo como una suerte de elemento satélite de este grupo, al que le tengo un enorme cariño; lo hice básicamente para que algún despistado tuviese presente que «ésa que canta sí tiene novio»; y es que aquella chica de la puerta del Paraninfo comparte vida conmigo casi desde entonces, en lo que ha ido del 15º al 35º cumpleaños de la AFU. ¡Muchas felicidades!

Detalle de un recordatorio de AFU por su XV cumpleaños, cuando el 'affaire' de la puerta
Recordatorio del feliz día que conocí a la AFU

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