Feeds:
Entradas
Comentarios

El anuncio por parte de Arturo Pérez-Reverte, a través de su cuenta de Twitter, de que la Real Academia de la Lengua Española va a aceptar la utilización común de “iros” en lugar del más correcto “idos” ha sido la última polémica en el uso de nuestra lengua castellana, no exenta de ellas. Muchos llevamos algún tiempo comportándonos como auténticos talibanes de la lengua, mostrándonos más inflexibles que los supuestamente rancios y apolillados académicos que ahora les da por aceptar usos incorrectos de vocablos o tiempos verbales. Lo que no parece que tengamos en cuenta es que la lengua es algo vivo y en continuo movimiento y evolución. Que desde siempre ha sido la forma en la que la gente habla lo que le da forma y la modifica, y no unos señores sentados en sus sillones que lo único que hacen realmente es dar fe de esos cambios y ponerlos en negro sobre blanco. De esa forma desaparecieron expresiones como “vuesa merced” o la pronunciación aspirada de la letra “H” y tantas y tantas otras; y a la lengua castellana no le pasó nada ni se puso en peligro por ello.

 

Ahora nos da también por preocuparnos por la introducción de palabras anglosajonas para nombrar cosas que ya existen en español, no vaya a ser que los ingleses nos vuelvan a invadir, esta vez comenzando por el idioma. Que desde hace mucho tiempo digamos “sandwich”, “poster”, “fútbol”, etc., en lugar de “emparedado”, “cartel” o “balompié” y que aquí siga el idioma español tan vivo y tan campante, parece que no lo tenemos muy en cuenta. Desde mi punto de vista, que el castellano asimile palabras de origen extranjero no lo debilita o lo pone en peligro, sino que lo enriquece con nuevos vocablos, significados y matices.

Por eso yo voy a seguir utilizando “spoiler”, “hype” o “tablet” en lugar de “destripe”, “expectativa” o “tableta”, porque esas palabras foráneas me aportan unos matices que no hacen sus equivalentes en castellano. Y no creo que haya que rasgarse las vestiduras por ello. Como tampoco porque la R.A.E. de visto bueno a lo que hace casi todo el mundo que habla en castellano: decir iros en lugar de idos.

El camino hacia la igualdad no ha sido fácil. Nuestras antecesoras tuvieron que luchar mil batallas, recibir mil golpes, caminar solas mil veces cargando la losa del qué dirán muchos hombres e incluso de muchas otras mujeres rancias ancladas en conservar valores antiguos por encima de sus propios derechos. Algunas por religión, otras por educación. Como aquellas que aprobaron la ablación genital de sus hijas y hermanas con el cerebro totalmente absorbido o las que siguen tachando de zorras a la que viven su sexualidad con libertad.

Gracias a ellas, a las valientes (y a los que las apoyaron), nosotras tenemos el terreno más moldeable y ya es casi insólito, por ejemplo, que alguien se ponga de parte del agresor ante un abuso, -¡estaría bueno!- Sin embargo, y sobre todo cuando las agresiones son sexuales, hay ciertos comentarios que no se limitan a señalarlo a él. Esto pasa en todas partes, supongo, pero San Fermín se ha apoderado para su desgracia de la etiqueta de “la fiesta de los abusos sexuales”, tanto, que hay extranjeros que viajan a Pamplona de borrachera, de encierros y de toqueteo. (Y españoles también).

Y comienza julio y amanece con las noticias de agresiones sexuales a las que siguen comentarios como: «es que las chicas deberían prevenir que les metan mano evitando entrar en la plaza durante aglomeraciones», y yo, que no he ido a esa fiesta nunca, me imagino a una chavalita cruzando por otra calle, evitando la multitud porque lo “normal” es que sufra algún abuso si pasa por ciertas zonas y me dan ganas de volver al medievo y cruzar la plaza cortando manos a machetazos, así sin mayor cortesía ni escrúpulo, como el botones de Four Rooms convencido por Tarantino.

«No es que ellas tengan la culpa, pero claro, si se pusieran pantalones bajos quizás evitarían llamar la atención de los agresores sexuales», y piensas pero ¿hasta cuándo la responsabilidad en la mujer que viste como le da la gana, que camina como le da la gana y que vive como le da la gana? Se trata el tema como si se quemaran después de haber caminado sobre el fuego. Como si fuera inevitable en el mismo grado que lo es que el fuego queme.

«Vale, te violaron, qué cabrones. Pero podías haber hecho más por evitarlo». Estas insinuaciones que podrían derivar, si lo permitimos, en ir tapadas con burkas sin que se nos vean siquiera los ojos por lo que pueda provocar a un hombre una mirada, son patéticas. Bajo ningún concepto se debería promover el mensaje del miedo. Los que obran mal son los agresores y punto. Más seguridad, más denuncias, más sanciones y más compromiso de quienes son testigos y no hacen nada. No ceder nunca. Si nuestras bisabuelas, aquellas que dieron un paso al frente, hubieran seguido agachando la cabeza, cambiando de calle, evitando áreas de hombres, ni siquiera tendríamos derecho a votar.

Gotaddiction

Juego-de-Tronos-desvela-la-fecha-de-estreno-de-su-septima-temporada_landscape

Lunes 17 de julio, todos los calendarios del mundo friki y no tan friki de las series de culto señalan esta fecha como una de las más importantes del año. Estábamos acostumbrados a que allá por el mes de abril comenzara cada año la nueva temporada de Juego de Tronos (Games of Thrones) y este nos han hecho esperar nada menos que tres meses más. Tres meses que se nos han hecho eternos y en los que no han parado de salir noticias acerca de lo que va a pasar en esta nueva temporada.

Parece mentira que ya hayan pasado 6 años desde que se estrenó la primera temporada allá por el 2011. Nada menos que 23,3 millones de personas han visto la sexta temporada de Juego de Tronos. Son cifras que no han hecho más que subir como la espuma desde que se estrenó esta serie que a todos engancha.

Pero…¿qué tiene realmente Juego de Tronos para que nos enganche tanto?, ¿por qué nos sentimos tan identificados con ella siendo una serie de ficción? y sobre todo… ¿Quién no se ha referido a La Laguna como “El lugar más allá del muro”?

Los personajes: Ninguno es simple, ni siquiera Hodor, todos son complejos, enigmáticos, sorprendentes y cambiantes. Un personaje que hoy odias a muerte y que es malo malísimo mañana puede terminar gustándote y pasar a ser bueno y viceversa. Pasar del amor al odio no es tan raro en GOT. Eso sí, no te encariñes mucho con ninguno que lo eliminan en menos que canta un gallo.

Resulta increíble también la gran cantidad de personajes que aparecen en la serie, yo debo confesar que no los conozco a todos y que ha veces me nombran a alguno y me quedo como…¿Cualo?.

Dragones: Un mundo imaginario en el que existen los dragones, esos bichejos a los que hemos visto nacer y crecer y que no sabemos muy bien si son buenos o malos. ¿No os habéis imaginado alguna vez acariciándolos o volando sobre ellos? Yo debo confesar que sí, me fascinan y me dan miedo a partes iguales. Además, creo que todos queremos ver el papel definitivo que van a desarrollar en la serie porque hasta ahora sabemos, sobre todo, que pueden hacer mucha pupita, pero no se les ha visto ahí en su salsa lanzando fuego a diestro y siniestro.

El argumento: Miles de historias dentro de una sola, la lucha por el poder, pero todas se entrelazan y desarrollan de forma sorprendente e inesperada, nos tienen en vilo cada temporada. No me he aburrido ni un solo capítulo de la serie y eso es difícil de conseguir conmigo. Aparte hay mucho paralelismo con lo que es la historia, sobre todo con la de Inglaterra en la época medieval.

Lo que se ve: Juego de Tronos siempre ha sido una serie muy explícita en cuanto a las escenas: penes, culos, tripas, tetas, sangre… no existe el pudor y nos ha acostumbrado a escenas de sexo y de violencia nada habituales, aunque ya nos parecen hasta normales.

Aparte de esto, los paisajes son abrumadores y las localizaciones se han convertido en lugar de peregrinación para los grandes seguidores de la serie. En España tenemos algunas de ellas por lo que nos podemos sentir orgullosos de nuestra aportación a una de nuestras series favoritas.

Las múltiples teorías y el juego que dan (puede contener spoilers): Aquí vienen algunas de las grandes teorías que se barajan en la serie, unas más creibles que otras.

La que ya se ha confirmado es la de que Jon Nieves es el hijo de Lyanna Stark y Rahegar Targaryen, si esto es así… ¿Jon también tendrá el poder que tiene su hermana con el fuego?, ¿podrá controlar a los dragones como lo hace Daenerys?.

Otra de las teorías que se baraja es la de que Tyrion Lannister sea hijo de Aerys Targaryen (el Rey Loco) y Joanna Lannister, a mí esta teoría me cuesta más creerla en cuanto a que no van a ir saliendo Targaryens de cualquier rincón, creo que con uno ya han logrado sorprendernos y que no habrá más sorpresas de este tipo, pero evidentemente me puedo equivocar.

La que más me gusta, que Jaime se cargue a Cersei, no es para menos. Jaime es un personaje que con el tiempo he llegado a apreciar mientras que Cersei me parece la bruja mala de Blancanieves. Esta teoría está relacionada con la profecía que le hicieron a Cersei cuando era niña y que de momento se ha ido cumpliendo, sus tres hijos han fallecido.

Hay teorías mucho más descabelladas que podéis consultar, algunas más creíbles y otras por supuesto que menos.

De lo que estoy segura es de que no nos va a decepcionar y que todo este tiempo  de espera habrá valido la pena. Yo ya tengo preparado lo que necesito para verla, cotufas, algo fresquito y mi chico al lado para, juntos, disfrutar y elucubrar nuevas teorías de la séptima temporada. ¿Y tú, tienes ya elaborada tu teoría?

 

Hay ciertas palabras en otros idiomas complicadas de traducir porque tienen un significado (normalmente complejo) para el que no existe una palabra en español.

Mi palabra extranjera favorita era saudade (portugués): echar de menos algo o alguien, sentimiento provocado por la distancia o el tiempo; pero ha sido incorporada recientemente al español (en el DRAE la definen como: soledad, nostalgia, añoranza), así que ya queda fuera de esta categoría. También usé en otro post como título, porque me había llamado la atención, la palabra mata-ego, que significa en rapa-nui: ojos con señales de haber llorado. Vamos, que despierta mi curiosidad esto de los «palabros» diferentes y de cómo el lenguaje nos permite (o limita) expresar ciertos sentimientos universales.

Comparto aquí mi selección personal, algunas porque las encuentro hermosas y otras, por curiosas. ¿Con cuáles te quedas tú? (la última se va a poner de moda, aviso).

 

Cafuné (portugués de Brasil) – Pasar los dedos suavemente por la cabeza de otra persona.

Culaccino (italiano) – Marca que dejan en la mesa los vasos fríos.

Gaman (japonés) – Determinación para afrontar los obstáculos en la vida, de persistir en el intento con paciencia y dignidad, aún frente a aquellos desafíos que parecen insuperables.

Gigil (tagalo, Filipinas) – Irresistible deseo de pellizcar o estrujar a alguien.

Gökotta (sueco) – Intención de levantarse temprano para escuchar los pájaros o apreciar la naturaleza.

Hanyauku  (rukwangali, Namibia) – Caminar de puntillas sobre la arena caliente.

Hyggelig (danés) – De manera literal sería algo así como “sentirse cómodo en un lugar acogedor”, disfrutar de cosas relajantes, estar realmente a gusto con lo que te rodea.

Iktsuarpok (inuit) – Ansiedad por la llegada de alguien que hace que salgas afuera a cada rato para ver si ya está allí.

Jayus (indonesio) – Un chiste con tan poca gracia y tan mal contado que uno no puede evitar reírse.

Komorebi (japonés) – Luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles.

Laotong (mandarín, China) – Amistad y cercanía extrema entre dos mujeres que se sienten como hermanas gemelas.

Mamihlapinatapei (yagan, lengua indígena de Tierra del Fuego, Argentina) – Mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean algo, pero que no son capaces de dar el primer paso.

Mangata (sueco) – el surco luminoso que crea la luna reflejada en el mar.

Meraki (griego) – Hacer algo con amor y creatividad, poner el alma en el trabajo.

Mudita (sánscrito) – Disfrutar de la felicidad ajena.

Orenda (hurón) – El poder de la voluntad humana para cambiar la realidad frente a fuerzas poderosas,  como el destino.

Shinrin-yoku (japonés) – Relajación conseguida al bañarse en el bosque, en sentido literal o figurado.

Tarab (árabe) – Estado de éxtasis o embelesamiento provocado por la música.

Tartle (escocés) – Momento de vacilación al presentar a alguien porque te has olvidado su nombre.

Tingo (pascuense, de la Isla de Pascua) – Acto de llevarse de la casa de un amigo los objetos que uno desea, pidiéndoselos prestados paulatinamente.

Utepils (noruego) – Sentarse afuera un día soleado o caluroso a disfrutar de una cerveza fría.

Viraha (hindi) – Descubrimiento del amor a través de la separación.

Voorpret (holandés) – Disfrutar por adelantado de un evento.

Wabi-Sabi (japonés) – Encontrar la belleza dentro de las imperfecciones de la vida y aceptar la fugacidad de la belleza.

Wanderlust (alemán) – Pasión por viajar, fuerte deseo de conocer y explorar el mundo.

bla final

Vaya título el de este artículo. No teman, únicamente voy a resumir mi criterio para distinguir a alguien que sepa jugar al fútbol, que no es más un juego.

Saber jugar al fútbol no es necesariamente hacer filigranas por doquier. El mundo balompédico, desde la cancha escolar hasta la élite, está plagado de gente capaz de puros malabarismos e incapaz de tomar una decisión coherente en el discurrir del juego.

Saber jugar al fútbol no es necesariamente meter goles. Claro que quien lo haga parte con una gran ventaja (pues es lo que decanta ganar o perder el juego), pero su labor es incompleta si se despreocupa de otras labores de equipo, que son las más. Quién no ha odiado jugar con aquel que jamás da un pase y tira a puerta nieve o solee.

Saber jugar al fútbol no es necesariamente tomar decisiones coherentes y ser solidario dentro del campo de juego. Claro que quien cumpla ambos requisitos ya tiene bastantes probabilidades de pasar mi filtro. He conocido gente que, mal que bien, los cumplía pero nunca se preocupó de guardar un mínimo respeto al vestuario, que, en efecto, tiene sus códigos; minusvalorar o despreciar al suplente que te sustituye en la banda es una de sus más altas violaciones.

Discernir este último requisito es casi imposible para quienes seguimos al fútbol de mercado. Así que todo juicio al respecto será imparcial. Pero como es un juego, no temo emitir juicios imparciales. Y ésta es una síntesis: anticipar y pasar; ir al espacio y crear una solución; dar el pase atrás y fabricar un gol: Modric en el minuto 64 de la última final de la Champions.

cardiff-united-kingdom-03-06-2017-real-madrid-s-luka-modric-front-passes-the-assist-for-cristiano-ronaldo-unseen-3-1-lead-during-the-uefa-champions-league-final-between-juventus-fc-an

Concluyendo la lección (imagen: Reuters)

[In memoriam: cómo te gustaba el caballito rubio, padre]

 

 

No es la primera vez que hablo de este hombre en el bosque. Tengo predilección por él, por sus libros, por la espiritualidad y el reposo que me inspiran y, sobre todo, porque fue un visionario en cuanto a la relación entre el hombre en progreso y la Naturaleza. Esta semana, se ha conmemorado (poco, la verdad) el segundo centenario del nacimiento de Henry David Thoreau , escritor y naturalista estadounidense que presumo no está en nuestros planes educativos, aunque nos haría a todos más felices conocer su filosofía de vida y su obra. Defendió los valores democráticos, luchó contra la esclavitud, estableció una relación personal con la Naturaleza y auguró, hace dos siglos, que el sistema productivo acelerado y masivo nos llevaba a la enfermedad, a la nuestra y la del entorno que nos alimenta.

Y no clamó al desierto desde la comodidad de un ciudadano de posibles, sino que en 1845 se mudó a la laguna de Walden, donde construyó él mismo la cabaña en la que vivió durante dos años, con sus nevadas invernales incluidas. Sus experiencias las recogió en Walden, quizás su libro más famoso, donde reúne las reflexiones que sobre la vida y el mundo le granjeó la soledad buscada en plena Naturaleza. Si hoy levantase la cabeza, estoy segura que Thoreau querría volver de inmediato al bosque, horrorizado de la evolución de la sociedad capitalista más salvaje y de los discursos de aquellos que niegan el cambio climático y el efecto negativo del hombre sobre el medioambiente.

portada de libro Walden de Herny David Thoerau

Portada de Walden, editado por Errata Naturae.

 

 

Grapecity @ Flickr.com (CC BY-SA 2.0)

Grapecity @ Flickr.com (CC BY-SA 2.0)

Hace unos años que me he pasado al lado oscuro del periodismo (aunque por cierto nunca me dejé ver mucho por el luminoso). Sea como fuere, en este nuevo rol de vendemotos me toca tratar de buscarle sentido a las estadísticas. Audiencias en general y audiencias de redes sociales en particular.

Es un asunto pavoroso, créanme. Porque si los números y las redes ya son terribles por separado, imagínenselos juntos.

Vamos a ello. En el caralibro tengo algo así como 450 amigos. Suponiendo que tengan razón quienes afirman que por este país transitan más de un millón de psicópatas puros, en mi muro deben habitar más o menos ocho. Por sanidad mental me permito ignorar a los psicópatas integrados.

De la misma forma, y siendo generosos, entre los caballeros habrá también como mínimo un maltratador y medio (el resultado de extrapolar los datos de violencia de género del año pasado: 142.893 denuncias, repartidas entre 19.251.703 hombres mayores de 15 años y admitiendo la falacia de que cada uno de los aludidos solo es denunciado una vez).

Aun sin llegar a esos extremos, es desolador comprobar los ejemplos de vileza, cobardía, ensañamiento, mentiras dolosas y manipulaciones que se deslizan todos los días bajo la cabecera azul. Nadie es perfecto y tanto yo como mi grupo de afines protagonizamos una parte proporcional de esas atrocidades. Mejor no ponerse a multiplicarlas por 365 puestas de sol.

Se me dirá, no sin razón, que el problema no está en los datos sino en la mirada. Que entre esas mismas personas y en alguna medida dentro de mí mismo existen valores elevados en cantidades equivalentes o superiores al catálogo de abyecciones que acabo de describir. O que el mismo concepto de amigo no resiste en este contexto ni medio asalto. Y quiero pensar que así es (de hecho me consta), porque en caso contrario mejor no me levanto de la cama.

Pero ahí quedan las malditas estadísticas. Por muchas razones, va siendo hora de cambiar de trabajo.

A %d blogueros les gusta esto: