Henrietta Leavitt y Jocelyn Bell (#WomeninStem, #JuevesCientíficas)

Henrietta_Jocelyn
Ilustraciones de Celestí Crespo Olives realizadas para la exposición “Investigadoras en la luz y en las tecnologías de la luz” .

Hoy, 11 de febrero, es el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia“. Así que nos hemos propuesto hablarles de mujeres científicas molonas desde un montón de blogs (busquen las etiquetas #WomeninStem o #JuevesCientíficas). Yo voy a hablarles brevemente de dos astrofísicas, ambas impresionantes y con un triste paralelismo en cuanto a la falta de reconocimiento a su trabajo (en el caso de Henrietta, total invisibilidad hasta hace unos años).

Henrietta Leavitt es la mujer gracias a la cual hoy podemos medir grandes distancias en el universo (lo cual llevó al descubrimiento de la expansión del universo, que se dice pronto). Formaba parte del “Harén de Pickering”, quien, por aquel entonces, era el director del Observatorio de Harvard, donde se contrataba a mujeres porque salían más baratas. Allí trabajaba Henrietta (al principio trabajó gratis) junto con un equipo de mujeres llamadas “calculadoras” porque se limitaban a analizar placas fotográficas. ¿Se limitaban? De ese grupo de mujeres que “solo” analizaba fotos, surgió parte de lo más granado de la astrofísica del siglo XX. Williamina Paton Stevens Fleming, Annie Jump Cannon, Antonia Maury… Henrietta Leavitt descubrió la relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas Cefeidas, un tipo especial de estrella que “pulsa”. Pero no la dejaron seguir estudiando las Cefeidas. La pusieron a hacer otras cosas. Fue propuesta para el Nobel cuando llevaba cuatro años muerta y enterrada. Por supuesto, otros utilizaron su descubrimiento y “descubrieron” la expansión del universo.

Jocelyn Bell enamora cuando habla. La he visto dos veces en charlas públicas y, no solo tiene un inglés cristalino, sino que habla como si te estuviera contando un cuento, como si te meciera. La primera charla a la que asistí fue sobre agujeros negros (pueden verla aquí). La segunda fue con motivo de un homenaje que le brindó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): le entregaron la Medalla de Oro que otorga la institución. Allí nos contó la historia, casi día a día, de cómo descubrió los púlsares en 1967. Se jugó muchas cosas, porque no era más que una estudiante de postgrado de 24 años y aquello que veía en los datos podía no ser nada. Pero sentía que había algo e insistió. Se iba en bici, a veces bajo la lluvia, a revisar los datos de las antenas que ella misma y el resto de estudiantes ponían a punto. Los púlsares son los restos de la explosión de una supernova que emiten una radiación muy intensa a intervalos cortos y regulares (es una estrella de neutrones que gira y, para nosotros, es como ver la luz periódica de un faro). Como dicen en la página del CSIC: “Seis meses después de las primeras observaciones se publicó un artículo sobre el descubrimiento en la revista Nature y, en 1974, Hewish compartió por este hallazgo el Premio Nobel de Física con Martin Ryle”.

Dos grandes mujeres apartadas de su merecido reconocimiento. Pero para eso están iniciativas como #WomeninStem (o #JuevesCientíficas). Para hacer que estas injusticias desaparezcan.

P.D.: Para saber más sobre la astronomía que hizo Henrietta, no se pierdan su videoblog (¿cómo?). Sí, su videoblog hecho por el Instituto de Astrofísica de Andalucía. 😉

 

Ilustraciones de Celestí Crespo Olives realizadas para la exposición “Investigadoras en la luz y en las tecnologías de la luz

 

 

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