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Reales

Te levantas, bostezas, te pica ligeramente la etiqueta de la braga porque, por enésima vez, se te olvidó cortarla. Ya ni se lee la talla, pero casi mejor, porque ese 42 se te clava en el alma. Te estiras, con cuidado de no despertarle, y vas al baño. Allí te lavas la cara con un jabón ph neutro que te regala tu madre, te echas el sérum radiante, el contorno de ojos atenuante y la crema hidratante. Desayunas unos cereales con fibra y un café con stevia , te tomas el propóleo y la píldora y te vas de nuevo al baño. Él ya se ha levantado y se afeita, mecánico. Tú te acurrucas sobre su espalda, aún cálida del sueño despertado abrupto con las noticias. Ébola, algo de Ucrania, policías corruptos… El mundo gira con la bola de tu desodorante, sin alcohol, para mujeres reales. Te gustan las publicidades así, piensas mientras te echas el anticelulítico. Insistiendo en los leves hoyuelos, le ves bostezar y sonreírte ante el espejo, te da un cachete cariñoso en el culo pringoso y sale del baño.

Mientras él desayuna, te vistas y mientras él se viste, te maquillas. No mucho. Corrector de granos, cubreojeras, base de maquillaje, BB crean, rímel al final de las pestañas y algo de brillo en los labios. Como hace poco que habéis vuelto de vacaciones, no te hace falta colorete, piensas triunfal. Hoy vas normalita a trabajar, unos pantalones y una blusa femenina. Sin tacón. En el ascensor, coincidís con la vecina de arriba, la del sexto, la que debe ser modelo o algo así. Ligeramente perfumada, más victoriosa que tu cara sin colorete, llena con su 1,80 de altura los ojos de tu chico y tu envidia. En el segundo piso, sube fatigada -a estas horas ya- una abuela. Ya no cabe nadie más. A la anciana la conoces, va a buscar a su nieta para llevarla a la guardería, de donde la recoge para llevársela a su casa, mientras sus padres se cansan en trabajos mal pagados que dan de comer pero no de jugar a la cría. Andrea, se llama, según te contó su abuela una vez.  Andrea es también la modelo. Andrea se llama la abuela, de las primeras con ese nombre en nuestro país. Andrea te llamas tú.

La luz se va, el ascensor se para y la abuela respira fuerte. La modelo y tú miráis el reloj del móvil antes de gritar pidiendo auxilio, por la alarma del ascensor no parece despertar a nadie.

Quince.

Veinte.

Treinta minutos.

Se abre al fin la trampilla de arriba del cubículo y aparece la cabeza del jefe del equipo de rescate, que le dice a tu chico, con voz enérgica: “Ayúdanos a sacar a una”. ¿Solo a una? “Sí, somos el equipo de rescate de mujeres reales, sabes que últimamente ha habido muchos casos de mujeres falsas, amigo”. Tu novio responde con una mueca, sin mirarte, y le pregunta al jefe del rescate si solo hay una mujer real en el ascensor, dos o las tres que estáis en ese momento mirándole con cara de odio. “Sí, solo hay una que es real. ¡Las otras no lo son! Hay que salvaguardar a la mujer real, tío, así que… Ya sabes, elige.”

¿A quién elegirías tú?

¿Cuál de estas tres Andreas es más real? ¿La de la talla 42 o la que parece anoréxica? ¿La gorda abuela? ¿Por qué se nos intenta vender que la mujer real es la que tiene más o menos curvas? ¿Son los kilos o su ausencia los que hacen verdaderas a las mujeres? ¿Por qué no se habla de hombres reales?

¿A quién elegirías como la más real de las tres mujeres?

Olvídate de realidades. Busca naturalidad. Lo natural, no lo que la sociedad te dice, no lo que las canciones escritas por y para el síndrome premenstrual te aseguran. No lo que las películas o las series escritas por hombres ponen en pantalla. No bajes la mirada si no quieres, pero tampoco mires de frente si no te apetece. Qué estupidez.

Recuerda que los que te hablan de mujeres reales y sin complejos, en realidad se aprovechan de éstos para venderte una crema. Usa tú a la crema y no dejes que te utilicen a ti.

Y despierta, Andrea, que esto solo es un sueño, tu novio sigue roncando y la modelo del sexto nunca se levanta tan pronto.

Amaya Moro-MartínLes pongo en antecedentes: Amaya Moro-Martín es una astrónoma española que se formó y trabajó en EEUU y Alemania y quiso regresar a España. Le dieron uno contrato Ramón y Cajal (contratos de cinco años), una iniciativa que pretedía atraer talento a nuestro país y que, durante unos años, fue la única herramienta para hacerlo, hasta que comenzó el declive de este proyecto. Plazos dilatados para ahorrarse el dinero de los contratos, años vacíos sin convocatorias, y el incumplimiento de un compromiso: facilitar que, tras esos cinco años de contrato, pudieran quedarse en España convocando plazas a las que pudieran optar (decía el BOE de abril de 2001 que “El fin último del Programa Ramón y Cajal, que ahora se pone en marcha y que pretende incorporar a doctores, en los centros españoles de investigación y desarrollo tecnológico (I+D), es crear las condiciones para su integración en el sistema español de ciencia”).

Amaya trabajó en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) y cuando vio cómo estaba el patio, y lo difícil que era mantener una familia y hallar un mínimo de estabilidad tras la finalización de su contrato, (como tantas otras personas en su misma situación), con un bebé recién nacido, dedicó sus 4 meses de baja por maternidad a buscar trabajo en Estados Unidos.

Pero no salió huyendo sin más: ante la situación de ruptura que se estaba provocando en la ciencia española, hizo lo que cualquier persona inquieta y comprometida: contar lo que estaba pasando. Ella tenía ya su problema solucionado (trabaja en el Space Telescope Science Institute de la NASA, ahí es nada), pero, una vez más, manifestó su preocupación por la situación de la ciencia en toda Europa a través de una carta firmada por varios investigadores europeos y publicada en la prestigiosa revista Nature. Y aquí viene lo más rocambolesco de esta historia.

En uno de los comentarios sobre la situación de la ciencia en los países del sur de Europa, comenta que “… Portugal podría tener que cerrar la mitad de sus unidades de investigación a causa de un proceso de evaluación defectuoso, apoyado por la ESF”. La ESF (European Science Foundation, Fundación Europea para la Ciencia), en vez de argumentar y defenderse con documentación en la mano, al sentirse aludidos por esta crítica, envía una amenazante carta a Amaya (ojo, no a la revista, que sería lo adecuado) diciendo que si no retira lo que ha dicho la van a denunciar. Aquí me quedo sin aire.

¿Y saben de lo que me he enterado gracias a este efecto Streisand? Pues de que en la ESF hay cosas que huelen fatal. Lo cuentan muy bien en este artículo. Yo, por mi parte, no puedo más que lamentar que hayamos perdido, no solo a Amaya, sino a tantas personas valiosas para que, de haber querido nuestro gobierno, ese cambio de modelo productivo hacia el conocimiento, hubiese tenido un atisbo de verdad. Pero era solo una mentira (como decir que han subido los presupuestos para investigación). Una más.

Seré breve

−¿Sí?, ¿¡hola!?… Mire, no tengo apenas tiempo, seré breve. Le ruego que me crea… Sí, ya sé qué va a decir, que no me conoce de nada, que no sabe quién soy ni con quién está hablando, pero tiene que creerme, por favor. Lo que voy a contarle le sonará extraño, una locura, seguro, pero le pido que me escuche, por lo que más quiera. Yo… a mí es que… a ver, no sé cómo decirlo, pero resulta que yo…

−Sí, usted ¿qué?… Oiga… ¿sigue ahí? No la escucho. ¡Oiga!… ¡Oiga!…

telefono-descolgado 2

 

Se trata de Leo Despistao, natural de Estocolmo. Se le acusa de violar las reglas ortográficas, en concreto se le atribuyen delitos de barbarismo, horrortografía, violencia de géneros y dequefilia.

Las autoridades llevaban meses siguiendo la pista de sus correos y whatsapps. “Cualquiera en su sano juicio se volvería loco con sus mensajes”, sentenció el responsable de la investigación. Hasta que en la madrugada de hoy se procedió a su detención. Cuando salió esposado de su domicilio, sus palabras fueron: “¿Qué ha hecho yo?”.

Estas son algunas de las declaraciones que manifestaron sus vecinos de la localidad de Comillas: “Parecía tan buena persona…”, “Bueno, yo tenía la impresión de que era propenso a las patadas al diccionario y al exhibicionismo en redes sociales, pero de ahí a esto…”, “Siempre pensé que las entregas de Amazon eran libros”, “Sabíamos que le había pillado la Logse, pero nunca hubiéramos imaginado algo así”; a lo que la madre del detenido añadió, lamentándose: “Cuántas veces le dije que usara el autocorrector…”.

Ruido

“El pecado capital que está de moda ahora es el ruido y, sobre todo, la impunidad con que se produce”. Ésta es la reflexión reciente, en una entrevista, de Forges, quien lleva media vida plasmando en viñetas el mundo que lo rodea.

Coincido a pies juntillas con tal afirmación. La opinión desinformada, el insulto gratuito, la reivindicación indocumentada, el bulo infantiloide… Supongo que siempre han existido; ocurre acaso que hoy cada cual tiene a su alcance un altavoz con mayor o menor capacidad de reverberación; es decir, la esfera privada se superpone con mayor facilidad a la común, llamémosle pública o social, tanto da.

Entiendo, entonces, que debiéramos ser aún más consecuentes cuando, a través de tales canales, expresamos o compartimos cualquier cosa que ataña a todos (no entro, obviamente, en las asuntos íntimos que se esté dispuesto a airear). No nos confundamos: es sagrado y universal –debería serlo– el derecho a opinar; pero no las opiniones, muchas de ellas infundadas, miserables, irrisorias, inocentes.

Viñeta de Forges el pasado 9 de octubre (Fuente: www.elpais.com)

Viñeta de Forges el pasado 9 de octubre (Fuente: http://www.elpais.com)

Contrastar, buscar el criterio de autoridad, analizar sin descanso, tamizar… En definitiva, saber de lo que se habla y acudir a fuentes fiables. No es otro el quid del ejercicio periodístico, más necesario que nunca (tanto como siempre) en medio del maremágnum digital. En este contexto, considero que un proceder semejante también debería ser ahora exigible, en cierta medida, a cualquier ciudadano que se precie de responsable, especialmente a quienes se jactan de saber más que casi todos y de casi todo, voceando sin descanso desde la torre de marfil de un perfil en facebook.

Acabo de toparme, sirva de ejemplo, con alguien haciendo pasar como “de hoy” una noticia de hace meses: por descuido, presumo, pero contribuyendo a la confusión y no a la aclaración; alimentando, al decir de Forges, el ruido impune. Y uno, balbuceante, titubea. ¿Qué decir?: apenas esta inaudible disonancia.

Jonay SosaNuestro entrevistado es un joven creativo publicitario canario, que hace cuatro meses se lanzó a recorrer Europa en una Volkswagen California. Hasta aquí, su historia no tiene mucho de extraordinaria. Lo que la hace original es el método que ha puesto en marcha para financiar su viaje: una especie de trueque itinerante, por el que trabaja en las agencias que aceptan acogerlo a cambio del equivalente a 15 litros de gasolina. Él las ayuda a crear y ellas a seguir moviéndose.

De momento el método funciona: lleva 8 países y 8.000 kilómetros recorridos y ha conseguido trabajar en 10 agencias internacionales. Desde las oficinas de una de ellas (Jung von Matt, en Estocolmo) responde al cuestionario de Siempre[en]medio.

El nuestro es un blog abierto al mundo pero hecho mayoritariamente en Canarias, por gente que ha nacido o vivido aquí o tiene una conexión especial con el archipiélago. Tú también eres canario, así que empezaremos por pedirte un pequeño resumen vital. ¿De qué isla eres y hasta cuándo te tuvimos por aquí?

Soy de Las Palmas de Gran Canaria y me marché en el 98 a estudiar a Málaga. Desde entonces he vivido en esa ciudad, en Grecia un poquito y en Madrid, donde pasé los últimos 9 años.

¿Cómo y cuándo empezó tu proyecto ideasforfuel.com?

Pues empezó vendiendo mi moto, mis muebles, recuperando la fianza del piso que alquilaba en Madrid, regalando mi ropa y mandando mis libros a casa. El primer kilómetro lo hice en junio. Tenía que haber empezado en primavera, pero mi sobrino me dijo “TIENES QUE VENIR A MI COMUNIÓN” así que retrasé el inicio del viaje unos dos meses…

¿Fue una inspiración espontánea o más bien una manera de encauzar unas ganas de viajar que ya estaban ahí?

Exactamente eso, tenía ganas de viajar desde hace tiempo pero no quería perder mucho contacto con mi sector, ya que en publicidad te haces viejo muy pronto, y volver a pedir trabajo con muchas experiencias personales pero ninguna profesional… Así que até cabos y nació ideasforfuel.com


Captura de pantalla 2014-10-15 a la(s) 00.50.27¿Te lo planteas con una duración determinada o más bien como una experiencia de final abierto?

Pensé en principio que durase hasta diciembre. Pero la idea está teniendo más éxito del esperado, por lo que estoy pasando más tiempo en cada país del que tenía previsto. Así que esto se extenderá hasta no sé cuándo. Ya veré, puede que cinco meses más, puede que un año…

Medido en porcentaje o en cualquier otra manera que se te ocurra: ¿cuánto tiene esto de experiencia laboral y cuánto de experiencia personal?

Empezó con un 80% personal y un 20% laboral. Ahora está en un 60% laboral y un 40% personal. Aunque en este caso lo podemos considerar todo personal y todo laboral, la verdad, porque lo personal también me sirve para mejorar como creativo publicitario y lo profesional me ayuda a crecer como persona. Así que 100% personal y 100% profesional= 200%, jajaja.

Visitando tu página, nos queda claro que te mueves bien en el mundo de las herramientas web y las redes sociales. ¿Podrías explicarnos brevemente cómo usas estas tecnologías y qué te aportan al proyecto?

La web la hice encerrado en casa 3 ó 4 días sin tener ni idea de cómo. Probando y fallando y casi sin dormir (supermotivado). No me digas que la repita porque puede que no pueda. Las redes sociales me sirven para tener feedback. Cada like, cada nuevo follower, cada comentario me hacen medir más o menos el impacto, aparte de engrandecer mi satisfacción y mi ego jajaja. Además, no sé cómo usar las herramientas de seguimiento de datos (y tampoco quiero, que me agobio), así que es la única manera que tengo de cuantificar los resultados.

Esquinas del mundo

Amsterdam, Holanda

Paralelamente a ideasforfuel, estás recopilando imágenes para Esquinas del mundo donde te esperaría, un libro de poesía basado en Instagram. ¿Podrías comentarnos en qué consiste y qué te lleva a elegir los sitios donde escribes tus versos?

Pues empezó por varias razones; siempre quise hacer arte urbano, pero no sé pintar y no se me dan los grafittis. Todo lo que escribía lo solía tirar a la basura cuando lo releía y esta es una forma de no poder hacerlo. Además, me apetecía hacer algo nuevo (creo que es el primer libro escrito íntegramente en Instagram).

A la hora de buscar alojamiento, vemos que te has abierto un perfil de couchsurfing. ¿Te resulta más útil este servicio o la mayor parte de anfitriones los vas conociendo en persona?

Todavía no he conocido a nadie por couchsurfing. De hecho, no lo he usado desde que me abrí la página. Lo puse por el tema de las lavadoras y la ducha, pensando que no iba a encontrar trabajos y demás. Pero ahora, viendo que las agencias están interesadas, les pido también un aparcamiento y una ducha dentro del fee. Así que a veces me dan una tarjeta de un gimnasio, otras veces hay ducha en la agencia… Incluso, en Hamburgo, un chico que se iba de vacaciones me dejó su casa sin conocerme de nada. Supermajo el tío, le debo mil cervezas.

Todos tenemos, inevitablemente, prejuicios o ideas preconcebidas sobre cómo son determinados países y sobre todo sus gentes. En los ocho que ya llevas recorridos… ¿cuántos se te han quedado (o no) por el camino?

La verdad es que, de los países que he visitado no tenía muchos prejuicios. Llevo mucho tiempo viajando y eso te va curando de espanto. En todos lados hay imbéciles y hay gente maravillosa. Por ahora no he coincidido con ninguno de los del primer grupo.

Visto desde fuera, parece que un proyecto así encaja mejor en el entorno creativo y con un punto canalla de los medios y las agencias de comunicación. ¿Es así o esto también es una idea preconcebida?

Parece, sí. La verdad es que en este entorno es más fácil encontrar respuestas positivas. Dar ideas es muy etéreo, si me dedicase a confeccionar zapatos seguro que tendría más difícil encontrar una empresa donde hacerlo durante tan poco tiempo. Aquí solo necesito un papel y un lápiz, es más fácil.

Preikestolen, Noruega

Preikestolen, Noruega

Hablando de agencias, esto que haces debe ser fantástico para hacer contactos (eso que los modernos llaman networking). ¿No te ha tentado ninguna agencia para que te quedes más tiempo? ¿Te lo plantearías o ahora mismo no?

Pues alguna me ha dicho algo, incluso alguna me ha llamado para que deje el proyecto y me una al suyo. Pero considero que tengo que terminar el mío primero. ¿Cómo me voy a comprometer con otro proyecto si no soy capaz de terminar el mío propio? No tendría sentido, yo no me contrataría a mí mismo, vamos.

Tu blog está en español, tu página en inglés y has tenido que trabajar en agencias que usan otra media docena de lenguas. ¿Qué tal llevas lo de los idiomas?

Uso el inglés siempre. En todos los países el nivel es muy superior al nuestro, así que no encuentro problemas a la hora de comunicarme. Pero a la hora de escribir mi blog o mis poemas solo lo hago en español porque sale más fácil, más directo.

Cuando imaginabas todo esto antes de salir de casa, ¿contemplabas la posibilidad de que nadie te hiciera caso, de que ninguna agencia aceptase el trueque que les propones?

Yo, mi ex, mi madre, mi hermana, mis amigos, el del taller de la moto… Todos creíamos que era una utopía, aunque me lo dicen ahora que va bien: antes me apoyaban y no decían nada negativo, jajaja. Hay agencias que no aceptan porque no tienen espacio o porque no tienen trabajo en ese momento o lo que sea. A mí, desde el principio, nunca me preocupó no obtener resultados porque lo importante era el viaje en sí. Me conformaba con trabajar en 5 países distintos. Ahora quiero 20 por lo menos.

Eso precisamente, el miedo al fracaso y a enfrentarnos a lo que hay fuera de nuestra zona de confort, es lo que nos frena a algunos a intentar algo parecido. ¿Qué nos dirías?

Los fracasos son muy buenos, mejor que cualquier éxito. Sé que es un tópico, pero es verdad. Para mí lo importante es relativizar lo que te viene y sacarle la parte positiva. Pero no soy ningún héroe, no tuve que dejar un puesto de trabajo seguro y tampoco tengo hijos que alimentar. El riesgo de fracaso era casi nulo, si sale mal, vuelvo y ya está.

Mucha suerte, compañero.

Muchas gracias por la entrevista. ¡Ojalá coincidamos algún día y hagamos subir el contador de cervezas un poco! Suerte a vosotros también y muchos ánimos.

Uno de los nuestros

“En realidad, la globalización parece hoy ineludible e irreversible. Se ha alcanzado (y se ha sobrepasado) el punto de no retorno. No hay vuelta atrás. Nuestras interconexiones y nuestra interdependencia son ya globales. Lo que ocurre en un lugar influye en las vidas y las oportunidades vitales de personas de todos los lugares. A la hora de calcular los pasos que dar en un sitio determinado, deben tomarse en consideración las respuestas de la gente de todos los demás lugares. Ningún territorio soberano, por extenso, poblado o rico en recursos que sea, puede proteger por sí solo sus condiciones de vida, su seguridad, su prosperidad a largo plazo, su modo de vida favorito o las seguridad de sus habitantes. Nuestra dependencia mutua ha adquirido dimensiones planetarias y, por lo tanto, somos ya (y seguiremos siendo por tiempo indefinido) responsables objetivamente unos ante otros. Hay, no obstante, pocos indicios (suponiendo que los haya) de que quienes compartimos el planeta estemos dispuestos a asumir en serio la responsabilidad subjetiva de esa otra responsabilidad objetiva nuestra”.

Zygmunt Bauman (Mundo consumo. Ética del individuo en la aldea global).

Perdonen que comience con esta cita del sociólogo polaco Zygmunt Bauman (y aprovecho para recomendar encarecídamente su lectura) ya que últimamente le cito mucho y mi mujer dice que ya empiezo a ser un pesado, pero sus palabras vienen muy al caso de lo que les quiero expresar. La semana pasada fue una semana intensa en España: el caso de las tarjetas fantasma de los directivos y consejeros de Bankia, la convocatoria de la consulta soberanista en Cataluña, el primer contagio de ébola fuera de África, el sacrificio del perro de la enfermera contagiada y la penosa gestión de la crisis (de todas las crisis) de un gobierno cada vez más inútil. Con tantas cosas por las que indignarse y movilizarse era difícil decidirse por una pero…

Carta de ayuda de Javier Limón.

Carta de ayuda de Javier Limón.

Finalmente las mayores y más mediáticas quejas y movilizaciones fueron para impedir el sacrificio de la mascota de Teresa Romero, la enfermera que pilló el ébola después de atender a los dos misioneros españoles enfermos repatriados por el Gobierno de España en forma bastante chapucera. Las autoridades decidieron que, ante la duda de si el perro, de nombre Excalibur, estaría infectado y podría contagiar a otras personas y ante la ausencia de un lugar adecuado donde aislarlo y estudiarlo, lo más seguro sería sacrificarlo, desoyendo incluso a expertos en ébola que aseguraban que era muy importante estudiar al animal para conocer el verdadero alcance del papel de éstos en la transmisión del virus. Y aquí es donde empieza la polémica.

Vaya por delante que yo no critico la atención que se ha prestado al perro. Tengo uno al que tuve que dejar en otras manos (muy buenas manos) cuando tomé la decisión de marcharme de España contribuyendo a la famosa movilidad exterior de la ministra Báñez y después de dos años me sigue doliendo haberme separado de él tanto como el primer día. No. No se trata de lo que se ha montado a cuenta del dichoso perro. Se trata de lo que no se ha montado con otras cosas que, al menos para mí, son igual de indignantes (si no más) y de las posibles razones que hay para esto.

Un par de semanas antes de toda esta movida, el New York Times publicaba una terrible fotografía del español Samuel Aranda en la que un par de niños enfermos de ébola agonizaban en el suelo de un hospital de Sierra Leona entre orines y suciedad. Esta foto por sí sola debería habernos indignado de tal forma que nos impulsara a hacer algo -lo que fuera- para ayudar a cambiar esa situación. Sin embargo, no fue así.

El mismo día que sacrificaban a Excalibur, un niño de diez años de nombre Saah Exco moría solo y tirado en una calle de Liberia (como un perro, dirían algunos) después de que varios hospitales se negaran a atenderlo. Esto también debería habernos conmovido e indignado lo suficiente como para hacer algo -lo que fuera- pero ya para entonces toda nuestra atención estaba puesta en Excalibur y en el Partido Popular, relegando a un segundo plano incluso a la propia Teresa Romero y otras siete personas que permanecían ya en ese momento aisladas y en observación.

Hay quien me ha dicho que no podemos comparar una cosa con otra. Yo no quiero comparar la muerte de Excalibur con la muerte de Saah ni con la muerte de esos otros más de 4.000 africanos a causa del ébola, sería injusto para unos y para otros, tan injusto como que unas muertes nos conmuevan más que otras. Hay quien argumenta que el caso del perro es especial, que es la gota que colma el vaso en la mala gestión de unos políticos inútiles; que el perro es un miembro más de la unidad familiar y que por eso despierta tanta empatía; que nos movilizamos por las cosas que nos parecen más fáciles de solucionar y por lo que nos toca más de cerca. Y todo eso es cierto. Lo que me molesta es que se utilice como excusa y justificación para no reconocer que:

  • Primero: nos acostumbramos de tal manera a determinadas situaciones que terminamos ignorándolas, ya sea por hartazgo, pereza o desmotivación, pasen estas situaciones en nuestro barrio, en nuestro país o allende nuestras fronteras (ejemplo: la señora que murió tras pasar tres días en los pasillos del Hospital Universitario de Canarias y que ni siquiera mereció nuestra atención porque es algo tan “normal” que ya ni siquiera nos conmueve).
  • Segundo: para nosotros, lo que está lejos, ni existe ni es problema nuestro, excepto cuando toca subirse al carro de la actualidad (pensemos en Haití, México, Siria, Gaza… y cómo nos indignamos un día para volver a ignorarlos al siguiente) Tranquilos, también pasará con el ébola y África.
  • Y tercero: nuestra sensibilidad hacia los animales ha superado, por lo general, a nuestra sensibilidad hacia lo que le ocurre a otros seres humanos; sobre todo si éstos pertenecen a otras razas, países y culturas. Aunque tengan 10 años y mueran tirados en la calle.
Ilustrción de André Carrilho

Ilustración de André Carrilho

En el momento en que escribo esto, si uno busca en Google “perro Excalibur” (comillas incluidas) aparecen unos 544.000 resultados. Si busca “Saah Exco” aparecen 189.000. En el futuro seguiremos recordando a Excalibur, el perro mártir producto de un gobierno incapaz, pero olvidaremos a Saah, uno entre tantos otros muertos que no nos conciernen, porque no son de los nuestros. Pero la realidad es que sí son de los nuestros y sí que nos conciernen, como bien dice Zygmunt Bauman. Saah y todos los demás se merecen y necesitan nuestro esfuerzo y nuestro recuerdo tanto o más que Excalibur pero por unas razones u otras no lo han tenido ni lo tendrán. Eso es lo más doloroso.

Pd.: Nadie está hablando ni parece dispuesto a indignarse tampoco por el operativo policial que, con el nombre de “Mos Maiorum”, ha sido diseñado desde el Consejo de la Unión Europea (UE) y que se propone detener a inmigrantes irregulares con el fin de identificar mafias y crimen organizado pero que, en fondo y forma, contiene un sesgo racial que podría vulnerar los derechos humanos de miles de personas. Y es que (otra vez) no son de los nuestros.

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