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Posts Tagged ‘venezuela’

Alma herida

Ha vuelto a ocurrir. Recuerdo que antes de que la gran guerra que asola Siria se diera por comenzada, apareció el macabro recuento de muertos en los breves de los periódicos. Un par de líneas, una frase en la radio, apenas un murmullo. Luego, el exilio de las víctimas del conflicto a las costas europeas sí ocupó páginas enteras. Ahora ocurre lo mismo con Venezuela, en nuestra realidad se ha quedado como una telaraña en una esquina de nuestra habitación, latente, pero que no ocupa nuestra plena atención. Para colmo, las redes sociales vierten odio por toneladas, en uno y otro sentido, y es imposible distinguir la realidad de la manipulación desde la distancia. En estos meses he visto cómo cada artista, actor, político, cocinero y un largo etcétera de origen venezolano ha tenido que manifestar su opinión y decantarse por el Gobierno o la oposición sin poder contemplar la opción del silencio de sus pensamientos. La mayoría de vídeos de músicos venezolanos, por ejemplo, han tenido que eliminar la opción de hacer comentarios, porque los insultos y las batallas dialécticas subidas de tono se disparan.

A mí se me parte el alma cuando veo al pueblo venezolano sufrir. No hablo de ideologías, hablo de hambre, de escasez de medicamentos. Y sólo espero que los gobiernos occidentales estén trabajando en secreto, y tenga yo que tragarme mis propias palabras, para que Venezuela recupere la paz. Les dejo aquí una versión de Alma Llanera de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, porque espero que estos jóvenes puedan tener un futuro y porque esta canción siempre pululó por mi casa de canarios con familia en Venezuela y siempre me alegra el ánimo, incluso en estos tiempos oscuros. Y que nadie busque mensajes ideológicos en la elección del vídeo, sólo quiero paz, música y juventud con talento.

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vene_mapaLos venezolanos se matan a coñazos en las calles de Caracas. En las redes sociales los venezolanos de aquí se matan a insultos y descalificaciones, informaciones tergiversadas, vídeos manipulados, memes cargados de odio y mala baba. Todo apunta a que esto es ya una guerra civil sin declarar y sin cuartel, una guerra de guerrillas allá, una guerra fría en el mundo virtual.

Encima, los países del entorno cercano al caribeño- geográfica, económica  y políticamente hablando- no se deciden a hacer nada, a mover ficha (hay muchos intereses, muchos billetes, mucho petróleo); mientras, la ceguera de un presidente claramente no cualificado  sigue alimentando la barbarie. Pero es más, en la oposición, cabecillas poco transparentes (al menos eso es lo que percibo como mero espectador), no ayudan en absoluto a encontrar un camino adecuado a la solución de los conflictos, por lo menos un camino cuerdo, civilizado, estructurado e inteligente.

¿Es esto el legado de Chávez? ¿es esto toda la justificación a lo que pasa? ¿es quizá la excusa de las situaciones políticas actuales, allí y en cualquier otro sitio? Echar la culpa al pasado si no nos gusta lo que pasa se está convirtiendo en una solución recurrente. En España, salvando las distancias, es lo que hace continuamente el gobierno de Mariano Rajoy, y con este recursito sale de las situaciones más rocambolescas: la herencia socialista, la herencia… lo que nos dejaron…

Y volvamos al Caribe: ahora en Venezuela se está haciendo lo mismo que aquí, seguramente porque Nicolás Maduro es tan inoperante que desde su mismo púlpito lo único que puede hacer es recordar continuamente al fallecido prócer, y sus luces brillantes, y desde la oposición una y otra vez sólo se sacan las sombras del mismo, del mismo pasado.

Al fin y al cabo un “y tú más”, que cada día se alimenta de odio visceral. Y la solución, queridos venezolanos, está en el mañana, no en el ayer, porque  Chávez, el Che, Stalin, están muertos. Sacar continuamente sus fulgurantes éxitos y sus apestosas mezquindades como políticos no los va a salvar. Y tampoco mirar para Cristina, Evo, Lula, o Pepe Mújica. Venezuela sólo se puede salvar cuando los venezolanos miren hacia dentro (y vayan a votar, y participen, y si no les gusta no se vayan, sino se queden a currar y sacar adelante el país, eso es la democracia). Los que están allí unidos para arreglar lo que está roto, lo que se fueron un día unidos para ayudar desde fuera.

De cualquier otra forma, seguirá el odio y la sangre, y no se arreglará nada.

Y luego me decía a mi una venezolana que había dos Españas y que ellos sólo tenían UNA patria. Ya se ve.

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Hoy se han encerrado en casa. Todos. Desde el mayor, el emigrante, hasta el más chico, hijo ya de la tierra de acogida. Tienen los pitos en la mano. Los cacharros cerca. Todo para si, como ha pasado en los últimos días, entran a la casa. Entonces se pondrán a hacer ruido, para poder avisar a los vecinos y que salgan en su defensa. Todos unidos quizás puedan repeler el ataque. El mayor está preocupado porque esta mañana no pudieron ir al supermercado, lo habían saqueado y las fuerzas de Seguridad estaban también por la zona. No era seguro circular por la calle. Qué será del país. El mayor, el emigrante, el hijo, el nieto… todos se preguntan por qué la comunidad internacional no ayuda, qué han hecho ellos para ser abandonados a su suerte. Los políticos se llenan la boca con palabras hermosas como derechos, humanidad, solidaridad, democracia, paz… Pero ahora, cuando más necesitarían que toda la teoría se hiciera realidad, el pueblo sufre, solo y lucha por no verse de cara con la violencia de unos y otros. Mientras, en la otra orilla, la familia de los encerrados en sus casas se devana los sesos mientras piensa cómo ayudarlos. Recuerda cómo en la posguerra, los paquetes que llegaban de Venezuela alegraban el cuerpo y el alma. Y ahora… ¿qué hacer? ¿Cómo defenderlos a ellos de la escasez y la violencia? Esa familia canaria recuerda que en todas las parrandas se cantaba también, junto al folclore propio de las islas, la canción Alma Llanera, aquella que había nacido como una Zarzuela en 1914 para convertirse en un segundo himno de Venezuela. Y entonces, se pone a entonarla, a gritos, como el cantante mexicano Vicente Fernández en esta versión suya, a ver si consigue apagar el sonido de los tiros, de los lamentos, de los insultos, de las amenazas, del miedo… A ver si llega a oídos de los líderes del mundo, para que decidan luchar por la paz en Venezuela, por los derechos y el bienestar de todos los venezolanos.

PD. No nos olvidemos de Venezuela… Ni de Ucrania… Ni de Siria…

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“Divide y vencerás”
Julio César
 

Lucha de clases. Un concepto popularizado por Karl Marx en los albores de la revolución industrial al que muchos se siguen aferrando para defender sus ideales, no importa que estos sean de izquierdas o de derechas. El concepto de clase es algo que hoy no podría gustar más a los que se encuentran en la extrema derecha: dividir al pueblo en varias castas que no se deben mezclar, en una lucha continua por el poder. De vez en cuando las clases inferiores montan alguna revolución y triunfan, como en la revolución bolchevique, la China de Mao o la Cuba de Fidel Castro y Che Guevara pero, al final, como la derecha bien sabe, el poder corrompe y los revolucionarios – o sus sucesores – acaban convertidos en aquello contra lo que lucharon, manteniendo de esa forma vigente la lucha de clases y oprimiendo al pueblo desde sus nuevos cargos de poder. Porque oprimir al pueblo no es sólo quitarles la libertad o sumirlos en la pobreza; que unos pocos privilegiados disfruten de cosas a las que la mayoría no pueden acceder también es una forma de opresión. Es por eso que el capitalismo triunfó en lugar del socialismo: al fin y al cabo, en el capitalismo tenemos oportunidades, por pequeñas que sean, de hacernos tan ricos como cualquiera de nuestros gobernantes (y de manera legal).

Las ideologías de derechas, por tanto, triunfaron durante el siglo XX. Personajes como Margaret Thatcher en el Reino Unido, Ronald Reagan en los Estados Unidos o incluso un dictador como Pinochet en Chile sacaron a sus países de la crisis gracias a políticas neoliberales, perpetuando de ese modo un sistema basado en la macroeconomía, las desregularizaciones, el libre mercado, la libre empresa y las privatizaciones. En  cambio las ideologías de izquierdas fracasaron una y otra vez durante el pasado siglo. Revoluciones como la rusa o la cubana acabaron en dictaduras en las que el pueblo sufrió y sigue sufriendo la pobreza y la falta de libertad. Incluso alternativas nacidas de las urnas como el Chile de Allende acabaron siendo torpedeadas y fagocitadas por el fascismo y otras como la Venezuela de Chávez han acabado siendo un estado fallido, con avances en lo social pero retrocesos en otros aspectos importantes. El chavismo ha hecho disminuir la extrema pobreza en Venezuela, sí. Pero ha creado una pequeña élite de clase alta cercana al oficialismo y convertido a parte del pueblo en paramilitares al servicio de la figura mesiánica de Chávez aumentando de forma exponencial la peligrosidad del país, además de aumentar la inflación hasta límites absurdos, por no hablar de la libertad de prensa y los desabastecimientos en algunas zonas del Venezuela. Situaciones que están desembocando en protestas por parte de la ciudadanía en esta últimas semanas.

 
“Es la economía, estúpido”
James Carville

Cabría pensar que, casi dos siglos después del nacimiento de Karl Marx, un periodo de tiempo en que la sociedad, el modo de vida, el acceso a la información y a la comunicación han cambiado, incluso el capitalismo ha cambiado, volviéndose más salvaje y convirtiendo a los gobiernos en meros títeres de los intereses económicos y de mercado… cabría pensar, digo, que la izquierda habría aprendido de sus errores, habría evolucionado para captar los nuevos modelos de sociedad del siglo XXI, las nuevas necesidades de los pueblos y ofrecer alternativas atractivas y viables. Pero no. Siguen anclados en la revolución de 1917, en la lucha de clases, en Cuba y en esa revolución bolivariana que ha democratizado la pobreza pero convertido Venezuela en uno de los países más peligrosos del mundo.

En España muy pocos se preguntan por qué no triunfa la izquierda en el contexto de una crisis que es una oportunidad histórica para intentar cambiar un sistema injusto y manifiestamente mejorable. Los que lo hacen lo achacan a los abstencionistas, a la estupidez de los que votan al PPSOE o al bipartidismo que existe en España, pero ninguno hace verdadera autocrítica ni se pregunta por qué esos abstencionistas o los desencantados con sus partidos no son atraídos por ninguna propuesta de izquierdas ni en el mejor de los escenarios posibles. El día que se hagan esa pregunta, dejen por un momento a un lado su ideología y miren de verdad las necesidades del pueblo, tal vez la izquierda comience a evolucionar y a resultar atractiva y viable. Mientras tanto, dejen de mirar a Cuba o Venezuela y miren a Uruguay. Puede que ahí esté el futuro de la izquierda.

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vene_mapaSi en un país se muere el jefe de estado, en una cama de hospital, entubado hasta las trancas, mala cosa. Porque eso significa que a su enfermedad física hay que añadirle otra social: la democracia no cobra ese recibo, es decir, cuando un presidente se muere en una clínica, víctima de una enfermedad, o de vejez, es porque algo falla en el sistema democrático de ese país. Un fallo gordo. Algo, sinceramente, está mal cuando los ciudadanos lloran a su jefe, llamándolo comandante, y no presidente. No me gustan los comandantes, las órdenes, las filas, ni los uniformes, no me gustan los imprescindibles.

El jefe de estado del Vaticano ha renunciado a su cargo, recientemente, porque su edad y sus achaques no le permitían seguir en el cargo, dijo. Bien por él. Y eso que ese es un país sin democracia, y casi sin súbditos. (Habrá otras causas o no, pero se ha echado a un lado, dimitido, renunciado, apartado, y eso le honra).

Chávez Frías murió esta semana y dejó “atado y bien atado” (como dijo nuestro tío Paco) que “ahí quedaba Nicolás (Maduro)“, para afrontar su despedida y “para lo que pudiera pasar”. Como Fidel Castro, que transmitió a su hermano los designios de Cuba. ¿Y el pueblo? ¿y las constituciones? ¿y el sentido común? ¿y la libertad? ¿y el poder de decisión soberano de los ciudadanos?

Esta semana hablé con un venezolano expatriado, antichavista convencido, al que le oí miles de veces desear la muerte del presidente (las causas, en serio, fueron muchas y muy variadas; entendí algunas, otras no). Le  pregunté si debía felicitarlo (no creo que se deba congratular a nadie por la muerte de una persona, por eso se lo cuestioné) y me contestó “que va, ahora viene lo peor”.

Lo peor es la transición, la renovación, la lucha si la hubiera para cambiar lo que había, o la sumisión para quedarse con lo impuesto. Lo peor es votar y saber que -igual- esté corrupto el sistema, o votar y salir derrotado -sin corrupción alguna-. Lo peor es, quizás, admitir que lo que hay es lo que miles de compatriotas quieren y uno no. Lo peor es, si el resultado no nos gusta, negar que todo funcione (o funcionaba), y si nos gusta decir que todo está, o estaba, muy bien (porque no lo estaba).

Lo peor es no votar porque no haya elecciones, porque no te dejen, o simplemente por que no quieras hacerlo. Lo peor es admitir que la sucesión de poder por herencia -como ocurre en España- es admitido, y compartido como democrático. Lo peor es negar evidencias. Lo peor es el integrismo patriotero y populista, y el neoliberalismo feroz y capitalista.

Lo peor es actuar con odio, a favor o en contra.

Lo peor es conformarse.

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Lo han matado varias veces. Lo han demonizado, criticado, alabado, cuestionado y admirado. Como todo líder, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fallecido ayer, tiene seguidores, más bien diría fanáticos, y detractores. Para ambos, se abre un futuro incierto en el país andino.

abc.es

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En el caso de los primeros, porque temen que se acaben todos los privilegios que les otorgó el comandante en su lucha por acabar con el imperialismo. Los  segundos, se dividen en dos grupos, aquellos que ven el peligro de que su sucesor en la presidencia pueda ser peor y los más incrédulos, que sostienen que “muerto Chávez, se acabó el Chavismo”.

En el primer caso, no faltan ejemplos en Latinoamérica y Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, es quizás el más ilustrativo. En el segundo, me remito a Juan Domingo Perón, fallecido en 1975 y les recuerdo que en Argentina hay más peronistas que nunca. Eso sí, con una esencia distorsionada de lo que era el movimiento inicial aunque peronistas al fin.

Unos y otros hacen conjeturas, tejen hipótesis y especulan sobre un futuro incierto. Mientras tanto, Venezuela llora y le dice adiós al comandante. En otras partes del mundo, no tan lejanas, hay quienes respiran aliviados.

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Por diversas razones que no vienen al caso he estado siempre muy vinculado con Venezuela. Allí viajé en el año 1992, a descubrir, en menos tiempo del que necesitaba, un país espléndido, tanto en extensión como en riqueza medioambiental. Llegué lejos, hasta el Orinoco, y vi parte del interior, carreteras que los turistas no conocían e incluso rincones que muchos venezolanos no han pisado jamás. Me pareció apabullante aquello. Las selvas se me derramaron encima dejándome boquiabierto la mayoría de las veces en las que me bajaba del Chevrolet Caprice en el que viajaba y permanecía unos segundos bajo el intenso sol ecuatorial que me aplastaba.

Entendí la naturaleza, era joven, pero entendí qué grande era todo aquello. Qué brutal es el paisaje allí, los ríos, los terrenos de cultivo y ganadería, las chabolas en las ciudades, qué grande era todo, hasta los extraños animales que vi.

Pero no entendí al venezolano. Lo intenté, pero no lo conseguí. Vi un pueblo dividido, unido bajo una misma bandera y unos símbolos nacionales, pero separado por dos idiosincrasias muy diferentes: por un lado, los venezolanos procedentes de la emigración y por el otro los venezolanos hijos de la tierra (entiéndanme, generalizando y por tanto arriesgándome a equivocarme. Solo describo una percepción, la cual será, seguramente errónea por generalista). Y curiosamente, tan unidos por un sentimiento patrio, y tan desunidos por criterios, más que sociales o políticos como puede suceder en otros países como España, económicos.

El domingo se celebraron las elecciones en Venezuela. Y pese a que casi todos los venezolanos que conozco son anti-Chávez (curiosamente la mayoría no están allá, sino aquí), y a que todos concluían que éste ha sido una lacra para el país, y a que todos despotrican muy profundamente de su gestión, y a que todos acusan su megalomanía, y su populismo, y su sed de venganza contra los yankees, y su intervencionismo, pese a que casi todas las opiniones que escuché en alta voz lo criticaban, pese a todo eso, y pese a que por primera vez se perfilaba un candidato “aparente”… volvió a salir.

Esta mañana he pensado en esto. Y me he preguntado cómo es posible que con aquel clamor (que al menos se escuchaba en mi entorno, el de una persona preocupada por los derroteros de ese país) en contra haya salido reelegido y en la tele se veían mareas de personas jaleando la victoria. Y en mi análisis se coló de nuevo la dicotomía de la que hablaba más arriba y que me había planteado en mi viaje, curiosamente algunos meses antes de la primera victoria de Hugo Chávez en las urnas…

¿Será que esa desunión en dos grupos de los venezolanos genera una gran unión entre una parte de ellos?

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