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Posts Tagged ‘sistema’

Deberías sacarte más provecho. Estás despeinada. ¿Por qué no te maquillas? Estás flaca. ¿Has engordado? Mira a ver, igual ahora te vas a desbaratar. ¿Cómo que no te gusta ir a comprar ropa? Tienes que cuidarte más. Pero si es sólo un animal. A mí no me vengas con esos de fuera, yo no puedo hacer nada. ¿Por qué te afliges? Idealista. Demagoga. Podemita. Roja. Anarquista. Ignorante. Sabionda. Tonta.

Etiquetas y más etiquetas que me caen encima como barrotes cada día. Mi jaula es un sistema que fomenta una sociedad que castiga la empatía y que lucha porque nadie intente salirse de la corriente. Mi jaula, aunque tiene la puerta abierta, me retiene a base de presión publicitaria, de educación mal entendida, de aislamiento, del refuerzo positivo que se le da a un perro cuando cumple las expectativas del dueño. Desde mi encierro sigo escuchando las mismas frases, a veces sonrío por dentro y las espanto con las manos. Otras, me clavan sus espinas tan dentro que me cuesta quitármelas. Pero aquí seguimos, acumulando fuerzas para cruzar la puerta abierta, desplegar las alas y alzar el vuelo sin que me importen lo más mínimo las etiquetas.

©Perenquen23.

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vene_mapaSi en un país se muere el jefe de estado, en una cama de hospital, entubado hasta las trancas, mala cosa. Porque eso significa que a su enfermedad física hay que añadirle otra social: la democracia no cobra ese recibo, es decir, cuando un presidente se muere en una clínica, víctima de una enfermedad, o de vejez, es porque algo falla en el sistema democrático de ese país. Un fallo gordo. Algo, sinceramente, está mal cuando los ciudadanos lloran a su jefe, llamándolo comandante, y no presidente. No me gustan los comandantes, las órdenes, las filas, ni los uniformes, no me gustan los imprescindibles.

El jefe de estado del Vaticano ha renunciado a su cargo, recientemente, porque su edad y sus achaques no le permitían seguir en el cargo, dijo. Bien por él. Y eso que ese es un país sin democracia, y casi sin súbditos. (Habrá otras causas o no, pero se ha echado a un lado, dimitido, renunciado, apartado, y eso le honra).

Chávez Frías murió esta semana y dejó “atado y bien atado” (como dijo nuestro tío Paco) que “ahí quedaba Nicolás (Maduro)“, para afrontar su despedida y “para lo que pudiera pasar”. Como Fidel Castro, que transmitió a su hermano los designios de Cuba. ¿Y el pueblo? ¿y las constituciones? ¿y el sentido común? ¿y la libertad? ¿y el poder de decisión soberano de los ciudadanos?

Esta semana hablé con un venezolano expatriado, antichavista convencido, al que le oí miles de veces desear la muerte del presidente (las causas, en serio, fueron muchas y muy variadas; entendí algunas, otras no). Le  pregunté si debía felicitarlo (no creo que se deba congratular a nadie por la muerte de una persona, por eso se lo cuestioné) y me contestó “que va, ahora viene lo peor”.

Lo peor es la transición, la renovación, la lucha si la hubiera para cambiar lo que había, o la sumisión para quedarse con lo impuesto. Lo peor es votar y saber que -igual- esté corrupto el sistema, o votar y salir derrotado -sin corrupción alguna-. Lo peor es, quizás, admitir que lo que hay es lo que miles de compatriotas quieren y uno no. Lo peor es, si el resultado no nos gusta, negar que todo funcione (o funcionaba), y si nos gusta decir que todo está, o estaba, muy bien (porque no lo estaba).

Lo peor es no votar porque no haya elecciones, porque no te dejen, o simplemente por que no quieras hacerlo. Lo peor es admitir que la sucesión de poder por herencia -como ocurre en España- es admitido, y compartido como democrático. Lo peor es negar evidencias. Lo peor es el integrismo patriotero y populista, y el neoliberalismo feroz y capitalista.

Lo peor es actuar con odio, a favor o en contra.

Lo peor es conformarse.

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Otro caso más. Amaia Egaña, vecina de Barakaldo, decidió acabar con su vida cuando la iban a echar de su casa. Tenía 53 años. Una edad a la que, si te quitan tu casa, te quitan tu vida. Ocurre un día después de que la abogada general del Tribunal de Justicia de la UE (TUE) afirmase que la ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas abusivas de las hipotecas de los bancos. La hipoteca de Amaia la gestionaba Building Center S.A., una empresa de La Caixa. La Caixa había puesto en venta ese piso hace un año, con un anuncio en un portal que decía: “¿Te gusta? Haznos tu propuesta”; con el aviso de “llaves no disponibles temporalmente”. La entidad eliminó el anuncio el viernes por la tarde. La misma entidad que en 2005 condonaba al Partido Socialista de Cataluña 6,5 millones de euros de un préstamo y acordaba con los socialistas pagar el resto al 3% en 15 años. Para Amaia y las demás personas desahuciadas o bajo amenaza de desahucio no hubo esa oportunidad. Para rescatar a los que no pueden pagar sus casas no hay acuerdos, sólo la ley. Para rescatar a los verdugos sí que hay acuerdos y dinero (europeo, además).

Ayer mismo, el Gobierno convocó una reunión urgente para tratar el tema de los desahucios. El Gobierno parece no conocer la existencia de la Plataforma para Afectados por la Hipoteca (PAH), que existe desde que, ante una notificación de desahucio, una persona afectada decició que quería oponer resistencia y no permitir que el banco le quitara la casa. Fue Lluís, de la Bisbal del Penedès, el 3 de noviembre de 2010. Así que “sólo” han hecho falta dos años de mirar hacia otro lado, dos suicidios con éxito y uno en grado de tentativa, para que nuestros gobernantes se planteen hacer algo para solucionar este problema social (aunque intento no pensar en que el hecho de que Amaia fuera la esposa de un ex-concejal tenga algo que ver con esto).

El mismo día en Tenerife, Carmen Oñama tuvo que permanecer 5 días en huelga de hambre para conseguir un alquiler “flexible”, que también consiguió Inmaculada Estupiñán; mientras para otro afectado, Alejandro, se aceptó la dación en pago. En ninguno de esto casos ha intervenido el Gobierno, sino la Plataforma para Afectados por la Hipoteca y un gesto populista y oportunista del alcalde de Santa Cruz de Tenerife, el de amenazar con retirar millón y medio de euros de la cuenta que el Ayuntamiento tiene en Bankia, que ha servido para hacer cambiar de opinión a la entidad bancaria.

Muertes, dinero, votos… Son las únicas cosas que parecen servir de motor a nuestros gobernantes y nuestros bancos. Por eso cada día me considero más anti-sistema, por eso cada vez me da más vergüenza ser español.

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Hace una semana fueron los controladores aéreos españoles los que causaron el caos con su plante (que no huelga) jodiendo las vacaciones a miles de españoles y provocando la indignación y el posicionamiento y la respuesta tajante de ciudadanos y gobierno. Ayer fue la aprobación del Parlamento del Reino Unido de la subida de las tasas universitarias la que provocó la respuesta enérgica e incluso violenta en algunos lugares de los estudiantes. El pasado miércoles detenían a Julian Assange y las reacciones han sido muchísimo más tibias, por no decir ridículas. Esta crisis que vivimos no es tanto económica como de sistema. Hace años que se ven, cada vez más, las “goteras” de nuestro modo de vida y de nuestros sistemas de gobierno.

Hay quien cataloga las revelaciones de Wikileaks como “cotilleos”. Unos “cotilleos” que han llevado a Julian Assange a ser perseguido por la interpol, a EE. UU. a intentar acusarle de espionaje, a un banco suizo a cerrarle una cuenta con fondos para su defensa (dice este banco suizo que sólo los ciudadanos suizos pueden tener cuentas en Suiza, y habrá quien se lo crea) o a empresas como Paypal, Visa o Mastercard bloquear todos los envíos de dinero con destino a wikileaks o a Assange. Ejemplos de los “cotilleos” hechos públicos por Wikileaks:

Los hechos acontecidos durante estos años de crisis han puesto de relieve algo muy preocupante. El triunfo del individualismo y el egoísmo y la derrota de la sociedad como ente cooperativo. Estamos tan asimilados por el sistema que no tenemos voluntad para iniciar un cambio. Sólo cuando nos tocan nuestro bolsillo, nuestra familia o nuestro trabajo protestamos y nos movemos (manipulados y al son de los que manejan los hilos casi siempre).

Las informaciones que saca a la luz Wikileaks son cosas que no nos afectan directamente; asuntos que corresponde a otras personas arreglar; chismes sin importancia, “cotilleos”… Antes de ir a votar en las próximas elecciones, querido lector, ten en cuenta: es el pueblo y no el gobierno el que es soberano; eres libre de leer, ver y saber cualquier cosa que te afecte, ya sea directa o indirectamente; son los políticos los que están a nuestro servicio y no al revés. Y si no es así, no vale la pena seguir con esto. Habrá que cambiar las cosas. Y tu y yo somos los que tenemos que hacerlo. Wikileaks somos todos.

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