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Archive for the ‘Religiones’ Category

tienes que entender,

que nadie mete a sus hijos en un barco

salvo que el agua sea más segura que la tierra

nadie se quema las manos

bajo trenes

debajo de vagones

nadie pasa días y noches en el estómago de un camión

alimentándose de periódicos salvo que las millas recorridas

signifiquen algo más que viaje.

(…)

los

volveos a casa negros

refugiados

sucios inmigrantes

solicitantes de asilo

exprimiendo nuestro país

negratas con las manos tendidas

huelen raro

salvaje

destrozaron su país y ahora quieren

destrozar el nuestro

cómo es que las palabras

las miradas sucias

caen rodando de vuestras espaldas

quizá porque el golpe es más blando

que un miembro arrancado

o las palabras son más tiernas

que catorce hombres entre

tus piernas

o los insultos son más fáciles

de tragar

que escombros

que huesos

que tu cuerpo infantil

en pedazos.

quiero ir a casa,

pero la casa es la boca de un tiburón

la casa es el cañón de la pistola

(…)

nadie se va de casa hasta que la casa es una voz sudorosa en el oído

que dice:

vete,

huye de mí ahora

no sé en qué me he convertido

pero sé que cualquier lugar

es más seguro que aquí.

Extractos de “Casa” de Warshan Shire

 

Debo estar más sensible de lo habitual. Porque me acuerdo de cuando era niño y por estas fechas en el colegio de curas me señalaban al Cristo en la cruz. Me lo señalaban y me pedían que imaginara el dolor que supone morir ahí clavado. Todas las horas de agonía. Los músculos desgarrándose, los pulmones colapsando, la sed, el hambre, la angustia. La muerte. Que alguien que se expone voluntariamente a ese castigo ha de tener un motivo bien gordo. Que quien ahí sufrió quería algo realmente grande y muy caro de conseguir: un mundo mejor. Cada año sacamos al martirizado en procesión, y nos martirizamos cada año con peso, cadenas, pies descalzos o latigazos. Y cada año lloramos, aplaudimos, cantamos o callamos, salimos en tromba a las calles y consultamos compulsivamente el pronóstico del tiempo. A veces incluso elegimos gobiernos compuestos por seres que también han ido a colegios de curas y han mirado las heridas del que cuelga en la cruz y se han dado golpes de pecho y han sufrido desde niños por querer un mundo mejor. Suponemos que se van a poner enseguida manos a la obra, van a apostar fuerte, van a priorizar. Pero terminamos limitándonos a vestir de negro, ondear banderas a media asta (un día antes de tiempo) o pedir asilo preferencial para los nuestros. Supongo que porque, pasa siempre, el de la cruz va a resucitar igual al cabo de tres días.

Debo estar más sensible de lo habitual. Porque por estas fechas me parece que cualquier lugar es más humano que aquí.

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No, no es un cofrade (Fuente: EFE)

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Me levanté de la siesta. Después de tres días en casa con una gripe casi mortífera ya llevaba prisa. No sé por qué no había sonado el despertador. «Nada. Me da para una ducha rápida y llego a tiempo. Seguro», pensé (ilusa). Y cuando me fui acercando a mi coche reparé en que no había ni uno solo aparcado en la calle, y de fondo, como en una pesadilla propia de las Minas de Moria, ¡tambores! «¿Qué está pasando aquí?». Pues lo que estaba a punto de pasar era una procesión. Una de tantas en estos días, en esta España. Mi coche, estacionado en vayausteasaber, mi compromiso, cancelado y mi fe, que ya cabía en una alcaparra, pues imagínese.

Sin embargo no llevo intención de abrir el debate religioso porque contra la fe no hay argumento y a su favor, tampoco. Y a mí me gusta que la gente sea libre y feliz, así que respeto a todas las formas de vida. Incluso a esas que me paran por la calle para regalarme revistas religiosas que rechazo (con la misma amabilidad) un día tras otro.

Siempre agradezco la buena intención del que ofrece una oración o el que muestra interés en que se sumen a su creencia. Incluso a veces pienso «¿y si existe ese Dios y yo me lo estoy perdiendo por ser tan escéptica, tan incrédula, tan de lo tangible? ¿Qué haría yo con ese acceso a un ser supremo todopoderoso que me escuchase y premiase mis buenas obras con deseos cumplidos?».

Pues en ese caso, creo que, acertando a ver mi posición privilegiada frente a la de otros tantos que, por lo que sea, no hubieran podido establecer contacto con él (o ella), le pediría que se centrase en los que no tienen qué llevarse a la boca, una casa donde dormir o recursos para recibir una educación básica.

Le diría, en plan colega, «enróllate también con los que investigan para curar enfermedades. Dedican sus vidas a eso y es que, joder, a veces algunas se llevan a personas empezando a vivir y es terrible», «echa una mano a los que huyen de conflictos. Demasiada pena ya. Demasiado llanto», «relaja un poco, si puedes, el dolor. Tenemos que morir pero, esa agonía de los que esperan terminales, tampoco la veo necesaria, no sé tú», «y yo qué sé, tengo una lista infinita, Dios, es que está esto un poco manga por hombro».

Creo que bajo ninguna circunstancia le pediría que dejaran una semana más mi peli favorita en los cines, ni que me ayudase con las entrevistas de trabajo o los exámenes. No creo que le llegase a pedir que girase su mirada hacia mis necesidades personales.

La verdad es que ese pedir para sí mismos de mis allegados religiosos (familiares incluso) fue uno de los hechos que en su día me hizo ir perdiendo la fe. Mucho más que la grúa que se me lleva el coche cada Semana Santa.

 

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censura-mafaldaGozar de libertad de expresión supone correr el riesgo de ofender o de ser ofendido. También es cierto que ofenderse depende de cada cual y no siempre de la intención del otro. En definitiva, es cuestión de actitud, de la que tomemos frente a un mensaje y de cómo permitimos que nos afecte.

Durante la última semana se han dado dos circunstancias que me han hecho reflexionar sobre la libertad de expresión y la ofensa. Por un lado la Drag Sethlas, ganadora de la  Gala Drag del Carnaval de Las Palmas con su fantasía ‘¡Mi cielo! Yo no hago milagros, que sea lo que Dios quiera’, en clara alusión a la Virgen y a Jesucristo crucificado, ha generado un alud de críticas cuyo exponente máximo ha sido el obispo de Canarias, que manifestó que el día de la elección había sido el más triste de su estancia en las islas, por encima del accidente del avión de Spanair en el que fallecieron 154 personas.

Por otra parte una guagua del colectivo ultraconservador HazteOir ha sido la comidilla en medios de comunicación y redes sociales por su mensaje tránsfobo: ‘Los niños tienen pene; las niñas tienen vulva; que no te engañen’.

En ambos casos las fiscalías correspondientes estudian si hay delito. En ambos casos se ha procedido a ‘retirar’ el mensaje, bien haciendo desaparecer el vídeo de la gala de la página web de Televisión Española, bien inmovilizando la guagua, que permanece en un garaje.

Al margen de que pueda generarme más o menos rechazo uno u otro mensaje, lo que realmente me parece preocupante es que llevemos nuestra actitud de ofendidos hasta el punto de preferir no ver, de obviar la realidad, que supone que existen personas para todos los gustos, que se expresan sin violencia y sobre cuyos mensajes, faltaría más, también podemos opinar sin necesidad de cercenar derechos.

En palabras de Salman Rushdie, “la mejor manera de defender la libertad de expresión es ejerciéndola”. Crearnos una opinión ya es cosa nuestra.

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Mucho se está hablando en estos días sobre si el horrible ataque en el pub Pulse de Orlando, que dejó 50 personas muertas -incluyendo al atacante- es un acto yihadista u homófobo. Personalmente creo que dejar a un lado cualquiera de las dos posibilidades es una equivocación y una irresponsabilidad. Como pasa con casi todo, las cosas no suelen ser blancas o negras sino una mezcla de ambos colores  y, por mucho que algunos no estén dispuestos a reconocerlo, la homofobia y el extremismo religioso están íntimamente relacionados. Cualquiera de las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islam…) tienen entre sus principales preceptos la supremacía del hombre sobre la mujer y la condena de cualquier cosa que guarde relación con el sexo y se salga de su concepto de “normalidad”: homosexualidad, transexualidad, relaciones sexuales fuera del matrimonio, poligamia, promiscuidad…

No nos engañemos: el odio o el miedo hacia lo que se sale de lo “normal” hunde sus raíces en el sentimiento religioso, que está tan arraigado en nuestras sociedades que lo interiorizamos durante nuestra educación aunque no seamos especialmente creyentes. Se trata de lo que vemos y escuchamos cada día a nuestras familias, amigos, maestros, políticos y cualquier persona que tenga o haya tenido algún papel relevante en nuestra vida o se encargue de legislar y organizar nuestra convivencia . Esas personas modelan nuestra personalidad, crean y modifican nuestro código de conducta y afectan a cómo vemos a los demás con sus prejuicios y dogmas sin que nos demos cuenta de ello.

¿Es el ataque de Orlando un acto de extremismo religioso? Claro que sí. ¿Es un acto homófobo? Por supuesto. Una cosa lleva a la otra e intentar minimizar su dimensión homófoba supone invisibilizar a un grupo social que históricamente ha sido (y sigue siendo) discriminado, criminalizado y odiado por gran parte de la sociedad debido a unos dogmas intolerantes y sin sentido. Porque la elección del lugar del crimen no es casual. Que presuntamente Omar Mateen fuese un homosexual reprimido tampoco es casual. Y que mucha gente prefiera no nombrar la homofobia inherente al hecho, desgraciadamente, tampoco lo es.

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Planeta tierra. Crédito: NASAPartidos imputados. Gente muriendo ahogada mientras huye de una guerra. Documentales que cuentan sandeces, premiados. Gente muriendo de hambre mientras huye de una guerra. Titiriteros encarcelados. Gente muriendo de frío mientras huye de una guerra. Colectivos ultramachistas convocan reuniones en ciudades europeas. Gente muriendo de pena mientras huye de una guerra. Políticos que atropellan a policías mientras huyen para no ser multados. Gente muriendo de hambre mientras huye del hambre. Un chico muere por dejar su tratamiento y creer en curaciones milagrosas. Gente muriendo en cárceles por pensar de un modo diferente. Miembros de la realeza son juzgados por estafa. Gente ajusticiada en sillas eléctricas por gobiernos progresistas. Lapidaciones virtuales en redes sociales. Gente ajusticiada por ahorcamiento en países ricos. Pederastas confesos, protegidos. Gente que muere de un tiro en la cabeza porque su gobierno los ha condenado a muerte. Despidos indiscriminados. Políticos ladrones y mentirosos pidiendo tu voto. Paro. Coches bomba. Los ricos, cada vez más ricos. Niños y niñas violados y utilizados en guerras inmundas. Gente que acepta trabajar sin cobrar para “formarse”. Se eliminan becas de comedor y los críos pasan hambre. Terroristas suicidas en una boda. Salarios disfrazados de “mínimos” para justificar la esclavitud. Bancos robando. Mujeres sin nombre asesinadas a manos de sus parejas. Religiones que te piden que odies. Personas que se operan para no envejecer. Países en los que caer enfermo es igual a la muerte porque no puedes pagar los médicos ni las medicinas. Atentado en un mercado. Familias sin hogar. Un tipo que lanza a un bebé de diecisiete meses por la ventana. Niños y niñas que no tienen acceso a la educación. Gente bañándose en una playa con los cuerpos ahogados de inmigrantes a unos pocos metros. Un mundo que se calienta.

Más gente muriendo de hambre y enfermedad en países donde todas estas cosas no importan lo más mínimo.

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Hacerse mayor es aprender a ofenderse. Es ejercer el derecho a la ofensa alcanzando las más altas cotas de preciosismo. Dejar ir un “yo ya estoy de vuelta de todo” mientras echas espuma por la boca y propano a reacción por las orejas. Romper la pana.

 

  • Buenos días, venía a presentar una demanda por ofensas. Una chiquilla ha enseñado las tetas en una capilla.
  • ¿La de la Complutense? ¿No eran esos los mismos que gritaban “Arderéis como en el 36”?
  • PEZÓN, CABALLERO, ¡PEZÓN!
  • Y además podemita, señora. Firme aquí.

 

  • Buenas tardes, unos titiriteros han enaltecido a ETA, o a Al Qaeda. O a algo.
  • Conozco la obra. Un clásico. El malo maloso haciendo de las suyas, ¿no? ¡Cómo es la sátira, eh!
  • ¡Filoetarra!
  • Dios me libre. Firme aquí, caballero.

 

  • Hola, don funcionario. Esta tarde tengo una entrega de premios y pienso ofenderme por un poema feminazi anticatólico.
  • Tendrá que ser más explícito.
  • Es como el padrenuestro, pero en el segundo verso dicen “coño”.
  • Lo conozco. Oda a la maternidad, dicen. Pero un par de versos más abajo dice “hijos de puta”, y al final acaba con una vagina.
  • No se preocupe, pienso irme en el segundo verso.
  • Pero si dura menos de medio minuto, ¿no le quedará más auténtico aguantar hasta el final?
  • Es que he quedado para merendar.
  • No se hable más, firme aquí.

 

Hacerse mayor es haber contribuido a hacer de esta una sociedad mejor. Hacerse a un lado y dejar paso a los otros, a los nuevos, a los pujantes. Sonreírles mirándoles fijamente a los ojos y recordarles en un susurro:

  • Como ha venido se puede ir. Así que tranquilito. Que si los cristianos hemos aprendido a base de errores que se cazan más moscas con una cucharada de miel que con un barril de vinagre lo mismo cambiamos de opinión y esto se convierte en Kabul. Ojito con lo que dices. Cuidadito con lo que haces.

Y con esa misma media sonrisa y una palmadita en la espalda dar media vuelta y despedirse. Y caminar hacia el horizonte entre carcajadas y toses.

Eso. Eso es hacerse mayor. Y a mí la juventud se me está escapando de las manos.

MezquitaELPLURALCOM

Fuente: elplural.com

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Goya en la Wikipedia

Goya en la Wikipedia

El jueves pasado cumplió 196 años el Museo del Prado. Fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819. Ese mismo año, Goya adquirió la Quinta del Sordo, en uno de cuyos muros pintaría “Saturno devorando a un hijo”. Yo todo esto lo sé Wikipedia mediante, Dios me libre. Pero una vez conocidos los datos me ha dado por pensar que es curioso que el primer cuadro que vi cuando me estrené en el Museo del Prado fuera el del oscuro Saturno. Nunca he sabido nada de arte, y menos en aquel tiempo, en el que además padecía un cuadro de estupidez aguda (también llamado adolescencia). Sin embargo, la pintura supo sobreponerse a mis carencias y me impresionó. Me impresionó de una manera que yo no sabía interpretar y una voz interior me decía: no te preocupes de eso, no ahora, disfruta la emoción, carpe diem (me gusta pensar que todo adolescente tiene una voz interior con nociones básicas de latín que, aunque bajito, lo mantiene atado a la vida real, porque si no…).

Han pasado veinte años y sigo sin tener ni idea de arte. Algo sí ha cambiado: ya no estoy en primera división de estupidez (tampoco en regional, desgraciadamente) y la acumulación de años me ha dado para aprender cositas. Algunas de ellas incluso podrían ayudarme a descifrar qué pasó aquella mañana en el Prado. En todo este tiempo ha habido angustia, oscuridad, absurdo. Me he podido sentir pequeño, inútil, devorado, devorador, salvaje, atormentado. He sido injusto y cruel, y lo he visto venir. Han existido el terror, el desgarro, el sufrimiento, la muerte en múltiples variantes, colores y sabores. Muchas de estas ocasiones se convirtieron en código. Ha habido un 11S, un 11M, un 7J, ha habido un 13N, con sus correspondientes post-11S, post-11M, post-7J, post-13N. Y se han sembrado muchos millones de muertes más, sin codificación. Y como me ocurre con los ojos increíblemente blancos de Saturno, sus pelos imposibles, sus trazos incómodos, con los restos del cuerpo de su hijo, la viscosidad de la sangre y la oscuridad que lo rodea todo, no lo puedo explicar. No lo entiendo. Conozco, nos lo han contado, el qué, el cómo y varios por qués. Pero no el por qué profundo, el real. No logro alcanzarlo. No lo comprendo.

Sin embargo, este mundo no fue creado para que yo lo entendiera. Eso es algo que también he terminado por saber. Es más, mis últimas pesquisas me llevan a dudar fuertemente del hecho mismo de que este mundo haya sido creado.

Afortunadamente, hay otras cosas igual de inexplicables, pero mucho mejores. ¡Dónde va a parar!

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