Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Redes sociales’ Category

dni-electronico

Este DNI es falso. Lo que abajo se cuenta es totalmente real.

¿Recuerdas dónde estabas el 22 de diciembre de 2015? Yo tampoco. En cambio G recuerda bien haber pasado parte de ese día ayudando a sus padres con la decoración navideña en su casa de Tenerife. Recuerda bien que había vuelto hacía un tiempo a vivir con ellos tras quedarse en paro. Y también recuerda bien otras cuantas cosas más.

Ese día, en Valencia, una mujer accede en su teléfono móvil a la app del BBVA y autoriza un pago de 300€. Al poco tiempo, en Madrid, alguien consulta en su teléfono móvil el código que le envía el BBVA y, en un cajero automático de la entidad, retira los 300€. El dinero constituye el pago por un perro, comprado a través de la web milanuncios.com. El perro nunca llega a Valencia, si es que el perro anunciado existió en algún momento.

Aquí es donde las historias de G y el perro del anuncio convergen: la mujer de Valencia, viendo que sus 300€ han desaparecido sin mascota que los sustituya, denuncia al anunciante. El anunciante es un número de móvil en la web. Y ese número de móvil está a nombre de G. G nunca ha tenido perro. G tiene móvil, sí, pero otro. G no ha puesto ningún anuncio en internet. G no estaba en Madrid el 22 de diciembre de 2015.

Cuando meses después G recibe la denuncia llama a la compañía de telefonía. Allí le comunican que el móvil es de prepago. Que se compró online desde Madrid. Que cualquier persona con los datos de un DNI puede comprarse un móvil de este tipo. Que no hace falta más identificación.

¿Recuerdas cuántas veces has fotocopiado, escaneado, adjuntado tu DNI? G y yo tampoco.

A partir de aquí la historia se me vuelve borrosa: G denuncia una suplantación de identidad, presenta su declaración por escrito a la juez de Valencia, pide que se llame a la compañía de telefonía que genera esa duda razonable, que se investigue (tiene testigos) dónde estaba ese 22 de diciembre de 2015 en que se cobró el dinero, que se audite su cuenta bancaria, sus ingresos… Nada de eso parece ser tenido en cuenta. La juez lo declara culpable, el recurso reafirma el veredicto, no se ha acreditado suficientemente la inocencia.

Fíjate tú. Un 22 de diciembre de 2015 estás colgando bolas en un árbol de Navidad y al rato tienes antecedentes por estafa. Y todo sin salir de casa.

 

Read Full Post »

Hoy en día, la verdad está en Twitter. ¿Quiere usted saber cómo ser un buen feminista? Vaya a Twitter y lea a Barbijaputa, el feminismo es lo que ella dice. ¿Que no sabe si está actuando como un buen ciudadano de izquierdas? Ningún problema, Antonio Maestre o Irene Montero le dirán qué tal lo está haciendo. ¿Cómo, que está usted a favor del libre mercado? Pues ahí tiene usted a Marta Flich para aclararle que es usted un cretino liberal. Y así con cualquier debate que pueda surgir. En Twitter abundan las gentes que lo saben todo y que se encargan de explicarnos que no sabemos nada; de muy malas formas, además.

ILaufhmp

Quizás lo que más me sorprenda de estas personas es la soberbia y rotundidad con la que opinan, cuando no les da por hacer comentarios sarcásticos, cada cual más hiriente y faltón, al que ose posicionarse en contra. Y les un importa un carajo, les da lo mismo que sea usted escritor de éxito, economista reconocido o que haya desarrollado políticas a favor de la igualdad. Nada de eso vale si usted se sale de la línea trazada, porque estas personas poseen la verdad, qué coño, ¡ellas son la verdad! Y nunca se equivocan, claro. ¿Quién puede equivocarse cuando las reglas las inventas tú?

Les envidio porque yo nunca me he visto con esa capacidad para opinar con tal rotunidad de nada. Ojalá tuviera su seguridad para decir que “usted es machista porque se despatarra en el metro” o es “usted un facha porque no apoya ciegamente las reivindicaciones de los estibadores”. Pero, joder, a mí me enseñaron otra cosa en mi casa. A mí me enseñaron a razonar, a relativizar, a tratar de comprender la postura del que te interpela. También a no burlarme ni hacer chanza, a no denigrar ni ridiculizar al que tienes enfrente.

Pero sobre todo me enseñaron a pensar por mí mismo, y si pienso que el hombre tiende a despatarrarse porque entre las piernas tiene un pene y dos testículos (o uno), y no por alguna operación heteropatriarcal orquestada desde el cuñadismo patrio, eso no me convierte en un machista opresor; y si pienso que los estibadores pueden estar equivocados en alguna de sus reivindicaciones eso no me convierte en un miembro de las Nuevas Generaciones del PP. Lo diga Barbijaputa, Antonio Maestre, La Pasionaria o la madre que me parió.

Yo utilizo Twitter para informarme, para aprender, muchas veces incluso gracias a estas personas o perfiles que he mencionado, pero no soporto su soberbia, su tono condescendiente con los que consideran pobres ignorantes, que no somos otra cosa que gente que opina diferente. Poner en cuestión su discurso no tendría por qué convertirte en machista o facha pero, ay, como se te ocurra disentir, la furia twittera caerá sobre ti…y tú, que te despertaste feminista y de izquierdas, te acostarás machista y derechizado. Porque ellos lo dicen, y punto.

Read Full Post »

 

Internet y las redes sociales han convertido nuestro mundo en un mundo hiperconectado y sobreexpuesto. Estamos sobreexpuestos a información, a desinformación, a imágenes, a verdades, a mentiras y a opiniones. Y tal parece que estemos inmersos en una especie de caos producto de un periodo de adaptación a esta ya no tan nueva manera de comunicarnos y relacionarnos que, olvidémonos de ello, no va a tener vuelta atrás.

Y de entre todas esas cosas con las que nos bombardean a diario hay algo que se ha convertido en casi en un dogma de fe: las opiniones. Cada día sobreestimamos las opiniones de aquellos que están de acuerdo con nosotros y subestimamos y cuestionamos las opiniones de aquellos con los que no comulgamos. Y cada día vemos cómo la opinión toma el lugar que debería ocupar la información, sustituyéndola de manera inadvertida pero peligrosa: cada vez hay más columnas de opinión disfrazadas de periodismo en los medios (tanto online como de la prensa escrita; no es este un fenómeno exclusivo de internet ni mucho menos), cada vez hay más tertulianos “toderos” en los programas de televisión o la radio y cada vez leemos y compartimos más opiniones de aquellos a los que seguimos en Twitter o en Facebook que dicen cosas que nos parecen verdades absolutas (y les seguimos precisamente por eso, relegando al olvido o a la burla al que opina distinto). Y esto forma parte de ese fenómeno de moda que hemos dado en llamar posverdad.

Dice Wikipedia: Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. Estamos dando a las opiniones una importancia que no deberían tener. Estamos creyendo cosas únicamente porque coinciden con nuestros sentimientos, ideales o creencias sin ni siquiera cuestionar su veracidad. Y nos negamos a escuchar al que tiene opiniones diferentes. La burbuja de filtro que propician las redes sociales y que nosotros obviamos y propiciamos hace que leamos y sigamos a aquellas personas o medios con opiniones cercanas a las nuestras, silenciando al resto. Esto es todo lo contrario de lo que una sociedad crítica y sana necesita: necesitamos confrontar nuestras opiniones, discutirlas y cambiarlas si estamos equivocados. Necesitamos cuestionar todo lo que nos dicen o leemos, comprobar su veracidad, buscar fuentes… y sobre todo necesitamos tener claro que la opinión siempre es personal, y si no va sustentada con hechos comprobables y veraces, no significa nada.

Y, por supuesto, todo este post no es más que mi opinión. Duden de ella y fórmense la suya propia.

Read Full Post »

Me sé un chiste sobre un niño con cáncer. Tan gracioso como cruel. ¡Lo que me reí la primera vez que me lo contaron! ¡Y lo incómodo y culpable que me he sentido cuando lo he contado yo! Todas y cada una de las veces. Las veinte o treinta. Lo juro.

También me sé toneladas de chistes sobre judíos en campos de concentración. Los disfrutamos mucho en las reuniones familiares. He contado lo típico, las bromas obligadas, sobre Irene Villa. Y los chistes machistas ya casi no los trabajo porque no se ríe demasiada gente, lo ven algo tan cotidiano que no les hace gracia el tema.

En mi descargo he de decir que siempre procuro contar estos chistes en petit comité. Y luego la culpa la trabajo por dentro. Nada ostentoso. Pero por pura vergüenza, nada que ver con la prudencia. Hasta el momento había pensado que me bastaría, llegado el momento, con pedir disculpas a alguien en la audiencia, ruborizarme tras la carcajada y aclarar que no dispongo de carnet de ETA, ni de permiso de armas ni me alegro de las enfermedades ajenas, que es solo un chiste. ¡Que soy buena persona! Quizá aguantar reproches y pasar un mal rato. Y ya. Nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ocurrir algo más.

Nunca digas nunca. Del otro día a esta parte vivo acojonado. Borro dos de cada tres tuits antes de publicarlos, bajo la voz en reuniones sociales y he hecho firmar un acuerdo de confidencialidad a mis amigos más cercanos, esos que me ríen las gracias. No quiero tener que renunciar a una concejalía como Guillermo Zapata, que me reabran causas taitantas veces como a César Strawberry o me quiten la beca y la posibilidad de opositar como a Cassandra Vera, por cuatro tontás mal escritas que, además, ofenden poco.

Este miedo no es ni sano ni es normal. Sé que son problemas del primer mundo, que tenemos comida en la mesa y algunos hasta carnet de gimnasio. Pero que tu capacidad de hacer reír no la mida una sonrisa, sino un juez de la Audiencia Nacional, toca un poco los huevos, para qué mentir. Huele a ir quitando la libertad de a poquito. Tan de a poquito, tan como sin querer que, dentro de un tiempo, tú mismo estás pidiendo cárcel para los malos humoristas. Se equivocan. El respeto es otra cosa, más sutil y muchísimo más hecha polvo. Con la cantidad de gente con estudios que ha trabajado esto de los límites del humor, da un poco de cosa que algo tan complejo quede en manos de legisladores (que tantas veces la cagan).

Así que no. No contaré el chiste del niño con cáncer. Por aquí no. Si lo quieres oír búscame, firma unos papelitos y a reír.

Me voy yendo. Aquí abajo unos que saben más del tema. Ah, y que os follen.

 

 

Read Full Post »

irrepetibleLlevo unos meses siguiendo en Facebook a Roy Galán.

Afortunadamente algunas veces encuentro contenidos compartidos por familiares o amigos que me interesan. Unas pocas, no muchas, el hallazgo es un pequeño tesoro, y ese fue el caso de los textos de Roy. El primero que leí, el pasado 22 de septiembre, parecía un mensaje enviado desde otra dimensión (y eso que yo no veo más que una) especialmente destinado a mí.

A partir de entonces espero sus publicaciones ávidamente, y casi nunca me decepciona lo que escribe en su muro.

El círculo se completó el pasado 6 de enero cuando mi amigo invisible tuvo el acierto de regalarme ‘Irrepetible’, un libro precioso (tanto por su encuadernación como por sus ilustraciones y su estructura) que sacudió mis cimientos como solamente recuerdo que han conseguido unos cuantos ejemplares.

‘Irrepetible’ es una cuerda que Roy Galán agita, consiguiendo con cada movimiento rozar puntos que parecían inaccesibles por escondidos u olvidados. Tratar de definirlo sería poner etiquetas fáciles y creo que el propio autor no estaría de acuerdo, por lo que lo mejor es leerlo y permitir que llegue, sin más.

Gracias Roy. Por cierto mi palabra es aprena.

 

No vas a estar para siempre.

Eso es lo único que no va a pasarte.

De resto, todo puede ser.

Un día te irás de este planeta.

No sé si de golpe como una rueda al reventarse.

O lentamente como una pared de hielo que se derrite.

Pero te vas a ir.

El tiempo es un bien fungible que se consume con el uso.

Y el jodido capitalismo te ha expropiado todo el tiempo.

Y ha puesto un precio para que lo recuperes.

Te han hecho creer que pagas en dinero.

Pero consumes en minutos.

La chaqueta amarilla de Zara te costó entre quinientos y mil minutos de vida.

Y si no fue a ti, fue a tus padres, que es indudablemente peor.

Gracias, Amancio.

Un tiempo que nadie te va a devolver.

Porque el tiempo es un bien irrecuperable.

Ahora voy a recuperar el tiempo perdido, te dices.

Ningún tiempo es perdido.

Todo tiempo es vivido.

Por eso no entiendo la manía que tienen algunos de reservarse para los gusanos.

Por eso no entiendo que alguien pueda llamarse a sí mismo conservador.

Qué quieres conservar.

Si todo algún día va a desaparecer.

Y sólo van a quedar lagartos sin miedo poblando la Tierra.

Por eso no entiendo a la gente quejica.

Cuando tienes suerte de poder seguir quejándote.

Igual te parece deprimente pensar que te estás muriendo.

A mí me parece tremendamente hermoso.

Porque si me estoy muriendo es que sigo con vida.

Cada instante que no nos vamos.

Es una oportunidad.

¿Qué haces dentro de un armario?

¿Qué haces en la barra del bar sin bailar?

¿Qué haces que no estás diciendo te amo a todo el que amas?

¿Qué haces pudriéndote en ese trabajo de mierda?

¿Qué haces estudiando esa carrera que te importa un pito?

¿Qué haces todo el día con las manos atadas a unas mancuernas?

¿Qué haces en esa relación tóxica?

¿Qué haces que no estás escribiendo?

¿Qué haces cumpliendo las expectativas ajenas?

¿Qué haces que no estás provocando un orgasmo?

¿Qué haces que no me estás besando?

¿Qué haces que no estás luchando por el resto?

¿Qué haces por ti por esa niña o ese niño que fuiste?

Nos tenemos que sobreponer a la vergüenza.

Al miedo.

Vergüenza que la muerte te pille siendo algo que no quieres ser.

Miedo a que la muerte te dé alcance insultando o lleno de odio.

No necesitas excusas para querer.

Querer es el fin y no el medio para nada.

Quiere, joder.

Siente los nutrientes en la garganta.

Duerme abrazado si puedes.

Manda ese mensaje.

Inténtalo todas las veces que haga falta.

El orgullo es cobardía disfrazada de coraje.

Ten coraje.

Echa el corazón por delante.

Hoy.

Ya.

Corre.

Haz que pase todo eso que puede ser.

Porque no vamos a estar para siempre juntos.

Pero ahora, mira tú, qué puta maravilla.

Lo estamos.

Y mi tiempo no es para el drama.

Mi tiempo es para que cuando me vaya.

Encuentren mi existencia.

Totalmente devastada.

Read Full Post »

Internet y, en concreto, los medios digitales se han convertido en una fuente inagotable de consejos con los que o alcanzas la felicidad total o te hundes en el más hondo de los pozos si ves que no te ajustas a los parámetros por lo que se debe regir una vida plena.

Parece increíble pero hay listas de cosas que se deben o no se deben hacer para absolutamente todo tipo de situaciones.

A veces leo esas listas por curiosidad pero también, lo reconozco, para saber si puedo considerarme una persona apta para vivir en esta sociedad moderna.

Algunas de esas listas que aparecen de forma recurrente en los medios nos ilustran sobre lo que debemos o no decirle a nuestros hijos si queremos evitar que sean unos desgraciados de por vida, unos debiluchos, unos seres sin autoestima o gente con nula capacidad de liderazgo.1aa2f7441c2e1e8ce1ae43bf58de9bfa_xl

Confieso aquí que soy una madre terrible porque de las diez frases que hay que evitar decir a los niños hay ocho que yo les suelto a mis hijos no a diario pero sí con frecuencia. No se crean que me hace gracia, me lleva a cuestionarme mucho mis aptitudes maternales y llego a preguntarme si no estaré ejerciendo una especie de maltrato motivacional, una autoridad desmesurada sobre esos pobres niños.

Recomiendan ahí que nunca les digas “me tienes harta”. Yo jamás lo hago pero solo porque lo sustituyo por un “me tienen hasta el gorro”, el ya clásico “estoy hasta el moño” o “hasta aquí me tienes hoy”, al tiempo que coloco mi mano un palmo por encima de mi cabeza.

Tampoco hay que decirles “me vas a volver loca” o “porque lo digo yo y punto” porque eso puede tener “un impacto negativo en nuestra relación”, además de generarles “gran ansiedad”. Mira, un impacto negativo es que alguien, en este caso menor de edad y poco preparado para saber lo que le conviene, insista cien veces en los mismos argumentos para ver si consigue lo que quiere. Cuando ya se le han dado varias respuestas más o menos amables y razonadas y se entra en un bucle sin fin creo que es más que adecuado espetar esas y otras expresiones, acompañadas mentalmente, si procede, de un “no te fastidia el monicaco este…”.

“Eres un vago” (a mí me gusta más usar gandul/a) es otra de las frases a evitar porque también “daña la relación paterno-filial” y “provoca en los jóvenes frustración y desinterés”. Vamos a ver, ¿y la visión continuada de ropa, juguetes, libros, tirados por la casa, la existencia de un mini ser echado viendo la tele mientras su cuarto se cae a pedazos… no daña la relación y la convivencia? ¿Acaso no genera frustración? A mí, muchísima.

En fin, no voy a relatar aquí todas y cada una de las (ahora, gracias a las listas, lo sé) barbaridades que digo cuando me canso de ser políticamente correcta. Valgan estas como ejemplo y agradézcanme que les ahorre más detalles. Solo añadiré como anécdota que hace unos días les pregunté por un ejemplo de gran depredador y uno de ellos respondió: “tú, cuando te enfadas”.

Read Full Post »

[…] Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress. Por una razón muy sencilla: un sistema de comunicación libre e interactivo agrupa a la gente. Cuanto más usamos Internet, más sociabilidad física tenemos”.

Manuel Castells.

 

Si echamos un vistazo a las noticias sobre el uso de internet o del teléfono móvil que publican muchos medios, nos daremos cuenta de que una importante cantidad de ellas intentan convencernos de lo terribles que pueden llegar a ser. Continuamente nos advierten de los peligros de estar en internet, de las consecuencias de pasar nuestro tiempo en Facebook y de la relación entre internet y el aislamiento social e incluso la violencia.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, por mucho que el capitalismo y el neoliberalismo insistan en que lo más importante es el individuo. Y precisamente lo que nos proporciona internet es sociabilidad. Es un error pensar que porque una persona pase mucho tiempo de su vida en la web o en las redes sociales está perdiendo el tiempo o se convierta en un antisocial; ese error lo cometemos porque aún no somos del todo conscientes de la enorme capacidad de socialización que tienen las redes.

 

trenperiodicos

 

La imagen que aparece sobre estas líneas era muy habitual hasta la aparición de los teléfonos inteligentes y las tabletas (aún hoy se puede ver algo parecido en cualquier medio de transporte público) y nunca se nos pasaría por la cabeza que esa gente sea antisocial o tenga algún tipo de problema de socialización. Pero la cosa cambia si en lugar de mirar una hoja de papel están mirando una pantalla. Sin embargo, no nos paramos a pensar que lo que está haciendo la gente de esta foto es únicamente informarse y pasar el rato, mientras que el que está delante de una pantalla puede estar haciendo eso mismo y además conversar con personas de cualquier parte del planeta, discutir sobre cualquier tema en las redes sociales, buscar gente con la que hablar o entablar relaciones sexuales o amorosas e incluso escribir un artículo como el que están leyendo en este momento. ¿Es eso ser antisocial? ¿De veras creen que se está perdiendo la sociabilidad?

Hará unos cinco o seis años unos amigos intentaron iniciarme en el mundo de los juegos de mesa. Siempre me han gustado, pero nunca tuve el grupo de personas adecuado con quien jugar. Después de eso me compré un par de juegos y con un pequeño grupo de amigos comenzamos a celebrar jornadas lúdicas (aunque muy espaciadas en el tiempo debido a nuestros compromisos de personas adultas). Todo siguió más o menos así hasta que descubrí la enorme cantidad de aficionados a los juegos de mesa que existen en Internet y que han montado foros, grupos de Facebook o canales de Youtube. Desde que comencé a pasar mi tiempo libre en estos lugares virtuales comencé a comprar más juegos, algunas personas que no conozco personalmente me han añadido a sus redes y me han ofrecido ir a jugar con ellos, he descubierto grupos que organizan jornadas lúdicas en diferentes lugares de mi ciudad e incluso gente de españa (país en el que no vivo) me ha dicho que cuando vuelva podemos organizar partidas. Y todo eso gracias a Facebook o Youtube. No, no pienso que esté perdiendo mi tiempo y tampoco creo que eso no sea socializar. De hecho, este mismo auge de los juegos de mesa es un ejemplo palpable de que la gente no es menos social después de la llegada de internet, sino todo lo contrario.

 

img_20170104_192413520_hdr

 

Así que sí, aunque usted no lo perciba, la gente es hoy más sociable que antes. Conoce más personas y lugares, se reúnen para jugar alrededor de una mesa, para tener relaciones sexuales, para hablar de música, cine, televisión, libros o lo que sea. Porque está en nuestra naturaleza.

 

 

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: