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Archive for the ‘Monarquías varias’ Category

Planeta tierra. Crédito: NASAPartidos imputados. Gente muriendo ahogada mientras huye de una guerra. Documentales que cuentan sandeces, premiados. Gente muriendo de hambre mientras huye de una guerra. Titiriteros encarcelados. Gente muriendo de frío mientras huye de una guerra. Colectivos ultramachistas convocan reuniones en ciudades europeas. Gente muriendo de pena mientras huye de una guerra. Políticos que atropellan a policías mientras huyen para no ser multados. Gente muriendo de hambre mientras huye del hambre. Un chico muere por dejar su tratamiento y creer en curaciones milagrosas. Gente muriendo en cárceles por pensar de un modo diferente. Miembros de la realeza son juzgados por estafa. Gente ajusticiada en sillas eléctricas por gobiernos progresistas. Lapidaciones virtuales en redes sociales. Gente ajusticiada por ahorcamiento en países ricos. Pederastas confesos, protegidos. Gente que muere de un tiro en la cabeza porque su gobierno los ha condenado a muerte. Despidos indiscriminados. Políticos ladrones y mentirosos pidiendo tu voto. Paro. Coches bomba. Los ricos, cada vez más ricos. Niños y niñas violados y utilizados en guerras inmundas. Gente que acepta trabajar sin cobrar para “formarse”. Se eliminan becas de comedor y los críos pasan hambre. Terroristas suicidas en una boda. Salarios disfrazados de “mínimos” para justificar la esclavitud. Bancos robando. Mujeres sin nombre asesinadas a manos de sus parejas. Religiones que te piden que odies. Personas que se operan para no envejecer. Países en los que caer enfermo es igual a la muerte porque no puedes pagar los médicos ni las medicinas. Atentado en un mercado. Familias sin hogar. Un tipo que lanza a un bebé de diecisiete meses por la ventana. Niños y niñas que no tienen acceso a la educación. Gente bañándose en una playa con los cuerpos ahogados de inmigrantes a unos pocos metros. Un mundo que se calienta.

Más gente muriendo de hambre y enfermedad en países donde todas estas cosas no importan lo más mínimo.

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Ha llegado el frío. Finalmente. Y a mí cuando hace frío lo que me gusta es comer bien, comer caliente y en abundancia. Anoche, sin ir más lejos, me empujé una escudella i carn d’olla para cuatro, de segundo un guiso de piñas y costillas para tres y rematé con un quesillo que me había mandado mi madre por correos. Sin nata, eso sí. Obvié el café, que me quita el sueño, y me fui a la cama con mi infusión y sus dos sacarinas.

Y tuve una pesadilla gorda.

Yo era un rey. Uno de estos absolutistas que aglutinan el poder. Vamos, que yo era el mismo Estado y el Estado era yo. De locos. Y mi reino era grande y era diverso y estaba aquejado de disputas internas, de intentos de secesión, de quejas vecinales a cuenta de mil y una razones históricas y lingüísticas.

Pero yo era un rey ladino, además de absolutista. Era un rey taimado. Era un rey bastante hijoputa. Así que, harto de que la plebe se me rebelara aquí, allá y acullá, decidí cortar por lo sano. Como la historia no se puede cambiar (créanme, lo había intentado) ataqué el otro flanco, el de la lengua. Y empecé por los niños. ¡Qué ladino! Enseñé todas las lenguas del estado en todas las escuelas del territorio. ¿Incluso en aquellas regiones en que no se hablaban? Incluso en aquellas. ¡Qué taimado! ¿A pesar de tener una lengua común en la que todos se entendían? A pesar de ello. ¡Qué hijoputa!

Ellos nunca sabrían cómo, pero a fuerza de entenderse dejaron de verse como extraños. A base de compartir las diferencias empezaron a verlas como semejanzas. De tanto sentirse queridos comenzaron a quererse. No había lenguas más útiles que otras, no había idiomas más orientados a la modernidad, no había dialectos más antiguos, no había rincones donde esconderse del que no te puede ni te quiere comprender. No había peculiaridad sino carácter. No existían, al fin, cien hechos diferenciales, sino un solo hecho, grande, difuso, a la vez diverso y asimilador. Me cargué a los traductores. ¡A tomar por saco! ¡QUÉ CABRÓN!

Y les dejé usar sus banderas. Es más, las usamos todas todos, las ondeamos todos en todas nuestras celebraciones. Que son muchas porque todas son las de todos. Más fiestas y menos reproches. Pobres tontos. En su felicidad no se dan cuenta de que los manipulo para que no armen bulla.

Me desperté sudando, entre escalofríos y temblores mensurables en la escala Richter. Lo vomité todo. Vomité incluso un tazón de leche con gofio que desayuné algún jueves de 1988. Qué mal dormir. Qué mal despertar. ¡Qué pesadillote! Yo, ¡un rey! YO, ¡que no bebo!

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eljueves

eljueves

Ahora que tenemos nuevo rey parece que queremos recuperar viejas y rancias costumbres. ¿Ustedes recuerdan cuando allá por 1995 la población de todo el mundo desarrollado, menos los españoles, podía ver fotos de Juan Carlos I, ex rey de España, en pelota picada en su yate? El REY era intocable, nos había salvado a todos de una dictadura y había que corresponderle con respeto y admiración por parte de todos y cada uno de los españoles y, por supuesto, de todos y cada uno de los medios de comunicación del país. Nadie se atrevía a levantar la voz, ¿lo recuerdan? Yo, perfectamente, sobre todo porque no entendía a qué venía tanto peloteo. “Hay un pacto no escrito”, me contestaban cada vez que preguntaba por el asunto.

Los años fueron pasando y yo comencé a respirar un poco mejor. El REY, el ahora jubilado, dejó de ser sagrado. Todos le hemos podido ver matando elefantes o acompañado por alguna mujer que no fuera su “compañera” Sofía. Bueno, parecía que la democracia y el derecho a la información habían ganado la batalla. ¡Bravo!

Digo parecía, porque mucho me temo que algo se está moviendo detrás de las puertas para que esta renovada Casa Real y su nuevo y flamante rey, joven, moderno y campechano (¿cómo no?), salga bien en todas las fotos. Primero fue la extraña, extrañísima, retirada de los quioscos de la portada de la revista El jueves que hacía alusión a una coronación “apestosa”. Lo que, por cierto, provocó la marca de la publicación de 18de sus dibujantes.

Ahora, le ha tocado el turno de salida a la humorista Atxe, del Hufftington Post, que denunció la semana pasada haber sufrido también censura por una de sus colaboraciones gratuitas en las que se criticaba la figura del REY.

Mal empezamos.

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Unos veinte minutos de discurso. Qué palique, señor, qué palique. Retrasé la publicación de mi entrada de hoy en este espacio para trasladarles a todos ustedes, oh, lectores, mis impresiones sobre el momento histórico que estamos viviendo. El de la proclamación del nuevo rey, digo, porque en estos últimos meses tenemos como poco un momento histórico al día, que está una que ya no sabe qué guardar en la retina.
El nuevo rey habla y yo sólo puedo pensar en cuántas vaporetas harán falta para limpiar tanta alfombra y tanto tapiz, y dónde las guardarán luego. Porque eso hay que limpiarlo, que puede venir un diputado alérgico y montarnos la de dios. Esa era mi esperanza para acabar con el aburrimiento de un discurso plano, un magnífico ejercicio de retórica que casi consigue que me eche la primera siesta del día. Bueno, eso y que Froilán se levantara en medio del acto y se marcara un 23 F. Eso sí que habría sido histórico.
Deduzco que no soy la única que es incapaz de retener una sola palabra de lo que dice Felipe VI, porque lo que escucho a continuación es la voz de los tertulianos de Ana Rosa Quintana hablando de los gallos del nuevo rey. Que los tiene, que siempre ha tenido ese problema que se acentúa por la emoción. Y luego hablan de la princesa de Asturias y de su formación (todavía no ha reinado el padre y ya están pensando en lo que vendrá) y de la formación que va a recibir, angelito, que como resulte que quiere estudiar filología o algo de eso lo va a tener jodido.
Ahora pasan todos los invitados y los saludan. Hay más gente dentro que en la calle, una calle en la que también hay más policías que personas. Algunos diputados

Posada se dirige a Felipe VI: "firma aquí, rey"

Posada se dirige a Felipe VI: “firma aquí, rey”

se entretienen hablando con las niñas, me imagino que para comentarles que tienen hijos de su edad y que son bien guapos, que a lo mejor podrían quedar para merendar algún día. Letizia sonría y supongo que piensa para sus adentros “si, hombre, con tu hijo la voy a casar yo”.
Y eso ha sido todo. Espero que sepan perdonar la frivolidad del análisis, pero es lo que tiene la saturación de momentos históricos, que una ya no sabe discriminar.

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Resulta que la abdicación del rey de España ha puesto a trabajar intensamente a las redacciones de los medios de comunicación, como no podía ser menos. Y las televisiones y sus departamentos de programación tuvieron que actuar con rapidez y meterse en el tretris que son las parrillas para sacrificar determinados contenidos en función de aquello tan importante del ‘interés general’.

Pocas veces todos los periódicos de un país abren a cinco columnas con el mismo titular; y es que estas noticias, aún hoy (y más allá de ideas, interpretaciones, filias o fobias…) escriben la historia. A mi me pilló dando clase, precisamente de comunicación, y recordaré ese momento en el que tuve que reconducir mi programa para interrumpir la emisión de mi discurso y decir: españoles, Juan Carlos ha… abdicado.

twitter mujeresyhombresPor mi condición de republicano convencido muchas personas estaban esperando un juicio mío al respecto, porque es verdad que en muchas ocasiones, aquí en este blog y delante de una mesa o de la barra de un bar, he defendido la necesidad de que esta España elimine de una vez los vestigios del antiguo régimen. Y no lo hice, sencillamente porque la abdicación no resuelve este problema y no es más que un cambio de collar en los perros, que son los mismos.

Pero al final  quise escribir hoy del tema. Parece que a un sector de la ciudadanía la noticia se la ha traído al pairo (como en el fondo a mí más allá del fenómeno de masas generado -y con razón-) y no porque sean republicanos o monárquicos, juancarlistas o felipistas, demócratas o menos demócratas (por cierto ¿cuál es el antónimo de demócrata?) sino porque al producirse el aluvión de reportajes, informativos, semblanzas, tertulias, imágenes de manifestantes, imágenes de señoras aplaudiendo con las orejas, imágenes de señores diciendo que aquella noche de febrero… un canal de televisión privado tuvo que suspender un pseudo-programa (digo pseudo porque lo he visto y eso no es un programa ni es nada, sino la cola de la peluquería un día de calima) llamado Mujeres y Hombres y Viceversa.

Y esto sí que ha sido una crisis. Hay que joderse.

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IMG-20140602-WA0001Rajoy acaba de anunciar que el rey se va. Lo deja, se jubila. No aguanta más la cadera y quiere descansar. No me extraña, tantos años cazando elefantes y corriendo en moto por Madrid pasa factura. Muy dura ha debido ser su vida de monarca… viajando gratis por todo el mundo, comiendo en los mejores restaurantes, saltando de cama en cama, mandando a callar a los presidentes de otros países…

No debe ser fácil perderse cada año la cena de Navidad por tener que leer un discurso que sólo oyen algunos periodistas obligados; tampoco aguantar los desfiles de las fuerzas armadas o los abucheos en la final de la copa del Rey… Nada sencillo, seguro que no.

Es normal que quiera retirarse. No puede con más disgustos. Una hija con la convivencia interrumpida desde hace años, otra con el “supuesto” ladrón debajo de la sábana y su heredero, su ojito derecho, casado con una divorciada atea. No es para menos. Raro que no haya cogido una depresión, menudo lío que le han montado en casa en un par de años. Con lo guapos y buenos que parecían todos de pequeños.

Se va, lo deja. Quiere pasar sus últimos años de vida en tranquilidad al lado de su esposa: Sofía. Aquella que se trajo de Grecia y a la que nunca más hizo caso. “Su compañera de viaje”, su amiga, su confidente… ¿Podrá ella también abdicar de él?¿qué pensión les quedará? ¿Les dará para llegar a final de mes? Tendrán que mudarse a un pequeño y modesto palacete a las afueras de Madrid y desde allí presenciar el ansiado ascenso de su hijo Felipe, que seguro será coronado por todo lo alto. ¿Crisis, qué crisis? Será un momento histórico y, como lo pagamos entre todos, seguro que no escatimarán en gastos. Además, no todos los días hacen a tu hijo fijo en la empresa…

Ahora tendremos que aguantar miles de reportajes sobre su vida y obra y…¡ la coronación de Felipe! Yo antes de que todo se complique y empiece a correr el champán, si es posible, me gustará aprovechar la ocasión para hacer un ruego: si no es posible instaurar YA una tercera república. Si esto es demasiado traumático, exijo a mis representantes una ley de transparencia que nos permita a todos los españoles saber lo que nos cuesta mantener la Monarquía y la reforma de la Constitución que coloque en igualdad de condiciones a hombres y mujeres en la línea sucesoria al trono.

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El pasado sábado, la Infanta Cristina nos insultó a todos los españoles. ¡Sí a todos! Esa sonrisa cínica que mantuvo tanto a la entrada como a la salida de los juzgados no deja lugar a dudas. No sé lo que estaría pensando, ni me importa… Pero si nos creemos su falsa interpretación ante el juez, debemos pensar que en ese momento la única neurona que tiene estaría allí dentro (en el vacío de su cerebro) sin poder trasmitir ningún pensamiento. debía estar muy ocupada tratando de coordinar el movimiento de sus pies hacia el interior de los juzgados con el de los músculos faciales que le permitan mover los labios hacia arriba y enseñar los dientes.

No sé ustedes, pero yo no me creo nada de lo que dijo Cristina. Es más, me parece indigna e indignante su declaración. Una falta de respeto al sistema judicial, al juez Castro, a todos los españoles y, por qué no decirlo, a todas las mujeres. Nadie en su sano juicio se puede creer que la conocida como la “infanta lista”, esa que según su biografía oficial es licenciada en Ciencias Políticas y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Nueva York, no lee lo que firma, no sabe lo que hace su marido y piensa que el dinero nace en el bolsillo de papá. ¡Por favor! ¡Un poco de respeto!

La Infanta indigna se limitó a decir durante 400 preguntas: “No me consta señor juez, no me acuerdo, yo sólo quería mucho a mi marido”. Como dice un amigo mío (que además es republicano): “Vete por ahí”. Y yo añado, muy lejos y sin nuestro dinero por favor. Ya está bien de tomaduras de pelo y de vivir a cuerpo de rey (nunca mejor dicho) a costa de todos los que nos levantamos cada día a las seis de la mañana para ganar un sueldo con el que mantener a nuestras familias y pagar a Hacienda.

Ya lo dijo el juez Castro durante el interrogatorio, pero “¿usted pensaba que todo esto iba a colar”? Pues claro que NO y desde aquí quiero sumarme a todos los que fuera de los juzgados de Palma le gritaron “Castro, sólo nos quedas tú”. No sé lo que pasará a partir de ahora, si la juzgarán o si se irá de rositas, pero sólo por haber llegado hasta aquí el juez Castro se merece todo mi respeto y le doy las gracias por su coraje y trabajo.

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