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Archive for the ‘La discoteca de siempreenmedio’ Category

Crecí escuchando folclore canario. Todos los domingos salía con mis padres desde tempranito en el Peugeot 205, blanco reluciente, que había ayudado a limpiar el día anterior. La bici en el maletero, unas vueltitas por la Plaza del Cristo, otro par de rondas en los cochitos locos, a comer al norte y a cerrar la jornada en casa de mi abuela, en el Cardonal, donde se nos hacía de noche y llegábamos a casa justitos para preparar el uniforme y betunar los zapatos del cole antes de acostarme.

En todo ese periplo dominguero sonaba en el coche música tradicional canaria. Los Sabandeños entonaban aquello de Canario luchaaaa, comoooo lucharon los guancheeees, lucha canarioooo para que nadie te tumbee-e. Esa y El Sorondongo de los campesinos eran mis preferidas pero había un sinfín de melodías que me aprendí de memoria y que canturreaba allá donde fuera.

Los viernes por la noche, después del  Un, Dos, Tres, el programa Tenderete era religión en mi casa. Yo creía que Mari Carmen Mulet y Dacio Ferrera eran cantantes internacionales, conocidos en todo el mundo.

Ellos fueron mis primeros referentes musicales pero fui creciendo y abandoné el folclore por completo. Se abrieron mis horizontes, el walk-man se convirtió en un apéndice de mi persona y descubrí que había todo un universo de músicas esperándome, muy distintas a las isas, folías, malagueñas y saltonas que me acompañaron cuando era más chica.

Luego llegó otra época y retomé el gusto por la música canaria. Mi suegro, timplista aficionado, amenizaba todas las reuniones familiares acompañado de la fantástica cantante, también aficionada, que es mi suegra. Ella ya no canta porque el timplista anda tocando en otras parrandas, algo lejos de nosotros, pero siempre muy presente.

El caso es que de unos años para acá he vuelto a mis orígenes y creo estar segura de que ya no los abandonaré más. La culpa la tienen casi en exclusiva la inmensa Fabiola Socas y Domingo El Colorao, un virtuoso que ahora anda de isla en isla ofreciendo la Suite Canaria,  junto a la orquesta Béla Bartók y acompañado de la propia Fabiola Socas. No sé si tendré oportunidad de verlos y tampoco he encontrado en internet ningún fragmento de sus actuaciones para compartirlo por aquí.

Para que no se queden con las ganas, les dejo un video muy viejo y de no muy buena calidad con los Aires de Lima de Artenara, que habré visto ochocientas veces desde que lo encontré en Youtube y que se convirtió en canción para dormir a mis hijos cuando eran chiquitos.

A mí me parece una maravilla la combinación Socas-Colorao (más Juan Carlos Pérez Brito a la guitarra), una maravilla que me lleva a otro tiempo al que hay que volver, no digo a cada momento, pero aunque sea de vez en cuando.

 

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Se murió David Bowie el otro día y no tuve estómago para tuitear nada sobre el tema. Ya, ya lo sé. Vivo en el siglo XXI, que ya se nos va de las manos (el tiempo vuela), y tengo ciertas obligaciones para con las redes sociales. Pero todos los borradores apestaban a postureo de un modo inadmisible. Así que ejercí mi derecho al pésame online según el método del silencio administrativo.

De este modo también intenté reconocer que, a pesar de sus 69 años, a mí Bowie me pillaba de nuevas. A ver, conocía al cantante, cómo no. Pero no me emocionó hasta el otro día y de rebote y me daba vergüenza fingir algo más, no sé, un aprendizaje emocional, una rebeldía adolescente o un shock infantil. A mí de niño Bowie me aburría soberanamente, recuerdo incluso haber apagado la tele de puro tedio mientras emitían el videoclip de “China Girl”. Era el Rey de Dentro del laberinto, en el que me habría perdido con Jennifer Connelly. Y me gustaba Iman, eso sí, pero no terminaba de entender qué era eso de la bisexualidad, sobre todo con esa mujer al lado. Oh, gran Duque Blanco, no tenía nada sincero que ofrecerte y preferí callar.

Como tantas otras cosas, siempre y cada vez más, he descubierto talentos eternos como quien dice el otro día. Canciones que solo siendo geniales pueden admitir que sus versiones también lo sean. Actitudes vitales tan inteligentes que requieren que el espectador esté al menos algo espabilado. Como tantas otras cosas, he degustado placeres adultos solo cuando empiezo a vislumbrar qué puede ser eso que llaman madurez. Y antes… pues antes no. Antes, como Battiato, me empeñaba en buscar “un centro de gravedad permanente que no varíe ahora lo que pienso de las cosas, de la gente” y no me daba cuenta de que el fracaso constante en la tarea podía ser simplemente una señal. La envidia a todos los que se asentaban en unos férreos gustos, posturas y posicionamientos, envidia que aún colea, ahora me permite de vez en cuando disfrutar, paladear, el cambio, la prueba y el error, lo nuevo, lo viejo. Lo otro. Lo demás. Por ejemplo, Bowie.

Pero estoy tranquilo. El Camaleón me entenderá, allá en su planeta, él más que nadie, porque

Just gonna have to be a different man

Time may change me

But I can’t trace time.

 

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Página del Sunday Mirror del 22 de mayo de 2013, compartida en Facebook por Melchor Hernández Castilla

Eran muy jóvenes, y parece que tenían frío. Se sentaron en el Lido de san Telmo, así, con los brazos rodeando las piernecillas blancas y peludas, con una especie de mueca que les evidenciaba un aburrimiento mayúsculo. “¿Por qué habremos tenido que venir aquí?” se preguntaba Paul todo el rato. Tanto que incluso empezó a tararear esa frase y hasta pensó en meterla en el estribillo de un nuevo tema.

“¿Dónde estará John? Seguro que en un sitio más interesante”, murmuraba Ringo que imaginaba a su amigo en un Torremolinos lleno de toros, morenas ardorosas y copas de manzanilla.

Parece que a George no le parecía aquella panza de burro tan desagradable, y que incluso lo estaba pasando bien.

Pero Paul, Paul miraba todo con sorna. “Esto es el culo del mundo”, solía dejar caer entre paseo y paseo: “el cielo muy gris, el agua muy fría, las chicas muy… Tranquilidad sí, pero tampoco pasarse”, sentenciaba.

Intentaron salir, pasear por la calle de las tiendas, conocer un poco aquel pueblo que no se sabía si era turístico o pescador, pescador o turístico. Pero que va. No los dejaron ni tocar. Y se fueron sin pena ni gloria. Luego romperían todos los records, en todos los escenarios, en todas las radios, en todas las teles. Ninguno se volvió a acordar jamás de aquel maldito sitio en medio del Atlántico.

Más de cincuenta años después, en aquel lugar, se enorgullecen de haberlos dejado escapar, porque al menos pueden decir que estuvieron y no les hicieron ni caso.

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Youtube es una fuente inagotable de descubrimientos. Entre tanto ruido, fails, youtubers y vídeos de gatitos uno se encuentra con auténticas joyas. Una de ellas es Scott Bradlee’s Postmodern Jukebox; una banda que realiza versiones vintage de temas musicales del pop, rock, R&b… En algunas ocasiones la mejora es absolutamente brutal:

 

 

En otras, uno no puede decidir cuál es mejor, si la original o la versión:

 

 

Y a veces, el resultado es delirante a la par que genial:

 

No dejen de bucear en su canal, porque son horas de gran música.

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La pena viene y se va. Igual que lloras te ríes y vuelves a llorar. Del mismo modo que tragas vomitas y expulsas lo que no has podido digerir. Las barreras de contención se levantan y, si tienes suerte, si te das cuenta, las derribas liberando la obstrucción. La energía contenida  vuelve a fluir libre, sin bloqueos, sin dificultad. El miedo paralizante, traidor, dominante, se torna en valentía y la inseguridad en confianza. El insomnio da paso al sueño apacible y los ojos como platos a los pegados. La incertidumbre evoluciona a certeza. La pérdida se convierte en hallazgo y la desesperanza se conmuta en ilusión. Transformación, mutación, mudanza, permuta, metamorfosis, cambios…

 

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¿Tienes alguna canción especial? Esa que te gusta tanto tantísimo que no soportas escuchar a otro cantante o músico interpretarla. Todas las versiones son peores. 

Justo ésa con la que piensas: Pero, ¡cómo se atreven! ¡Osados imprudentes! Jamás podrán mejorar la original.

Pero llega un día, totalmente y absolutamente inesperado, en el que alguien te deja boquiabierta porque ha sido capaz de captar la esencia de ese temazo tan especial para ti, y ha logrado llevarla más allá de la versión original ¡Increíble, pero a veces sucede!

Hace unos días me pasó y hoy sólo quiero compartir esta sorprendente versión de una de esas canciones que integran mi variado repertorio de canciones favoritísimas.

No es que ésta canción haya marcado momentos especiales en mi vida. Para nada. Es que este tema me gusta por sí mismo: por su justo equilibrio en la carga dramática, por su mensaje, su melodía y la magistral interpretación de su autora. Es de esas pocas canciones que me embelesa cada vez que suenan sus acordes. Lo paro todo y me dejo caer en ella arrullada por sus notas, concentrada sólo en escucharla.

La versión original de la extraordinaria en todos los sentidos Cindy Lauper y la que, para mí, ha mejorado la interpretación de alguien tan inimitable… A veces, los concursos de talentos guardan sorpresas espectaculares como la que a mí me ha dado esta americana llamada Michell Chamuel, que ha empezado a grabar su propia música y al menos a mí, me encanta lo que hace.

Déjate llevar y “Don´t be afraid to let them show your true colors”

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Si me hubieras preguntado hace unos meses si me gustaría comprar un disco de David Bowie te hubiera dicho que no. Sin embargo, ayer me vi frente a él y no me pude resistir, algo me impulsó a comprarlo y además me hizo muchísima ilusión. Creo que cada cosa tiene su momento y ayer me tocó redescubrir a Bowie.

Siempre me gustó y mucho, pero no hasta el punto de querer un disco suyo. Y, mira por dónde, este cd me ha alegrado el fin de semana. No he dejado de escucharlo desde que cayó en mis manos, disfrutando y recordando cada una de las canciones y sorprendiéndome por su genialidad cada vez que comenzaba otra.

David Bowie celebró sus cincuenta años de carrera con esta antología titulada Nothing has changed. Un recopilatorio que publicó a finales del año pasado en tres formatos distintos, doble vinilo, doble cd y triple cd (éste es el mío). Cincuenta y nueve canciones que nos presenta en orden cronológico inverso, desde su sigle inédito Sue, que grabó para la ocasión, hasta el sencillo con el que se lanzó Liza Jane. Y en medio, una lista de canciones cada cuál más genial. Les dejo tres muestras de 59 joyas, muy poco lo sé, pero suficiente para ponerte a bailar.

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