Cada vez menos periodista

Cada vez me siento menos periodista, pero sigo sintiendo un poco mía la celebración de San Francisco de Sales, Patrón de los Periodistas y Escritores. Como cada 24 de enero -este año un poco más tarde-, vuela mi felicitación hacia quienes, como yo, hemos dedicado tiempo y esfuerzo a estudiar, nos hemos graduado o licenciado, y hemos puesto algo de nuestro ser para dignificar a través de la palabra esta maravillosa profesión, la más hermosa del mundo.

Estoy desengrasado y ya no sirvo para el periodismo. Tendría que dedicar muchos meses a ponerme al día y reengancharme a una profesión que no se parece a aquella que yo soñaba ejercer. Hoy saber leer y escribir apesta a rancio y a friki. Y yo solo sé leer y escribir.

Periódicos, revistas y carteles de establecimientos populares contienen faltas ortográficas y gramaticales que nadie se molesta en corregir. La ciudadanía tiene serios problemas de comprensión lectora, y la inmediatez de Internet ha terminado por degradar el lenguaje porque apenas hay tiempo entre la elaboración y la publicación. El escritor sube a la red todo muy deprisa, intentando contentar a lectores que leen cada vez más rápida, descuidada e irreflexivamente. Esta falta de atención fuerza al redactor a una escritura deslucida cuyo único fin es el consumo instantáneo. Y el olvido.

Es doloroso cuando te sorprendes a ti mismo delante de titulares simples terriblemente mal redactados, no ya un par de erratas entre 700 palabras, pensando: Esto lo hizo el becario. Es que ese becario, amigo, se ha graduado en la Universidad.

El problema es que cada vez es mayor la separación entre la información que se suministra y lo que entiende el público. El desinterés por profundizar en las noticias trae consecuencias muy serias en la propia convivencia, y lo habitual es que las conversaciones más absurdas terminen a dentellada limpia, básicamente porque tus absolutos son mejores que los míos. Porque no nos hemos molestado en leer más allá del titular ramplón, cada vez más manejado y más evidentemente manipulado.

El lenguaje también se degrada porque el propio sistema ha bajado su nivel para que la media parezca un poco menos atontada.

No me hace falta ningún estudio ni estadística alguna para saber que los estudiantes de hoy escriben con menos habilidad y calidad que los estudiantes de hace cuarenta años. Me basta con saber que España es el país con mayor tasa de fracaso escolar de la Unión Europea, solo superada por Malta.

Yo creo que una sociedad tan conscientemente estúpida como la actual, en la que los mediocres, vividores y violentos son aclamados por las masas, y el postureo triunfa frente los argumentos, está sentenciada. Está llamada a morir.

Medios de comunicación que te suministran de la mañana a la noche solamente asquerosos cotilleos y rumores, da igual si es política, deporte o sociedad.

Gente que no lee más allá de dos líneas (o dos palabras) y te pide que le hagas un resumen «porque es muy largo».

Generaciones de humanos que se piensan que las aplicaciones de los móviles lo hacen todo por sí solas.

Niños de 18 años que no saben que hubo una Segunda Guerra Mundial, o que tienen La Voz Kids como referencia cultural.

Amigos que no invitan a otros amigos a una celebración de cumpleaños «porque no estás en el grupo de wasap».

A todos esos pensamientos míos sobre la mediocridad como símbolo del fin anticipado del ser humano del Siglo XXI les sigue una profecía: Conoceremos otra Humanidad, será mañana o pasado mañana, y no necesariamente después de un meteorito o un cataclismo: A la dictadura de lo cutre le seguirá un apocalipsis imbécil. Desaparecerá el último humano inteligente y ya solo nos queda un planeta gobernado por memos como Boris Johnson y como cualquier otro que a usted se le ocurra. Eso ya será bastante apocalíptico.

Espero haber muerto cuando llegue ese día en que la inconsciencia nos domine.

Hasta entonces, periodistas, comunicadores y chafarderos en general: Felicidades, pero especialmente a quienes hemos intentado que esto sea una profesión, y no un chou de vedettes y revisteras.

Y USTEDES, los destinatarios de nuestra profesión, exijan.

Exijan contenidos elaborados desde la reflexión, comunicados por profesionales que trabajen con libertad, rigor y honestidad, dignamente remunerados y que no tengan que competir con blogueros, noveleros, influencers y demasiado intrusismo en general. ¿A usted le enyesa una pierna rota un amigo? Pues la información es igual. Esto es una PROFESIÓN, y los destinatarios de su producto tienen que ser los primeros interesados en que se cumpla aquello que la Constitución garantiza.

Y aquí sigo, muy orgulloso de ser y sentirme lo que siempre quise ser: PERIODISTA. Aunque cada vez un poco menos.

2 comentarios

  1. Toda la razón, por eso ya prefiero no leer lo que quieren que lea, prefiero «escribir» en ese Facebook o en mis estados para «sacudir» a las personas que sean críticas con las noticias, no es un medio óptimo, pero entre reflexión y reflexión de contactos , algo me hace sentir que todavía hay personas con intenciones profundas, aunque no sean sus propias ideas, las comparten y eso para mí es un pedazo de cielo

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