Negacionista y feliz

Yo quisiera ser civilizado como los negacionistas. No, no estoy citando a Roberto Carlos en vano, estoy hablando en serio. Después de meses cagándome en su arrogancia, sufriendo lo complacidos que se encuentran en su propia ignorancia, he llegado a la conclusión de que lo que más me conviene es dejar de enfadarme. Y he descubierto cositas.

Existe gente en este planeta que cree que las enfermedades no existen. Que Natura, Gaia, Madre Tierra y sus terrícolas constituyen un ciclo perfecto y armonioso de colaboración mutua, de interconexión y comprensión. El hombre enferma, o cree que enferma, porque no se acepta o no se quiere, o no acepta que no se quiere, vete tú a saber. Pero no hay amenazas externas, no hay nada que atacar ni nada de lo que defenderse. La salud y la felicidad están al alcance de nuestras manos y no podemos evitarlo.

Otros piensan, porque incluso en la ausencia existen las escuelas de pensamiento, que sí existen las enfermedades, claro, qué dices tú, loco. Pero que el hombre, en su inmensa sabiduría, ha encontrado la cura para todas ellas. Ya no hay secretos ni limitaciones. El problema es que a algunos de estos hombres, por pura avaricia, no les interesa liberar ese conocimiento. Hacen acopio de él y lo ocultan en su propio beneficio. Ahí está la cura, esperando ver la luz. Solo que no interesa.

¿No es precioso? Hay gente entre nosotros convencida de que todo es perfecto. Que cualquier ser vivo tiene todo lo necesario para subsistir sin constituir una amenaza al resto de seres vivos. Y/o que el ser humano, el ser más vivo de todos los seres vivos, ha alcanzado ya (hace siglos quizá) la cima de su capacidad intelectual y domina todo lo que su vista abarca. Bueno, está lo de la villanía. Si el ser humano es tan inteligente, el ser humano malo también puede serlo y conspirar en la sombra. Vale, todo es perfecto y la sabiduría es completa pero hay gente mala. Sí, es para estar preocupado. ¿Pero no compensa todo lo demás?

Porque luego estamos los que creemos que el equilibrio que nos rodea es inestable, que la subsistencia de unas especies se logra a costa de otras, que nuestros gobernantes son mediocres y nuestros conocimientos imperfectos. Que sí, que se puede rozar la perfección juntando a muchos imperfectos que trabajen de manera coordinada y que la ciencia avanza mucho más rápido de lo que parece. Pero la enfermedad acecha, la muerte siempre es una posibilidad y los planes ocultos o son malos planes o no están ocultos. ¿No nos saldría a cuenta “despertar”?

Al menos a mí sí. Pero me estoy esperando un poco a hacerlo. A descubrir el truco. Porque yo a los negacionistas los veo muy alterados. Demasiado cabreados. El mundo es genial, el ser humano es excelso, pero a ellos no les basta. Y a mí lo que más me gusta es ser feliz.

Eso sí, dejen de hacer tonguitas de verolos, hombre ya.

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