Piel

Confieso que durante 15 minutos de una tarde de agosto de 1997 fantaseé con presentarme a Míster España. No doy la talla y soy tirando a feote, pero tenía claro qué decir cuando me preguntaran por mis virtudes: “Tengo la hidratación correcta en las manos”. No la justa, que sufre a veces de sequedad. No la exagerada, que no agarra sino desliza. La correcta. Manos demasiado finas para un muchacho, quizá, pero no para un Míster España. Pronto abandoné esas intenciones. No porque le haya restado importancia a la hidratación, ni mucho menos, solo he dejado de comulgar, por lo que sea, con los concursos de belleza.

Este será el segundo año en que no viaje en Navidad a ver a la familia canaria. Por lo que sea. Estas manos que Míster Universo se perdió no abrazarán a mis padres, no pasarán el pan y un langostino (aunque son manos más de pasar el pan y quedarse el langostino), no se pondrán a puerta a atajar los disparos de las sobrinas (eso les digo a ellas, pero las manos se dedican única y exclusivamente a evitar que el balón llegue a la cara), no envolverán torpes más regalos de los recomendados por las autoridades sanitarias (no lo harán allí, aquí lo seguirán haciendo, aunque en menor medida), no levantarán copas intentando rememorar tiempos mejores (que nunca lo han sido, nunca mejores que ahora), no fallarán al intentar meter la llave en la cerradura de la casa paterna (no por falta de costumbre, sí por las copas), no encenderán la luz del pasillo obligadas por esa madre que aún no entiende cómo puede uno orientarse rozando las paredes de casa (como si fueran necesarias las manos y no bastara la memoria), no recorrerán todos los campos de fútbol que en la isla han sido en busca de entrenamientos nocturnos y amistosos con neblina, no vencerán la tentación de robarle una piedra al Teide ahora que sí lo echan de menos, no meterán el cucharón en el caldero de garbanzas el día de Reyes (porque hay tantas tradiciones como cristianos, señora), no temblarán haciendo la maleta el día de vuelta. Porque este año tampoco hay maleta de ida.

Y aunque estas manos seguirán trabajando aquí, y trabajando bien, una cosa les digo, a ustedes que no lo ven: aquí, en la zona de los nudillos, por lo que sea, lo crean o no lo crean, empiezo a encontrar la piel áspera, quebradiza. Queridos Reyes Magos, por lo que más quieran, una crema pido. O un avión.

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