Rubén Blades y la utopía

No sé si hay un músico y cantante que merezca más homenaje de los Grammy Latino que Rubén Blades. Es un artista con clase, elegante, que despuntó con el éxito arrollador de la salsa en los años setenta, pero que ha conseguido algo que me parece enorme, por encima de los trabajos discográficos vendidos y las giras protagonizadas: influir en las generaciones de músicos que han adoptado estilos urbanos como el rap y el hip hop para denunciar las injusticias sociales. En la reciente gala en la que se le hizo entrega del premio a la persona del Año, René (Residente) le hizo un homenaje en forma de palabras sentidas y manos temblorosas, un discurso emotivo, honrado, en el que agradecía al maestro sus canciones, su presencia, su legado. Los ojos de Rubén parecen cansados, intentan contener la emoción y asoma una media sonrisa de quien piensa que algo ha debido hacer bien en la vida, después de todo. Gracias a este artista panameño muchos oímos, por primera vez, eso de las «desapariciones» en América Latina, las cacicadas, el peso eterno de la supervivencia sobre los pobres y una concepción de un continente que Rubén siempre animó a unirse, una utopía que convirtiera este continente fértil en una tierra justa, en la que la ignorancia y la miseria ya no sean padrinos de ningún latino en su bautizo.

Una vez, yo compartí el mismo pedazo de tierra con Rubén Blades. Por entonces él era, además, Ministro de Turismo de Panamá, y compatibilizaba los ensayos musicales con un ordenador portátil, que abría en cualquier hueco para consultar el correo electrónico. Con esa misma mirada cansada, se quejaba de los efectos de la humedad en su garganta, y saludaba, correcto y educado, a todos y cada uno de los trabajadores con los que se encontraba. Cuando alguien le pedía una fotografía, se aseguraba que todo el que quisiera salir en ella pudiera acercarse. Esa elegancia y saber estar la demostró al recoger su Grammy Latino a la Persona del Año. No necesitó un gran discurso, ya en sus letras quedan para siempre todas sus reivindicaciones, pero sí demostró su humildad y la importancia que él le da, por encima del espectáculo televisivo, a la música, por lo que, además de agradecer el galardón, hizo lo que hay que hacer: destacar y presentar a su banda. Ojalá tu América algún día se haga realidad, Don Rubén Blades, porque para avanzar siempre hay que tener la utopía en el horizonte, es la única manera de conseguir, algún día, una tierra de verdad justa.

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