Una semana cualquiera en España

Crédito foto: Dialysis Technician Salary

Se podría decir que todo empezó con un líder de la oposición asistiendo a una misa en honor a un dictador y con todo el mundo elucubrando sobre si lo sabía o fue casualidad. Una misa, en una iglesia, anunciada desde 5 días antes en la web de la Fundación Francisco Franco, una de las 11 que se celebraban ese 20 de noviembre en España. Gran casualidad, en todo caso, pero no es lo importante. Lo importante es que el líder de la oposición estuvo en una misa donde se realizaron oraciones y homenajes (con Cara al Sol incluido a la salida) a varios dictadores y nadie desde su partido ha considerado, 10 días después, que hubiese algo que lamentar o que disculpar en ello, por muy fortuito que pudiera haber sido.

Luego llegó la noticia del juicio al cómico David Suárez por un chiste ofensivo para con los enfermos de síndrome de Down. Parece ser que aún hay personas que no saben diferenciar entre ficción y realidad, que no entienden que la libertad de expresión solo es tal si permite que se puedan decir cosas ofensivas o desagradables, siempre y cuando no violen ninguna ley. El problema en nuestro país es, primero, que existe una ley (creada para evitar la apología del terrorismo en una época felizmente superada) que castiga que se digan cosas desagradables u ofensivas… sin tener en cuenta si forman parte de la ficción o de la realidad. Y segundo, que hay personas y colectivos (que incluyen políticos, fiscales o jueces) que parecen más preocupados por la ficción que por la realidad; solo así se entiende que una jueza determine que no es delito que un partido político haga campaña con unos carteles fundamentados en mentiras que criminalizan a menores extranjeros no acompañados y que otros consideren que un chiste de mal gusto merece una pena de cárcel y una multa. Y tal vez eso explique por qué tenemos a varios raperos condenados, unos titiriteros pasaron varias noches en el cuartelillo y varios humoristas han pasado por el banquillo en nuestra «ejemplar» democracia mientras otros sueltan su bilis y su odio en prime time sin que pase nada. A mí el chiste de marras me parece desagradable, sin pizca de gracia y merecedor de insultos, incluso; pero que un humorista esté sentado en el banquillo de los acusados por eso es una burla a la democracia.

Después llegó la mala noticia de la semana: la muerte de la escritora Almudena Grandes. Su funeral en el cementerio civil de Madrid, con banderas republicanas, mucha gente de izquierdas, muchos libros y emoción, y el silencio atronador de la presidenta de la Comunidad de Madrid y del alcalde de la ciudad. Al contrario de Pablo Casado, que sí escribió un correcto tuit de condolencias, ni Isabel Díaz Ayuso ni José Luis Martínez-Almeida han considerado necesario o de buen gusto, no digo ya acudir a la capilla ardiente o al funeral, sino decir una sola palabra sobre la muerte de una escritora madrileña y multipremiada. Pero luego los del odio son los rojos. También me han hecho gracia las críticas a que el funeral fue un acto politizado: como si el silencio de Ayuso o Almeida no lo fuera también (y bastante más desagradable y falto de empatía); como si la vida de Almudena Grandes no hubiera estado llena siempre de compromiso político. Por supuesto que en su despedida también debía haber política. Y de bastante mayor altura a la que han demostrado las autoridades de su ciudad.

Y en medio de estas cosas hemos tenido una manifestación de sindicatos policiales de extrema derecha arropados por políticos de extrema derecha, exigiendo que no se derogue una ley que prohíbe a los ciudadanos grabar o tomar fotos de policías en lugares públicos. Hemos tenido medios asustando, otra vez, sobre el coronavirus y sus variantes, a miles de personas que no sabían si estaba bien o no vacunarse para evitar contagiar a otras personas decidir que sí que vale la pena hacerlo para poder entrar a restaurantes y pubs. Hemos descubierto que otro patriota de los de pulserita rojigualda e ideología conservadora prefieren crear empresas y tributar en otros países. Lo de conservador debe ser por lo de querer conservar el dinero en tu bolsillo y que no sirva para financiar escuelas u hospitales. Total, ya está Amancio Ortega para donar algunas de sus migajas a la sanidad pública. Pero sólo a los enfermos de cáncer, el resto se tendrá que joder. Y hablando de Amancio Ortega, su hija Marta Ortega, que empezó doblando camisas, ahora es presidenta de Inditex. Desde muchos medios nos recalcan sus comienzos como dependienta en una de las tiendas de su padre, tal vez queriendo decir que si ella pudo llegar a la presidencia del grupo textil cualquier dependienta de Zara podría llegar también, ¿verdad? Porque que sea hija de quién es no tiene nada que ver, ¿verdad? Si tuviese algo que ver con su nombramiento saldría eso destacado en todos los medios, ¿verdad? La revista Forbes debe equivocarse cuando afirma que, de las 100 mayores fortunas de España, 74 lo son por herencia. Y que de esas 100 personas 75 son hombres. Porque en España existe la meritocracia y la igualdad de género, ¿verdad?

En fin, entre tanta cosa noticiable, nada mejor que seguir creyendo en que un mundo mejor es posible, porque hay gente intentando hacerlo posible; desde sus casas, en colegios e institutos, en asociaciones y colectivos, en empresas y, sí, en partidos políticos también, pese a que sigan intentando hacernos creer que todos son iguales o que lo normal y lo deseable es el egoísmo y la falta de empatía. Les deseo desde ya una feliz, y cauta, navidad.

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