Birra

Tengo una edad, un hijo de siete meses y horror vacui. Esta puede ser la explicación, o una de ellas, de que lleve un tiempo consumiendo producto audiovisual por encima de las posibilidades de un adulto sano. Necesito sonidos de fondo que rellenen el silencio del hogar, que se contrapongan al llanto ocasional o, por qué no, al pedo-pañal. Todo esto, preferiblemente, sin tener que andar trasteando con el mando, que a lo mejor ando ocupado con un fardo de diez kilos al hombro, lidiando con residuos químicos de alto octanaje o procurando alimentos varios a un tubo digestivo en formación pero con gran capacidad.

Se me hace raro pensar que alguien, en este momento, se pueda encontrar en mi misma situación, pero la interné es world wide y no me cierro puertas. Si algo así ocurriera voy a recomendar un podcast. De pago en Podimo y gratuito en YouTube, El Sentido de la Birra. Charlas tranquilas en torno a una(s) birra(s) que duran lo que tienen que durar para mantenerme lejos de mandos y dispositivos: de una a tres horas. Más de doscientos entrevistados entre los que elegir. Y Ricardo Moya demostrando que sabe lo qué hay que hacer y haciéndolo.

Esta pasada semana a la edad, el crío y el horror vacui se unió un virus estomacal. Las horas de charla se me hicieron pocas y varios astros se alinearon. Un día duro me escuché seguidas, de una tacada, las entrevistas a Samantha Hudson y Ousman Umar. A la primera la conocía de Masterchef Celebrity y poco más. Al segundo ni del poco más. La primera, cantante y activista queer; el segundo, ghanés migrado a España en patera, fundador de la ONG NASCO Feeding Minds y escritor. Double unlikely combo.

Quizá fue el virus. Quizá las horas de guardería. Pero no pude pasar mejor mañana. El relato de Ousman es desgarrador. Esta palabra suena manida y corta de significado. Pero no encuentro mejor manera de describirlo. Es un desgarro que cambia. Una narración que destroza. El mamarrachismo de Samantha es refrescante, su provocación es acogedora, su radicalidad es reflexiva, mesurada. El activismo de ambos es necesario. Y su sabiduría, resultado de una observación activa de la realidad y la propia experiencia, resulta en una bofetada didáctica, imprescindible.

Del virus estoy mejor. El nene está a lo suyo. Pero yo no sé si tendré muchas más posibilidades (ni ganas) de escuchar a gente durante todo el tiempo que merecen sin cambiar de canal.

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