Irene

A estas alturas a nadie debería sorprenderle que me declare votante de izquierdas. Si alguna vez has visitado alguno de mis posts en este bendito y nunca bien ponderado blog y no lo has detectado, es que escribo mucho peor de lo que creo. Así que por si acaso lo confieso. Lo que ya no tengo tan claro es si formo parte de la izmierda, del progremismo, de la berdadera hizkierda o de la izquierdita caviar (si se puede elegir, yo encabezaría orgulloso la facción “izquierda solomillo”). Pero sí, voto asiduamente al socialcomunismo (al verdadero, ese que considera al PsoE de centro liberal, aunque también al PsoE en momentos de extrema necesidad). Configurado este sucinto y grosero perfil del que les escribe, no extrañará tampoco que admita que consumo con regularidad material audiovisual propagandístico del rojerío. A todos nos gusta sentirnos parte de una tribu, y si además eres, como yo, de personalidad débil, oír a gente inteligente, locuaz, simpática y letrada coincidir con tus postulados es una palmadita en la espalda muy reconfortante.

Sirva esta introducción para explicarles lo que les vengo a pedir. Como favor. Un favor bastante sencillo pero un favor al fin y al cabo. ¿Podrían gastar ustedes unos minutos en escuchar la entrevista a Irene Montero en el podcast Buenismo Bien? No hace falta que oigan el programa entero. Me atrevo a decir que ni siquiera la entrevista entera. Pinchen en este enlace y escuchen del minuto 24 al 38.

Me gustaría (a mí, personalmente) que independientemente de la persona y su ideología (afín a mí la segunda, no tanto la primera, con la que siempre me ha resultado difícil simpatizar) se quedaran con dos pensamientos:

1. (a partir del minuto 26): “Hay una estrategia diseñada para ejercer violencia política para que (…) a determinadas mujeres no nos merezca la pena (hacer política). (…) Tenemos que estar muchas ahí delante para que todos los cañones no disparen solo a uno.” ¿No es cierto que la manera de hacer política en este mundo es demasiadas veces (vamos, todas) de “machitos enfadados”? La cultura del zasca, del “aquí se viene llorado de casa”, del insulto, la crispación y los golpes en la bancada como ejemplos de “buen parlamentarismo”. La tenemos interiorizada y hay gente, entre ellas Irene Montero, pero también, y sobre todo, Yolanda Díaz, que están luchando contra ella. Por supuesto, ya lo sé, donde esté, como orador y por talante, Aitor Esteban, que se quite Adriana Lastra (no digamos Macarena Olona o Cayetana Álvarez de Toledo). Y que el propio marqués de Galapagar (permítaseme el uso del concepto ultra para la broma) también ha participado del machirulismo. Pero seamos sinceros, ¿quién recibe más odio? ¿Y cuánto mejor no estaríamos eliminando ese odio de la ecuación parlamentaria? No la confrontación, ni mucho menos, pero sí la suciedad táctica y la guerra de guerrillas. Me juego el cuello a que estamos perdiendo a generaciones y generaciones de diputados y diputadas conciliadores y preparadísimos por no salirles a cuenta el estrés (me vienen Xavier Domènech y Pablo Bustinduy a la cabeza). Mientras tanto, los españolitos de a pie aplauden la selección (de todo menos) natural. Y da mucha pena.

2. (a partir del minuto 35:35): “Su modelo de sociedad es un modelo de sociedad en el que hay que desconfiar del otro por defecto. Cuando en realidad los seres humanos somos un poco lo contrario, claro que desconfiamos cuando nos hacen daño, pero lo lógico es decir (…) vamos a hacer cosas juntos que sean buenas para el conjunto de la sociedad.” En este punto la ministra se refiere al modelo de sociedad que propone la derecha. Pero invito a obviar esto y pensar en general: ¿estamos potenciando un modelo de sociedad que pone por delante la desconfianza, la protección ante el otro, el castigo preventivo, el “por si acaso”? ¿O estamos trabajando por lo contrario, por la confianza por defecto, la comunidad por delante, la ayuda al prójimo, el castigo como excepción? Creo, sinceramente, que el segundo caso está muy distante de la realidad. Yo, además, coincido con la ministra y creo que la derecha sí trabaja activamente por el modelo desconfianza y menosprecia el mensaje opuesto por utópico e idealista (que en sus bocas son sinónimos de estúpido). Pero aquí podríamos perfectamente dejar de lado el eje zurdo-diestro, al fin y al cabo la derecha está plagada de autodenominados seguidores de Jesucristo. Lo claro es que los malos van ganando. Y da mucha pena.

También pueden oír el programa entero, las reflexiones sobre la salud mental, el piropo sobre la valentía de la ministra que lanzó Quique Peinado y que hizo que ardieran las redes sociales (salen la palabra coño y la doble vara de medir de los pijoprogres), el puerto de Fonsalía y la mujer canaria como símbolo de la ligereza de cascos. Hay de todo. Y por supuesto, también pueden dar por sentado que la ministra miente, que todas esas buenas intenciones no son más que estrategia política. Al fin y al cabo, considerar que todos mienten es una opción. Pero no es la mía.

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