Q

Hay en Estados Unidos un numeroso grupo de personas que cree que un Estado profundo controla el destino del mundo. Este gobierno en la sombra está compuesto por actores de Hollywood, millonarios liberales y políticos del partido demócrata, todos adoradores de Satán y dedicados al tráfico de niños para su explotación sexual. Hillary Clinton, George Soros y Tom Hanks violan niños y comen pizza. Trump ha venido a salvarnos. Y si tú no lo sabes es porque los malos han logrado engañarte. O eres uno de ellos.

Este grupo de activistas es QAnon, los Anónimos seguidores de Q, un enigmático personaje que allá por 2017 empezó a publicar en la web 4chan (luego 8chan, luego 8kun) sus crípticos mensajes destapando el complot. O supuestamente destapando el complot, porque “crípticos mensajes” es una manera educada de decir “sentencias absurdas”. La miniserie documental de HBO “Q: en el ojo del huracán” desgrana el proceso de gestación de QAnon mientras intenta averiguar quién es Q. Y puede que lo consiga. Mientras tanto nos presenta a los creadores y administradores de los foros donde Q publica y sus Anon picotean y a varios (demasiados para mi gusto) analistas y pregoneros de su palabra. Como en todos los productos audiovisuales que consumo, con honrosas excepciones, no sé si he asistido a una obra maestra o a un engañabobos. Ese soy yo ante la tele.

Lo que sé seguro es que el documental atrapa y entretiene, así que al menos vale la pena la experiencia, y que recomiendo no verlo antes de leerse el libro de mi admiradísimo psicólogo y divulgador Ramón Nogueras: “Por qué creemos en mierdas: Cómo nos engañamos a nosotros mismos”. Así, entre asombro y asombro, quizá lleguemos a entender por qué cientos de personas extraen mensajes revolucionarios a partir de tres o cuatro frases inconexas. O a intentar comprender por qué, tras la enésima profecía incumplida (Trump va a desvelar que él es Q, van a detener a los Clinton) la fe en Q no solo no desaparece sino que se incrementa. Analizar qué mecanismos mentales permiten que tras retirarse Q de la lucha, el culto continúe. O averiguar por qué una teoría aparentemente tan absurda y con tantísima evidencia en contra provocó el asalto al Capitolio el pasado 6 de enero.

La épica de lo chusco. Da risa del miedo que da.

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