El cansancio (parte 3)

Si no lo he dicho ya estoy tardando: tengo dos sobrinas futbolistas que son la hostia. Si ya lo he dicho antes, pues no está mal repetirlo. Desde que demostraron su amor por el fútbol (y no seré yo quien lo comente, pero también sus magníficas aptitudes) están hartas de oír “qué pena que no te puedas ganar la vida como futbolista en España”, “ya sabes cómo está el fútbol femenino”, “siempre te puedes ir al extranjero”. Y yo no me puedo sentir más identificado con ellas. No por mi fútbol, que yo tengo dos pies izquierdos (pero no como Tatiana, la “zurda de oro”) y las manos de mantequilla (no como Paola, la “gata de La Fariña”). No, porque soy científico. Y ya sabemos que “es una pena que no te puedas ganar la vida en España”, “ya sabes cómo está la ciencia”, “siempre te puedes ir al extranjero”. Y no, no me he ido nunca y he logrado subsistir como científico, pero no puedo estar más de acuerdo.

Con la reforma de la Ley 14/2011 de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, iniciada el pasado 30 de marzo, se constata que es muy probable que siga siendo así. El proyecto, que ha visto la luz entre polémicas, sin consulta a los científicos a los que pretende solucionar la vida, nace herido. Se excusan los responsables en que se garantiza la protección de la excelencia, de los mejores. Que sí, han estado desprotegidos, pero la única manera de vivir de la ciencia era ser excelente, uno de los mejores (como en el fútbol). Si así ha de seguir siendo, poco vamos a avanzar. ¿Qué será de una tarea que necesita que todos sus profesionales sean excelentes, los mejores? Poco. Nada. Hoy en día la ciencia se nutre de graduados que realizan su tesis doctoral bajo las órdenes de excelentes científicos que tienen poco tiempo para dirigir. Finalizada su formación esos jefes han de buscar nuevos estudiantes y esos recién doctorados han de irse al extranjero para completar su formación e inflar el currículo, convertirse en “uno de los mejores” y poder volver a su país como jefe a educar a más estudiantes. ¿Cómo de sostenible es un sistema formado solo por jefes y personal en formación? ¿Cuántos puestos de jefe puede producir un solo país?

La realidad es que si te vas al extranjero no vuelves. Y si vuelves no es como científico. En un altísimo porcentaje de casos. Vuelven los mejores (y no todos, muchos se quedan donde les quieren). Messi vuelve. Marco Asensio no vuelve. Y vuelven para sentarse en un despacho a conseguir dinero. No existe, salvo en raras ocasiones, la figura intermedia, el científico mediano (¿mediocre?) con experiencia para ejecutar y para formar, el experimentador, el investigador que ya sabe lo que hay que hacer y que además lo hace. O te formas para irte y una vez fuera te formas para jefe (no hablaré aquí de la cantidad de suerte necesaria para eso, que no todo es talento) o te olvidas. ¿Carrera científica? Yo solo veo vallas, pero no para saltarlas, para mantenerte en equilibro sobre ellas.

Y eso que la ciencia es necesaria. Ejemplos en España de profesiones necesarias y mal pagadas (profesores, periodistas) o necesarias e inestables (médicos, enfermeros, periodistas) o necesarias y ninguneadas (personal de limpieza y mantenimiento) los hay a montones. Pero lo de necesario e inexistente es algo que algún ministro habría de afrontar con seriedad de una vez.

O me hago agente FIFA y me busco dos representadas con las que irme al extranjero.

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