The Shadow, 1994

Asfixia

Dormía sentada, con un enorme almohadón cuadrado casi tan grande como yo en el que, más que dormir, dormitaba. Vivíamos en un apartamento y mi habitación estaba frente a la de mis padres, con un minúsculo descansillo y un baño en medio. El piso molaba, tenía un salón grande con balcón, su cocina y otro dormitorio, al que me mudé cuando fui un poco más grande. En ese otro dormitorio recuerdo que viví un episodio de experimentación: me había tragado todos los macarrones enteros, sin masticar, a ver si mis ácidos estomacales eran lo suficientemente potentes. Y no, no lo eran, me desperté con los macarrones enteros sobre el regazo…

No recuerdo las primeras crisis (o yo qué sé, tal vez lo que me viene a la memoria son retazos de distintas crisis). Pero hay algo que me impactó muchísimo con 18 años. Se me ocurrió la brillantísima idea de mostrarme adulta de la forma más patética que recuerdo: fumando toda la noche. Yo. Asmática desde los tres años. Pensaba que aquello era cosa del pasado (llevaba sin crisis gordas desde los 13). Yo, que no puedo estar en un recinto donde haya gente fumando porque me asfixio. Literal. Se me cierran los pulmones (es una forma de hablar, es como yo lo siento), se van haciendo pequeñitos pequeñitos hasta que parezco un pez fuera del agua, con intervalos que te hacen dudar de si estoy viva o no…

De pequeña, mis padres se quedaban despiertos toda la noche. A veces tardaba mucho en volver a respirar. Los intervalos eran pesadillas para ellos. Pobres…

Pero volvamos a mi 18 cumpleaños: Yo, que no fumaba, celebré esa noche encendiendo un cigarro con la colilla del otro y abusando de no recuerdo qué tipo de alcohol. No sé ni por qué lo hice. Solo sé que la crisis de asma me duró una semana. Una semana sentada, porque si me tumbada no me entraba aire alguno, ahogándome, sin apenas dormir, con aquel cojín cuadrado que me ayudaba a permanecer erguida y que ya no era tan grande como lo recordaba. Vivíamos en otra casa, nos habíamos mudado hacía unos años. Y una de esas terribles noches entendí una pesadilla que tenía de pequeña. Digamos que soñé un sueño que tenía de pequeña y lo entendí.

Estaba de nuevo en aquella habitación del piso donde vivíamos anteriormente. Sentada en la cama, me sentía diminuta y, de forma inexplicable, el cojín volvió a parecerme enorme. Una sombra embozada se acercaba y yo empezaba a temblar. Era una figura parecida a las de los cómics de detectives, con sombrero y todo. Podría ser perfectamente un malo de Dick Tracy, aunque probablemente estaría inspirado en los malos del Tío Gilito… Se acercaba a mí y respiraba muy cerca de mi oído. Imaginen la respiración de Darth Vader, esa máscara oscura que da tanta grima. Pues algo así, una especie de susurro entrecortado, como de animal herido, una especie de amenazante súplica. Yo temblaba de miedo.

Y la Natalia “adulta” resolvió en sueños el enigma de la pequeña Natalia. La sombra embozada era la bata colgada detrás de la puerta del cuarto. Había un póster de algún dibujo animado que no recuerdo, ahí se mezclaba todo. Y la difusa, entrecortada y sibilante voz que oía…

La voz que oía era mi respiración.

 

 

 

P.D.: No, no volví a fumar. Me alegró mucho que prohibieran el tabaco en espacios públicos en 2011. Tuve que esperar a tener casi 40 años para volver a tener la vida social que me di cuenta que no podía tener con 18 (porque si no era yo la que fumaba, eran todos los demás… tal vez por eso hice lo que hice el día de mi cumpleaños, quién sabe). Pude empezar a usar transportes (antes se fumaba en autobuses, trenes, aviones) e ir a lugares que antes me estaban vedados por mi salud (cines, bares, restaurantes…). La batalla del tabaco sigue. Y no es ni fácil ni grata. Pero me he cuidado tanto (con el aislamiento que eso ha conllevado) que no he vuelto a oír aquella voz. Ahora, con el coronavirus, ha vuelto el fantasma del miedo a la asfixia. El otro día volví a soñar con aquella figura embozada. Lloré al despertar pensando en todas esas personas que han sentido cómo se quedaban sin aire. En todas las que no han despertado.

Cuídense mucho. No se relajen.

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