Las huellas de Jane

Es rubia, joven y con unas piernas bonitas. Así que cuando hizo un descubrimiento que puso en tela de juicio el concepto mismo de ser humano, muchos utilizaron su físico para desacreditarla y asegurar que conseguía dinero para sus investigaciones gracias a esas hermosas y largas piernas a las que siguen unos pies que, en la película Jane (disponible en Netflix), dirigida por Brett Morgen, se muestran llenos de marcas de mosquitos que seguro eran de tamaño considerable. En este documental he descubierto que esta mujer, que hoy goza de su merecido reconocimiento, no fue una científica al uso, ya que la situación económica de su familia descartaba cualquier posibilidad de acceder a la Universidad.

Póster oficial del documental sobre la primatóloga Jane Goodall dirigido por Brett Morgen.

Si la primatóloga Jane Goodall sintió, a lo largo de su carrera, en sus piernas los azotes del machismo, también recibió el aliento del científico para el que trabajaba como secretaria que, ante su amor por los animales, decidió enviarla a Tanzania a iniciar un proyecto de observación de chimpancés en el que quería una mirada limpia, alejada del método científico imperante en aquel momento. La joven Goodall terminó por dedicar su vida a la investigación y a difundir la necesidad de conservar tanto el medioambiente como a sus habitantes. Jane, que sufrió también el descubrimiento de la violencia en una especie que creía mejor que la humana, derribó la definición de ser humano que imperaba en los años sesenta y que argumentaba que lo que nos diferenciaba del resto de animales era nuestra capacidad de crear herramientas. Pero ahí estaba Goodall, en medio de la selva, observando cómo los chimpancés escogían unas hojas determinadas para fabricarse un instrumento con el que extraer las deliciosas termitas de un nido.

La tierna y paciente mirada de la joven Jane continúa viva en la mujer que pasea su precioso pelo cano por todo el mundo y que ya ha pasado los 85 años de existencia. Esas piernas bonitas que sufrieron los ataques de los mosquitos y de las críticas poco constructivas en su momento la siguen sosteniendo para que continúe expandiendo su empatía hacia el resto de especies. Goodall es una de las investigadores que se ha convertido en ejemplo de esas niñas que sueñan con ser científicas y continúa dejando sus huellas para seguir un camino que nos lleve a conservar un ecosistema que no es de nuestra propiedad, aunque sigamos actuando como si lo fuera.

 

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