Circo, magia y un gato negro

No vayan a un espectáculo de Circo del Sol si no quieren emocionarse. Si les gusta lo sencillo, tópico, enlatado, vulgar, no compren las entradas para una belleza semejante a Totem. Quizás la mejor forma de explicar la dificultad de las producciones de este maravilloso circo sin animales sea, justo, pensar en el argumento de este espectáculo en concreto, que narra la evolución del ser humano desde un organismo de reptil hasta una configuración actual que sigue soñando con volar. Con todas las distancias posibles, el esfuerzo mental por entender este paso de renacuajo a humano es similar al de comprender cómo acrobacias, escenografía, música y sentido del humor crean un todo perfecto, un universo donde la magia es lo único posible.

El universo aún ofrece la posibilidad de disfrutar de esta propuesta artística de Circo del Sol en Meloneras, Gran Canaria, hasta este domingo, 22 de septiembre. Es en estas carpas donde pude comprobar que la magia sí existe. Sólo un ruego me siento obligada a hacerle a los dioses del circo y es que entreguen al público un simple papel en el que figuren los nombres de los acróbatas, actores y músicos (que tocan y cantan en directo), así como del resto de personal e ideólogos culpables de dejar a un lado sus egos para construir y compartir un universo. Entiendo que todo en esta propuesta está diseñado en favor del conjunto, pero las partes que lo componen merecen, al menos, que sus nombres se conozcan. Necesitamos saber la identidad de esos increíbles músicos que en directo rozan la perfección, esos acróbatas que realizan movimientos imposibles como si no les doliera ni un músculo, esos maravillosos payasos modernos que nos provocan la carcajada.

La magia que persigue al Circo del Sol debió provocar que, en el intermedio de Totem, un gato enorme, negro y de ojos verdes, como no podía ser de otra forma en un mundo de fantasía, y que se conoce los horarios de la Carpa instalada en ExpoMeloneras, apareciera ante el público para pasearse con altivez y exigir, a maullidos, comestibles. Lástima que no soy una bruja de las buenas, capaz de entender el lenguaje “gatuno”, porque estoy segura que ese gato negro conoce todos los secretos que habitan tras el escenario del Circo del Sol. Quién sabe si será algún acróbata, de esos que ejecutan saltos imposibles sin red de seguridad, que, en los intermedios, se transforma en gato para, después de cortar la respiración a los espectadores, sacarles también una tierna sonrisa.

Carpas de circo al atardecer
Atardecer junto al gato negro en las carpas del Circo del Sol en Meloneras, Gran Canaria. ©Perenquen23.

 

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