La noche de los electrodomésticos vivientes

Sé que parecerá un guión de una vieja película de Serie B, pero, después de leer Mundo Orwell, Manual de Supervivencia para un mundo hiperconectado, de Ángel Gómez de Ágreda, me imagino a mí misma entrando en casa, para descubrir que las luces no encienden. De pronto, mi flamante nevera, que es capaz de avisarme al móvil si me falta leche o mantequilla sin sal, se pone a gritar y descubro, en la penumbra, que la cocina está inundada porque la nevera ha liberado el frío. Un robot de cocina comienza a mover sus cuchillas a la máxima potencia y el horno se está quemando a lo bonzo. En definitiva que, en mis peores pesadillas, todos los electrodomésticos cobran vida propia. Y todo porque Gómez de Ágreda me ha advertido de que mi casa inteligente es también una diana para los piratas informáticos, que podrán entrar en cualquier aparato que se conecte a la red. Porque ante cualquier avance del llamado “internet de las cosas”, se nos abren los ojos como platos y nos volvemos mudos de asombro, así que no podemos preguntar: “oiga, ¿pero esto es seguro?”  A las empresas, con los símbolos de dólares volando por los despachos, el aspecto de la seguridad, que además puede mermar sus beneficios, pues no les parece tan necesario.

¿El resultado? Pues que el sistema capitalista imperfecto, con sus argucias publicitarias mediante, ha conseguido que los “presuntos” espiados y “pirateados” paguemos, y contentos, por el dispositivo chivato. Una genialidad.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.
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