Tu vida es un algoritmo

Una es de letras de toda la vida y, con los años, superada la etapa de matrices, logaritmos, funciones y demás análisis matemáticos, que si aprendí y entendí es porque aprobé, digo yo, al menos en niveles básicos, me ha dado por confundir términos que solo tienen similitud fonética y gráfica. Y ahí me vi alguna vez hablando de logaritmos —¿para qué servían?— y de algoritmos con tal despreocupación, convencida de que estaba hablando de lo mismo (que me perdonen los de ciencias).

Superado tremendo error y comprendido un poco el segundo concepto —del primero no me acuerdo—, he entrado en la fase “estoy preocupada por los algoritmos de mi vida”, sobre todo los que influyen en nuestro día a día, los que deciden qué noticias leemos, qué música escuchamos, qué pelis vemos, por qué ruta llegaremos a un destino… Terrible, ¿no? Porque esos mismos algoritmos podrían —si no lo hacen ya— decidir a qué partido votaremos o a quiénes amaremos… Una auténtica policía del pensamiento, como contaba en su trama Minority Report.

En ello andaba pensando el otro día, de regreso a casa, cuando escuché una entrevista en la radio con la ingeniera Nuria Oliver, toda una eminencia —supe entonces— en inteligencia artificial y computación. Planteaba que si cada vez más decisiones que nos impactan están siendo tomadas por algoritmos que creamos los humanos, y como todos sabemos que nuestras decisiones no son perfectas porque somos imperfectos —sobornables, corrompibles, egoístas, sesgados… ¡qué bien estoy dejando a nuestra especie!—, ¿por qué no diseñamos algoritmos que nos ayuden a tomar decisiones más justas y equitativas? Es decir, ¿por qué no ponemos el Big Data a disposición del bien común?

El algoritmo de dios. http://www.santiagokoval.com

Así, decía Oliver, podríamos diseñar algoritmos que nos permitan elegir el mejor tratamiento médico que se nos pueda aplicar, qué sentencia judicial se nos dictaminará, qué probabilidad tenemos de cometer un delito, qué mejor predicción meteorológica puede contribuir a la lucha contra el cambio climático… Los datos son el nuevo oro, asegura esta experta, en una clara postura optimista sobre el uso de toda la maraña de datos.

En esa misma entrevista intervenía otro experto en geopolítica, el coronel del Ejército de Tierra Pedro Baños, quien mostraba una postura menos optimista, él decía que realista. Dudaba de las buenas intenciones generalizadas de quien crea esos algoritmos, que se utilizan hoy día también para hacer la guerra. Que todo lo decidan los algoritmos pone en peligro que la soberanía, que se supone que reside en el pueblo, pueda estar cada vez más alejada de él. En definitiva, un mundo basado en las matemáticas y donde el componente emociones no intervenga. Espeluznante.

Llegué rumiando a casa, la verdad. Porque, siguiendo la senda optimista de la ingeniera Oliver, ¿qué pasa si quienes diseñan esos algoritmos no tienen buenas intenciones, como planteaba Baños? ¿Habrá que diseñar algoritmos para elegir a quienes diseñan los, vamos a denominar, “algoritmos de bien”?

Poner la tecnología al servicio del bien. Si conseguimos eso creo que habremos demostrado que como especie nos merecemos de verdad eso de ser hommo sapiens.

** Foto destacada: http://www.impassemag.com

 

 

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