Otra vez la fiesta del chivo

Normalmente cada cuatro años, pero de un tiempo hasta parte hasta cada menos. Lo que debería ser de verdad “la fiesta de la democracia” se convierte en la bacanal de los bufones. Y uno no deja de escuchar argumentos peregrinos, y ver imágenes más o menos apropiadas, fotos impactantes que ponen de relieve el porte de este candidato, con una ligera brisa sobre su pelo y su chaqueta, caminando hacia el futuro, gobernando la nave sin timón en la que se ha convertido este país.

Me hastía un poco. Voté por primera vez hace veinte años. En 1989 entré a un colegio electoral, recuerdo, con la papeleta en mano, pensando en la alegría que suponía para mi poder ser partícipe de un proceso electoral. Sin embargo la desafección se ha instalado en mis circunstancias. Y ese desencanto no viene dado sino porque la madurez democrática que se supone hemos obtenido 20 años después se ha diluido en una especie de líquido maloliente: cloacas del estado, discursos supremacistas, mentiras, posverdad, bulos generados a conciencia por partidos políticos sin escrúpulos, amenazas, descalificaciones, y tú más…

Intento encontrar un desenlace a esta idea que propongo en este texto y no la encuentro. Y me genera una inquietud manifiesta, que a veces se convierte incluso en rechazo. Qué tristeza.

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