Vuelve el 8 de marzo: apretemos el acelerador, por favor

Recuerdo el 8 de marzo de 2018 como uno de los días más emocionantes de los últimos tiempos. No tanto por lo que hice aquel día en que secundé la primera huelga feminista de la historia de España, convencida de la necesidad de seguir empujando esta locomotora de la igualdad que va un poco lenta, para mi gusto, sino por lo que vi a través de los medios de comunicación en prácticamente todo el país. Millones de mujeres en la calle diciendo entre muchas cosas y en pleno siglo XXI que somos iguales ante la ley. Sí, ante la ley, que parece una obviedad pero no lo es porque no es real. Aquí sí que no podemos decir que la ley va por detrás de la realidad, por suerte.

No voy a ponerme aquí a enumerar esas desigualdades manifiestas que aún persisten; de verdad que hoy, lunes de carnaval, estoy un poco vaga y no voy a descubrirles a ustedes nada nuevo. Solo quiero pensar, y necesito que los que manejan los datos nos lo digan, que algo ha mejorado desde aquel golpe certero sobre la mesa. Las conciencias están más activas, cierto es, pero temo pensar que hay un componente elevado de moda en todo este movimiento. Que está guay sumarse al carro, que queda moderno a la par que elegante.

Sí deseo que todo este debate que llena la red, la nube, las páginas de la prensa, los minutos de radio y televisión deje un día de ser noticia porque será, sin duda, la mejor de las noticias: que la balanza de la igualdad será como respirar. ¿Lo veremos las de mi generación? Lamentablemente, creo que no, pero me consuela pensar que mis hijas podrán vivir en una sociedad más igualitaria. Para ello, o pisamos el acelerador o volveremos a escribir lo mismo año tras año. Pienso en positivo, porque lo contrario no contribuye a la causa.

Me gustaría no tener que escribir en 2020 sobre este mismo asunto, como llevo haciendo tres años consecutivos. Quizá antes no fui del todo consciente o no veía tan nítido el retroceso que percibí a partir de 2017 cuando, incluso, en debates que creía superados hubo que salir al paso, en plan escuelita, a explicar el significado real de feminismo. Todavía hay quienes no lo quieren entender. Que esto debería estar fuera de toda disputa política, como deberían estarlo también la sanidad, la educación, los servicios sociales… Pero no, aquí no, aquí todo se circunscribe a la pugna y a la estrechez de miras. Y así no llegaremos lejos. ¿Apretamos el acelerador?

 

 

 

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