Cientos de conversaciones incómodas

Dos mujeres, ex compañeras de colegio, se encuentran tras años, por no decir décadas, sin verse. La conversación es la siguiente:

-¡Hola! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?

-Ay! Casi no te reconozco… Cuántos años… Pues bien ¿y tú?

-Pues en la lucha, como todo el mundo. Mira y  ¿qué es de tu vida? ¿Tienes hijos?

-Sí, dos.

(Silencio incómodo)

-Vaya, ¿y por qué?

(nuevo silencio incómodo y cara de póquer)

-Pues no sé.

-¿Y no te da miedo quedarte sola?

(silencio asombrado)

-Pues yo… Uy qué tarde es, a ver si quedamos un día…

(mutis por el foro)

Pues ya se imaginarán que esta conversación no es real, o casi, cambien las respuestas de la mujer con dos hijos por una que no tiene ninguno, porque las preguntas sí son habituales. Las sufren con frecuencia las mujeres que han decidido no tener vástagos o no han podido… Quizás podríamos plantearnos que esa pregunta no debería ser tan cotidiana en las conversaciones, que es un tema demasiado personal del que ya te darán cuenta los protagonistas si así lo desean. Podríamos centrarnos más en preguntarnos los unos a los otros aquello con lo que soñamos, lo que nos hace feliz. Por ejemplo.

Maceta de margaritas
A mí, por ejemplo, me hacen feliz las margaritas… ©perenquen23
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