El viejo y la muerte

Estudié en un colegio de curas. Soy de esa generación que nació en democracia pero vio normal estudiar en colegios segregados por sexo. Esos que nacimos y crecimos en continua transición entre algo viejo y otra cosa mejor.

En el colegio los curas me enseñaron lo típico (para el que lo vivió): el inconformismo, la igualdad, la hermandad, la alegría y la responsabilidad, que hay demasiadas cosas que están mal y nadie más que tú las puede cambiar, y que eso tiene que ser ya. También me enseñaron lo típico (para el público en general): el rito, la ceremonia, el más allá, la confianza en algo eterno, la aparente conformidad, la modestia y el saber estar.

Lo que no recuerdo haber estudiado es que el buen católico es liberal en lo económico y patriota en lo nacional. Que ante una inminente catástrofe social como la de los refugiados/emigrantes/gente que escapa/gente asustada (¿qué más da el nombre?) del Aquarius el buen cristiano no ha de dejar llevarse por el buenismo y sopesar pros y contras antes de actuar.

Si uno busca en la Wikipedia información sobre los principales diarios españoles, el único que aparece definido como de ideología católica es el ABC. Precisamente el ABC es el principal adalid de la resistencia contra la llegada del Aquarius a Valencia (ver portadas adjuntas). En un ejercicio de cinismo y miseria digno de premios internacionales, la autoproclamada voz periodística del español de bien se ha cagado en la boca del mensaje cristiano sin un ápice de vergüenza. No extraña, por tanto, que en la inmisericorde red social Twitter sean principalmente “españoles de bien” (banderas y cruces en su avatar lo proclaman) los que más braman en contra de la acogida, del postureo solidario, los que piden prioridad para los de casa. No sorprende, al fin, que incluso próceres de la Iglesia se declaren amantes de las líneas que los hombres hemos pintado sobre la tierra.

Lo sé, estudié en un colegio de curas, sé que la Iglesia Católica no es solo el ABC, los exaltados de Twitter, la mantilla, los bordados en oro y los arzobispos de Granada y Valencia. No es solo ellos, pero es ellos también. Y ya va siendo hora de que los verdaderos cristianos de bien se sacudan el fango que estos altavoces reparten, salgan de la sombra en que actúan (haciendo tanto y tanto bien). Es hora, opino, de que levanten la voz para desautorizar a estos pervertidos y pervertidores de un mensaje que a tantos nos enamoró (y del que, personalmente, solo han separado discrepancias en lo espiritual). Y si no, que traguen saliva, porque las críticas seguirán llegando, cada vez más despiadadas, y razones habrá.

ABCJunio2018

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