La Peste

El pasado 12 de enero se estrenó en Movistar+ la serie española La Peste, una serie ambientada en la Sevilla del siglo XVI, con miseria, peste, asesinatos y, por qué no, su poquito de política y religión. Y con la serie ha llegado una mierdolémica (palabra cuya autoría reivindico y que define a esas pequeñas polémicas de mierda con tanto arraigo en Twitter). Una panda de gañanes se ha quejado de que el acento andaluz de los personajes les ha impedido entender bien los diálogos y por tanto disfrutar de la serie. Obviamente, muchos andaluces se han sentido ofendidos en lo más hondo de su identidad.

Me reiría fuerte, pero esta mierdolémica (repetiré el vocablo hasta popularizarlo) me ha recordado anécdotas sufridas en primera persona. Y las vivencias personales normalmente lo dejan a uno meditabundo, al menos el tiempo suficiente como para helar una sonrisa. Relato tres historietas:

  • Un amigo vasco, residente en Tenerife por la época, me relató entre risas que durante un fin de semana que pasó en La Gomera comió siempre en el mismo guachinche. Y comió siempre el último plato que el dueño del guachinche le ofrecía en su lista de platos del día. Era incapaz de entender el resto del listado.
  • En mi primer trabajo en Barcelona recibimos a varios estudiantes de doctorado chilenos. Era frecuente que les costara hacerse entender con su castellano entre los compañeros catalanes. A veces recurrían al inglés, a veces al silencio, a veces a ese puente entre América y Europa que es Canarias (yo).
  • Viviendo en Valencia hasta en dos ocasiones se me demandó, también entre risas, que hablara bien, que no usara palabras raras, que me encontraba en España.

Todos los protagonistas de estos relatos son, doy fe, personas cultas, personas buenas. Me tomaría todas las cañas del mundo con cada uno de ellos. Dejaría mis hipotéticos hijos a su cargo. Así que podría, de nuevo, reírme fuerte y ya. Pero esta tribuna siempreenmediera no se ha creado para la calma o los lectores, sino para mi desahogo (al menos así me la tomo yo) y me apetece un poquito de drama (basado en datos, pero drama). Todos los castellanoparlantes somos absolutamente capaces de entender los diferentes acentos de nuestra lengua común. No es tan difícil. Y cuando lo es, solo hay que ponerle un poquito de ganas. Pero para ponerle ganas hay que tenerlas. Y las ganas se ponen en las cosas que consideramos importantes, dignas del esfuerzo. Ocurre, demasiado a menudo y con demasiada normalidad y ausencia de malas intenciones, que todo lo que se sale de nuestro círculo íntimo es considerado irrelevante (mal), extraño (peor) o incluso nocivo (la mierda máxima). Aquello que no conocemos se convierte en amenaza y no en espejo de nuestra ignorancia. Me juego la mano de rascar a que alguno de estos quejosos del andaluz de La Peste ha pasado el último año gritando Hijueputamalparío, a la manera de Pablo Escobar.

Y es que eso, estar solo pendiente de lo nuestro, amar solo lo nuestro, pensar que solo lo nuestro merece atención, interés, ganas, eso es la terrible, puta y verdadera peste.

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Un comentario

  1. Yo he visto la serie y no he tenido problema en seguirla, soy de Salamanca. Mi padre es gaditano (sin acento tras 40 años fuera) y cuando voy a Cádiz me cuesta seguir a mis tios y primos pero por la rápidez y el primer día, luego ya hasta se me pega el acento. Igual me pasa en Tarragona, con amigos Cacereños, mexicanos, ¡hasta brasileños si hablan despacio!. Como dices, es el miedo pero no entiendo a qué porque todo enriquece. Y hombre, que se trata de una serie que transcurre en Sevilla, no en Tarragona o Barcelona hablada con el catalán de la zona, que ni entre comarcas se entienden ellos. Y por cierto, yo en Cataluña me he encontrado hablando y respondiendo en castellano a interlocutores catalanes porque no han tenido la deferencia de pasar al castellano, pero ese es otro asunto.(Cosa que ni en Galicia, Asturias ni en el País Vasco me ha pasado.) Aparte, así conseguí aprender catalán, tras meses de oir conversaciones entre ellos. También he visto Narcos y veo mucho cine argentino, cuesta pero se entiende y aprendes hasta jergas. La cosa es quejarse, marca España.

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