Sí pero no

«No soy nacionalista, no milito sobre ninguna bandera, siempre recuerdo lo que dijo Flaubert: que todas están tan llenas de sangre y de mierda y que ya va siendo hora de acabar con ellas». Juan Marsé. Entrevista para El Mundo

 

Llevo días preguntándome cómo han sido, en su propio fuero interno, los minutos, las horas, los días, después de que Puigdemont anunciara ese manifiesto del sí pero no. ¿Qué hizo este hombre cuándo se alejó de los objetivos y de las miradas, cuando cerró la puerta de su habitación a altas horas de la madrugada? ¿cenó? ¿se acostó con la barriga vacía? ¿se tomó una copa -no sé un wisqui, un ron, una ginebra, un patxarán- o un vaso de leche? ¿con colacao o sola, blanca y fría? ¿fumó un desahogante cigarrillo en la ventana de su estancia, mirando de lejos cerca los límites de su país/comunidad/estado/patria? ¿o se comió un chicle porque no fuma? Me atormentan las dudas.

Me preocupa a veces ver más allá de lo que pasa cuando pasan cosas. Y a raíz de todo este asunto del sin tí pero contigo de este hombre no paro de pensar qué pasa detrás de los cortinajes del teatrillo. No me digan que ustedes no piensan nunca en eso. ¿Fue a la ducha Carles? ¿agua fría o caliente? ¿Se lavó el pelo tras la tormenta política en la que ha metido a los independentistas y a los nacionalistas nacionales o prefirió dejarlo porque con semejante mata se le humedece la almohada?, y siempre me vuelve a salir la misma pregunta recurrente ¿Qué cenó esa noche del 10-0? ¿Butifarra o jamón serrano? ¿no cenó nada? si fue así se tuvo que levantar el día 11 con un hambre atroz, digo yo. Y lo lógico es que hubiera desayunado pan con tomate restregado ¿no? Pero igual no, igual desayunó cereales, o fruta.

Los españoles están estos días preocupados por la unidad de España; los catalanes, unos jodidos por que se quedan fuera y otros jodidos porque se quieren quedar fuera y no hay manera;  mientras, todos con los trapos de colores en los perfiles de las redes sociales: unos con rayas más gruesas y otros con rayas más finas, unos con estrellas otros sin estrellas… y yo pensando que qué comió, durante los últimos años, este hombre para llegar a estas conclusiones.

Me lo imagino de niño, y a su madre desde la cocina preguntándole ¿Carles quieres comer? y él, con el flequillo y las gafas respondiendo casi en un tono monocorde que luego mejoraría: sí, pero no.

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