Tocinillos ahumados a la española

David Goehring @ Flickr.com (CC BY 2.0)
David Goehring @ Flickr.com (CC BY 2.0)

A pesar de su tradición secular y de sus múltiples variantes regionales, la que hoy presentamos es una de nuestras recetas menos exportadas. En pleno siglo XXI son muy pocos los restaurantes que la ofrecen al norte de los Pirineos y tampoco los cocineros patrios se han atrevido apenas a reelaborarla. Al parecer ya figuraba en el recetario del monasterio benedictino de Ciudad Rodrigo, que sustrajeron las tropas napoleónicas, pero sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos. A decir de algunos expertos, de hecho, ya se cocinaba en la corte de Suintila.

El secreto de la elaboración está en el correcto curado de los fantasmas. Se precisan tormentos añejos, de sudarios raídos, para garantizar una correcta indigestión de los comensales. Los guerracivilismos son, por supuesto, la opción más popular, pero valen también las concertinas de Melilla, los afectados por el aceite de colza y el gol fantasma de Míchel en el Mundial del 86. En todo caso, y antes de mezclarlos con el resto de ingredientes, conviene darles un golpe intenso de horno para que se chamusquen bien chamuscados.

Por otra parte, la mala leche debe estar bien rancia y usarse en proporciones generosas, con un mínimo de dos litros por ración. Se bate a mano, se le añaden las frustraciones al gusto y se deja reposar cubierta por un trapo convenientemente sucio, a ser posible procedente de las cloacas del Estado. Cuando su textura haya mudado a gelatinosa es el momento de mezclarla con los complejos del descubrimiento de América y volverla a emulsionar con brío, hasta que alcance el punto de nieve.

Un tocinillo de libro requiere, por último, ser canónicamente oscuro. Conseguir una negrura homogénea, que elimine por completo los desagradables matices de gris, es la dificultad más notable de este plato. En este sentido, recomendamos el empleo de colorantes de primera calidad, a ser posible con Denominación de Origen. Los más socorridos son los sucesos de Puerto Hurraco, los comentarios de Curri Valenzuela o los vuelos repletos de subsaharianos drogados y esposados.

Servir caliente. Muy caliente. Hirviendo casi.

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