Rubén el grande

Anoche estuve viendo a Rubén Blades, dice él que por última vez porque se va a dedicar a otros proyectos musicales. Yo desde aquí le pido encarecidamente que se lo piense, aunque es verdad que vale para tantas cosas que puede hacer lo que le dé la gana. Tengo que decir que no iba a ir a verlo. En todos estos años habré ido a cuatro conciertos suyos y pensé que éste iba a ser más de lo mismo, las entradas que supuestamente ofrecían una mayor comodidad para ver el espectáculo eran demasiado caras para mí y no me apetecía nada juntarme en pleno julio con cientos de personas sudorosas moviendo el cucu.

El caso es que un amigo nos convenció a pocas horas del concierto porque tenía unas entradas por las que pagamos un precio razonable. Puede que el concierto que vimos haya sido más de lo mismo, sí, pero fue más de la misma maravilla de siempre.

Un tipo a punto de cumplir los setenta años, tan generoso que nos regaló nada menos que tres horas de buena música con una banda fantástica, que no escatimó en detalles, que nos contó la historia de cada canción y que cantó los temas con los que él, honestamente, consideró que tenía que despedirse de la gente, sin recurrir a los tópicos que uno pueda imaginar en una gira de despedida, más allá del consabido Pedro Navaja.

El único pero de la noche fue el sonido. Los de atrás protestaban porque no oían nada y hasta el propio cantante preguntó por lo que ocurría. Cuando alguien le dijo que por norma no se podía pasar de los nosecuántos decibelios, al hombre se le puso cara de desconcierto, aseguró no entender nada pero dijo que las leyes había que respetarlas y continuó cantando. Eran las 10 de la noche, las 10, y esa misma restricción es la que se ha cargado los conciertos al aire libre del festival de Jazz en el entorno del Auditorio, que también se celebraban a una hora similar.

Volviendo a Rubén Blades, ayer tuve, tuvimos, la enorme fortuna de poder despedirnos de él en directo, disfrutando de todos y cada uno de los minutos que nos dedicó y corroborando que la integridad, la grandeza y la honradez toman forma en un señor panameño con sombrero.

** Dejo aquí la canción con la que nos despidió, la inconmensurable Patria.

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