La adolescente que aún hay en mí

Desde hace unos meses me veo en la necesidad de retrotraerme a mi adolescencia. No es por gusto, se los aseguro, es porque me parece la única manera de entender, aunque sea un poquito, al adolescente que tengo en casa.

Curiosamente, y pese a mi memoria de pez, no me ha costado mucho retroceder unas cuantas décadas y recordar mis trece, catorce, quince o dieciséis, una época que rememoro como verdaderamente oscura, repleta de picos emocionales abundando la tristeza, la intensidad, la rabia o la rebeldía, no necesariamente en ese orden.

Me recuerdo rellenando interminables diarios en los que volcaba mis frustraciones, que eran todas, y enfrentándome a ataques de llanto y de euforia en un mismo día, fruto de las hormonas y de un carácter fuerte que no ha quedado más remedio que limar por cuestión de pura supervivencia.

Soy perfectamente consciente de lo que pasaron mis padres conmigo, especialmente mi madre, que hizo de pared de frontón a la que le iban todas las pelotas, que devolvía con una delicadeza generosa tratando siempre de dar una explicación, con frecuencia mal recibida por mi parte.

El adolescente que tengo en casa, sin embargo, y a pesar de sus picos emocionales y de sus hormonas, es un bálsamo comparado conmigo (no alzo campanas al vuelo porque aún le queda camino por recorrer en este trecho). Es mucho más reflexivo, más equilibrado y racional, hasta el punto de que con frecuencia es quien modera mi tristeza, mi rabia o mi rebeldía, esos vestigios de la adolescente que aún hay en mí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s