El toro de Facebook

Gerzo Gallardo @ Flickr.com (CC BY 2.0)
Gerzo Gallardo @ Flickr.com (CC BY 2.0)

Por canales diferentes, han llegado a mis manos dos textos que me han hecho reflexionar mucho sobre las redes sociales. Por lo que a mí se refiere hablo de Facebook, porque en la práctica estoy ausente de Twitter y de Instagram.

El primero es una pieza de Jason Tanz para la revista Wired en el que se cita un artículo científico de Human Communications Research. El asunto va de la crisis del periodismo y en concreto de cómo se han ido transformado las audiencias. Cito un fragmento literal en mi traducción libre, que resume las conclusiones de la investigación:

La probabilidad de que [los sujetos del experimento] compartiesen noticias políticas en Internet era más alta cuanto más parciales eran y más enfurecidos estaban. Y las historias que compartieron tendían a enfadar incluso más a las personas que las leían. ‘Necesitas ser radical para ganar cuota de mercado’, dice Sam Lessin, ex-vicepresidente de Facebook.

El segundo fragmento es una entrega del cómic The Oatmeal en la que se habla del “efecto tiro por la culata” (backfire effect, en el original). Si leen en inglés sigan el enlace, porque aunque es un poco largo merece mucho la pena. Para los que no hablen el idioma o no tengan tiempo, les hago un resumen apresurado en cristiano:

El “efecto tiro por la culata” es un sesgo cognitivo por el cual nuestro cerebro reacciona cerrándose en banda cuando se cuestionan nuestras “creencias fundamentales” (core beliefs). El término alude a nuestras convicciones ideológicas más íntimas, que parten de nuestra infancia, van siendo modeladas por nuestras experiencias y acaban definiendo nuestra postura en los temas espinosos (política, religión, raza, etc.).

La clave del “efecto tiro por la culata” es que cuanta MÁS información y referencias le aportamos a alguien para tratar de convencerlo para que modifique alguna de sus creencias fundamentales, MENOS probable es que lo haga, porque su cerebro está programado para responder ante esta amenaza intelectual de la misma manera que lo haría ante una amenaza física (por ejemplo, un depredador).

En las palabras de The Oatmeal, de nuevo en mi traducción libre: “Esto se ve agravado en Internet, donde cualquiera puede convertirse en una fuente y todas las desavenencias acaban degradándose hasta que se transforman en una habitación llena de orangutanes tirándose mierda a la cabeza”.

Mis conclusiones:

  1. Si quieren que sus publicaciones se compartan, cabreen al personal. Mi opción es justo la contraria, pero sé que pago el precio de la irrelevancia.
  2. Cuando lean algo que les enfurezca, tómense un segundo y reflexionen. A lo mejor ese tremendo cabreo está justificado, pero también es posible que en realidad esté provocado por una amenaza (justificada) a nuestras creencias fundamentales.

Dicho en román paladino: cuando Facebook les ponga una muleta delante, no entren al trapo.

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