Buenos y malos

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Hace años, leí el siguiente párrafo en un libro de cuyo autor y título no me acuerdo, pero me pareció tan acertado que no pude dejar de hacerle una foto para recordarlo.

No es que no haya que ceder: es que la pureza no existe. El mundo te tienta, te ciega, te empuja. Y los hombres somos mezquinos, vanidosos, ambiciosos, débiles. Somos en verdad muy poca cosa y la vida está llena de tentaciones. Así es que todos vamos reuniendo nuestro montoncito de porquerías y lo llevamos rodando delante de nosotros como escarabajos peloteros: mentiras que hemos dicho para medrar, sentimientos que hemos fingido para no estar solos, cobardías en las que no nos gusta reconocernos. Pero uno no debe confundir estas escaramuzas con las grandes batallas: hay fronteras morales que si se cruzan te convierten en un miserable, y esas son traiciones que uno no puede permitirse”.

Ojalá hubiera sido yo su autor porque sintetiza, para mí perfectamente, no sé si una forma de vida, unos principios, unos valores, la barrera entre las buenas y malas personas…no lo sé. Pero si sé que en él subyace la idea de que no podemos ser perfectos todo el tiempo, todo el rato. De que, a veces, es necesario que nuestras miserias tuerzan la voluntad de nuestra honestidad. Y no hablo de cenar macarrones con chorizo en vez de pescado, que también.

Los defectos son tan consustanciales al ser humano como lo pueden ser sus virtudes; y lo que hoy es virtud a lo mejor fue defecto en otra época pasada, o lo será en el futuro, y viceversa. Yo qué sé. Lo que digo es que tan malo puede ser no liberar nuestras pasiones, nuestras malas pasiones, como enterrar las malas para solo dejarnos poseer por las buenas. Qué aburrida sería la vida entonces.

¿De qué se discute con alguien perfecto, con alguien sin vanidades, sin penas ni miedos?

Todos tenemos alguna miseria que otra. Todos hemos hecho algo reprobable a lo largo de nuestra vida. Quien más quien menos ha engañado, ha mentido, ha dicho sí cuando quería decir no, le ha cogido dinero del bolso a su madre, o a su abuelo; no ha reconocido su culpa en algún hecho miserable, se ha escondido por miedo a ser descubierto, ha cambiado de acera para no saludar o ha criticado a su mejor amigo delante de terceros.

Pero como dice la autora del párrafo, porque sí recuerdo que era una mujer, no debemos confundir esos pequeños pecados con “las grandes batallas”. No se pueden meter todos los pecados en la misma cesta porque no todos valen lo mismo ni se pueden juzgar de la misma manera. Hallar la delgada línea roja que separa al ser humano imperfecto de las malas personas es tarea personal de cada uno, para uno mismo y para con el otro. Lo que distingue a una persona que parece mala de una verdaderamente mala es la vileza; el resto es pura naturaleza humana, no confundamos.

Y perdonen ustedes, puros de corazón, si nunca se han dejado gobernar por sus miserias. Pobres aquellos que siempre han seguido las reglas, pobres aquellos que han desperdiciado su vida aferrados al bien. Pobres y aburridos. ¿Conocen a alguien así?

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