El empaquetado

Un concierto de siseos, motores y crujidos rítmicos sepultaba de cuando en cuando la explicación.

Necesito que se pongan estas batas. Es por nuestra política de seguridad alimentaria. Como ven, estas son las cinco bahías de carga, que dan paso a otras tantas líneas de empaquetado…

Pfiuuuuu, clonk, clonk, pi, pi, pi, pi, pi.

¿Puedo sacar fotos?

Sí, claro. Por supuesto. La fruta llega con su informe de trazabilidad, que se adosa al exterior de la jaula y es inmediatamente digitalizada por nuestro personal técnico…

Rakatakatak tak tak tak tak

Tras el desmanillado y el lavado, la fruta pasa por este cubo de aire, que retira el exceso de humedad y contribuye a evitar la proliferación de hongos…

Swooooooooosh pfiuuuuu swooooooooosh

 

 Julen Iturbe-Ormaetxe @ Flickr.com (CC BY 2.0)
Julen Iturbe-Ormaetxe @ Flickr.com (CC BY 2.0)

 

En la pausa entre dos silbidos hidráulicos descubrió su mirada a través del visor. En el cuarto puesto de la tercera fila, dos ojos pardoazulados le retaban sin pestañear, encaramados sobre una mueca de hastío infinito. Giró el objetivo para enfocar a las cajas ya formadas, pero allí seguían cuando regresó a la posición inicial.

Cada clasificadora -ahora ya sabía lo que era- dispone de una pesa individual, con la que debe rasar la caja en diecinueve kilos. Nunca más porque la maduración…

Grrrrrararararar tak tak tak tak

Para abstraerse de aquella mirada sin fisuras, se refugió en buscar la equivalencia entre el color de los iris y de las batas (El tono es el mismo, solo que menos saturado, pensó para escapar al hechizo). Y sin embargo el escrutinio seguía allí, esperándolo con la misma firmeza cuando aterrizó de vuelta de aquellas veleidades cromáticas.

El plátano es una fruta climatérica, que a partir de cierto estadío acelera su respiración. Eso es precisamente lo que impedimos con estas cámaras de frío…

Los ojos estaban ya a su espalda, pero los seguía sintiendo punzantes sobre la nuca. Mientras, la visita se aproximaba ya al final del empaquetado.

Este lector láser comprueba de nuevo el pesaje de la caja -shrieeeeeeeekkkkkkk- y si detecta alguna anomalía la saca fuera de la línea…

Como en un ensayo, eso fue lo que sucedió en aquel preciso momento. Una caja semivacía y desequilibrada que, despreciada por el robot, cayó sobre una vía muerta. Al final de aquel carril hacia ninguna parte chocó contra un tope metálico, de forma que el más sobresaliente de sus manojos salió proyectado hacia el suelo de la nave.

Docenas de miradas de terror se giraron hacia aquella catástrofe imprevista, que congeló en un instante la sonrisa de la gerente. Todas las miradas, de hecho, menos la del fotógrafo. Por el círculo del enfoque, y como en cámara lenta, acertó a distinguir el último vuelo de la bata azul. Una silueta despavorida, recortada borrosa en su huida hacia las bahías de carga.

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