Carnavalera y madre

Como buena carnavalera que soy ya voy notando el bulli bulli, el ritmillo, el frenesí, el entusiasmo recorriéndome de pies a cabeza. Las canciones me salen solas y, sin darme cuenta, mis piernas van preparando  coreografías. Estoy deseando que llegue el viernes, mi día favorito, las ganas acumuladas durante el año saldrán a darlo todo y más, después ya veremos qué pasará.

Este año hay una novedad y es que mi prole, dignos herederos de sus noveleros padres, también están sintiendo la exaltación del Carnaval. Esto, he de reconocerlo, me llena de orgullo, la impronta de la fiesta es algo que hemos logrado inculcarles sin mucho esfuerzo. Espero que siga siendo así durante toda su vida, que lo celebren todo, que busquen razones para disfrutar y encuentren siempre el momento para hacerlo.

Pero, por otro lado, se abre la puerta a una nueva forma de disfrutar de esta fiesta para mí. No voy a tener otro remedio que quedar cada cierto tiempo para ver cómo están y si aún siguen enteros (tengo asumido que algo se van a echar al buche y que no será una Fanta). Se acabaron ‘las noches de fantasía’ a mi bola y, lo que es peor, el fichaje va a ser recíproco, así que la que va a beber sólo Fanta voy a ser yo.

Comienzan las preocupaciones, me acuerdo de aquellos con los que he compartido trayectos, en la guagua primero y el tranvía después,  rumbo a Santa Cruz. Esos que ya se van vomitando por los rincones desde las 10 de la noche, que se fuman un porro con el tranvía abarrotado para ‘deleite’ de los que les rodean, que beben directamente de la botella de tequila o se toman una ‘pastilla’ al lado tuyo. Por muchos valores que les hayas enseñado, por muchas charlas que les hayas echado, es inevitable pensar en si tu hijo hará lo mismo. Sobre todo me preocupa  (esto es algo que comparto con muchos amigos y padres de mi entorno) lo que se puedan encontrar, aunque intento no pensarlo, me aterroriza que topen con algún pirado, que los hay, o que se vean metidos en una pelea o algo peor.

Quizá lo mejor sea aprovechar esa semana para viajar, como hacen tantos, ‘me lo llevo y así evito que salga’. Desde luego esquivas la ansiedad, pero no creo que sea la solución.  No va a quedar otra que seguir echándoles la charla, advertirles, como nos advirtieron nuestros padres, de lo que se pueden encontrar y lo que deben hacer ante cada situación y, sobre todo, confiar en ellos. Todo esto además de quedar cada cierto tiempo para ver cómo van y beber sólo Fanta (con una gotita de ron). Así ha sido siempre y así seguirá. ¡Feliz Carnaval!

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