Ser del Barcelona…

En uno de los tantos veranos que durante mi infancia pasé en Lanzarote, mi abuelo Falo -siempre he llamado a mis abuelos por su nombre- me regaló un equipaje del Real Madrid con el siete del ‘Buitre’ a la espalda. Debía de ser muy joven porque aun no me había decantado por ningún equipo, como tampoco había besado chica alguna. Dada la autoridad, acepté las cosas como venían y empecé a darle patadas a un balón.

Cuando volví a Tenerife, mi padre corrigió la situación. Nunca más vi esa camiseta y se me inició en el ‘Cruyffismo’, que fue a su época lo que el gin tonic a la nuestra, cosas de modernos. En España, si elegir el Barcelona como opción vital es arriesgado ahora, imagínense recién iniciados los 90, que aun no existía twitter y el ‘Dream Team’ no había cuajado todavía. Porque, queridos amigos y amigas, el Barcelona es a España lo que el Espanyol a Cataluña, una anomalía, un ejército de infieles dispuestos a derrocar al régimen establecido, la aldea de Astérix y Obélix en la Galia invadida por Roma, un grano en el culo, vamos.

Ser del Barcelona en España es complicado porque el credo nacional viene pautado por Madrid. En este país, el estado de opinión, el discurso oficial, se construye en la capital; y ya sabemos lo difícil que es remar a contracorriente. Habrían faltado manos para aplaudir y voces para loar si estos años dorados del Barça de Messi los hubiera tenido el Madrid. Pero ocurre que los ha protagonizado el Barcelona y lo que toca es desacreditar, restar méritos y ensalzar lo blanco. ¡Villarato!, y viva España blanca.

Y a mí me enferma lo blanco. Lo blanco es el PP, los domingos de misa, los toros, las licitaciones de ACS, Eduardo Inda y el ABC. El Madrid es un Maquiavelo mesetario y el Barcelona el ‘art for art’s sake‘ victorioso; el Madrid es una publicación del BOC y el Barcelona los versos de Lorca.

palco

En un país sin ataduras, el palco del Bernabeu estaría plagado de micros, y sin embargo es una extensión del Consejo de Ministros. En un país serio, a los jugadores del Madrid se les habría aplicado la misma vara de medir que a los culés a la hora de juzgar sus asuntos con Hacienda, y sin embargo tenemos que ver a la que fuera abogada del estado encargada de encausar a Messi y Neymar sentada justo detrás de Florentino en ese mismo palco. Coño, la mujer del César, además de serlo, ha de parecerlo.

Todo esto, que para mucha gente es una memez -y que tiene todos los visos de serlo-, a mí me indigna sobremanera. Me gustaría, me encantaría, que todo esto me resbalara pero es de las pocas cosas que me supera.

Australia tenía muchas cosas buenas, la mejor de ellas, quizás, que cuando el madridismo adoctrinaba urbi et orbi, yo dormía; y tan feliz.

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4 comentarios

  1. Como merengue residente en Barcelona he de decir que todo es cuestión de perspectiva. El blanco que lo ensucia todo, el pensamiento único, la doble vara de medir, el sello de autenticidad, la maquinaria pesada aquí tiene otros tonos.

  2. Supongo que todo depende del punto de vista desde el que se mire. Cataluña es una burbuja culé, un paraíso para mí, un infierno para ti jeje

  3. Creo que esta entrada es bastante “retro” o de tiempos anteriores. Ni ser del Madrid significa todo lo que comentas, ni ser del Barcelona tampoco. Es muy simplista el resumen que haces. Hoy en día ser del Madrid no tiene por qué significar ser del PP, ni nada parecido, ni ser del Barcelona ser independentista, aunque el mismo club se empeñe en intentar meter a todos sus seguidores en el saco.

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