Las noticias falsas en la era de internet

Desde hace unas semanas ando leyendo varios artículos, como este o este, sobre la polémica que se ha creado a partir de la victoria de Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos y cierta investigación publicada por el portal buzzfeed.com sobre la viralización de noticias falsas a través de medios y redes sociales, que han propiciado que se hable de la posibilidad de que esas noticias falsas puedan haber influenciado en el resultado de las elecciones. Y con ello han llegado respuestas de Facebook o Google sobre la necesidad de impedir, o al menos dificultar, la proliferación de ese tipo de publicaciones.

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La difusión de noticias falsas no es algo nuevo ni exclusivo de las redes sociales. Los famosos tabloides ya lo hacían y en otros medios tradicionales y con solera también se publican noticias basadas en rumores, sin contrastar y sin rigor periodístico. El problema surge cuando debemos considerar si las redes sociales deben tener una línea editorial en virtud de la cual escojan qué noticias deben difundirse y cuales no. Es obvio que Facebook, Twitter e incluso Google pueden y deben considerarse medios de comunicación, ya que difunden mensajes y noticias pero, ¿es responsable Facebook por noticias que elaboran otros medios y personas que nada tienen que ver con ellos? Pensar que la responsabilidad de evitar la difusión de bulos (o fakes como se les ha dado en llamar) recae los canales de difusión, ¿no es similar a pensar que el repartidor de periódicos o la empresa que los distribuye puerta a puerta también es responsable de la difusión de noticias que pueden ser falsas en las páginas de esos medios impresos? O, ya puestos, ¿las empresas que gestionan y facilitan las emisiones televisivas por satélite también son responsables por los contenidos que las televisiones emiten a través de sus canales de transmisión?

También se abre la duda sobre de qué manera las redes sociales pueden solucionar ese problema: ¿Caerá la responsabilidad sobre una o varias personas, con su propio sesgo ideológico y su falibilidad humana? ¿Lo hará un algoritmo, con su incapacidad para detectar qué noticia es falsa y cuál es satírica o humorística?

Está claro que la proliferación de noticias falsas es un problema que nos afecta a todos y de forma más importante de lo que tal vez podamos pensar, pero al contrario de lo que piensa Enrique Dans en el artículo que enlazo en la primera línea de este post, yo no estoy tan seguro de que la responsabilidad de darle fin o de poner herramientas para su solución sea principalmente de las empresas que facilitan su distribución. El problema es doble: por un lado tenemos a los canales que facilitan la viralización de estos contenidos. Y ahí sí que las redes sociales tienen una responsabilidad importante: tal vez deberían cambiar el modo en que la difusión de los mensajes se premia según el número de likes, de visitas o de veces que se comparte; pero por otro lado tenemos a los propios usuarios que, compartiéndolas, las convierten en una bola de nieve que crece hasta ser imparable. Tal vez lo que deberíamos tener en cuenta no es tanto la responsabilidad de los canales de distribución por facilitar la tecnología necesaria para su difusión, sino la responsabilidad que nosotros, los usuarios, tenemos de contrastar lo que nos llega antes de compartirlo en nuestras redes. No olvidemos que hemos dejado de ser usuarios pasivos ante canales de comunicación unidireccionales para convertirnos en usuarios activos en canales mutidireccionales; nosotros, los usuarios de redes sociales, también somos productores de contenidos que creamos, enlazamos y compartimos en nuestras redes; así que ahora también es nuestra responsabilidad cribar los mensajes que nos llegan, tener espíritu crítico y no creer lo que leemos o vemos solo porque coincida con nuestras ideas o nuestro prejuicios. Una de las cosas que ha traído internet es que la obligación de contrastar las fuentes ya no es exclusiva de los periodistas. Nos incumbe y nos compete a todos los que utilizamos estas tecnologías. El problema puede venir cuando pensamos que otros (como Mark Zuckerberg) es quien debe hacerlo en nuestro lugar.

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