Las tripas

Un fantasma recorre Europa. Qué coño Europa, ¡el mundo entero!

Me van a perdonar que hoy escriba desde las tripas, o con las tripas. Vamos, de golpe y muy sucio. Pero es que lo que voy a contar me roba la serenidad y la mesura. Y de algún modo hay que recuperarlas.

El fantasma que recorre el mundo es la desconfianza. La desconfianza en la ciencia. En esa ciencia que está intentando encontrar la cura del cáncer. Ese fantasma me desasosiega, se esconde en los rincones, o entre las páginas de un periódico, y me pega unos sustos que lo flipas. Y yo me cabreo mucho, porque tengo el estómago sensible y los nervios delicados.

Ayer en La Vanguardia leí un artículo, aparentemente aséptico, sobre el MMS (Miracle Mineral Solution, o Suplemento Mineral Milagroso). Es curioso que sus defensores no hayan caído en que hay un carcinógeno muy potente y tóxico, el Metil Metano Sulfonato, que comparte sus siglas, pero eso es otra historia. El artículo en cuestión presenta el “fármaco”, que no es más que dióxido de cloro (un desinfectante), como una herramienta cada vez más utilizada por pacientes oncológicos terminales y desde una posición, repito, aparentemente neutral, entrevista a una curada, a una médica que lo receta, a un divulgador y defensor, y ya al final a un catedrático emérito en Ingeniería Química. En el texto aparecen, con el mismo tamaño de letra e importancia en la oración, estupideces tales como “con tan solo tres gotitas, los niños se curaban de malaria”, “A mí no me importa si es legal o ilegal. Yo si veo que aquello es importante para el paciente y él lo quiere tomar, es su libertad”, “Uno de estos denominadores [comunes a todas las enfermedades] es que la mayoría son ácidos, y eso es lo que ataca porque es selectivo en PH [sic]”, “[el MMS] es tóxico si se respira. Lo mismo ocurre con el agua, puedes beberla pero no respirarla”, “Es potabilizar nuestra sangre, nada más” junto con advertencias tan serias como un comunicado de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios: “Su consumo puede producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia” o  del citado catedrático “Son sustancias tóxicas que atacan las células. Claro que mata bacterias, pero también te mata a ti porque elimina células sanas”. Como si todas esas palabras pesaran lo mismo.

(OJO: en versiones posteriores el periódico ha ido variando el orden, dando más peso al peligro del dióxido de cloro, pero tanto da)

La Vanguardia ostenta el triste honor de ser uno de los periódicos que más pábulo da a las pseudociencias y magufadas. Su sección La Contra ya ha dejado múltiples ejemplos de la banalización del mal. Da igual que el mismo periódico tenga una sección de ciencia, o que el martes se hiciera eco de la entrega del prestigioso Premi Internacional de Catalunya a Josep Baselga, Joan Massagué y Manel Esteller, tres investigadores catalanes que han hecho brillantísimos aportes al campo de la oncología.

Todo eso da igual, da igual la cantidad de gente que formen los equipos de estos tres científicos, o la porrada de años que hayan pasado investigando innumerables horas al día. Da igual la cantidad de científicos de todo el mundo que se devanan los sesos para siquiera llegar a arañar la superficie del tremendo y complejísimo problema que es el cáncer. Da igual la cantidad de avances que se hayan logrado con este exigente y lento pero seguro ritmo. Da igual. Siempre habrá alguien que con un simple “algo nos ocultan”, “no les conviene”, “curar no es rentable” siembre la semilla del fantasma. Todos los demás dejamos de existir. Solo existen los cuatro buitres farmacéuticos que manejan el cotarro. Que deciden quién vive y quién enferma. Y luego el charlatán de sonrisa enorme y vocabulario suave que nos abre los ojos y nos perdona la vida.

Entiendo al enfermo necesitado de esperanza. Yo lo soy y lo seré. Buscaré consuelo en la última mota de polvo del universo. Pero, ojo spoiler, los milagros no existen y la medicina no es perfecta  (lo sería si conociera los entresijos de la vida y la muerte, aunque no quisiera desvelarlos, como nos venden los magufos). Esos timadores nos engañan, o al menos lo intentan. Su responsabilidad al jugar con nuestra esperanza es enorme. Y aunque acabo de decir que los milagros no existen, espero que sí el infierno, y acoja a todos ellos con ración extra de fuego y tortura anal.

Y, ahora, me disculpen. Ya he sacado las tripas y tengo que descansar.

cellsxkcdcom
Cuando alguien te diga que un fármaco común o una vitamina “mata las células tumorales en una placa de Petri,” recuerda: Una pistola también lo hace. (xkcd.com)

 

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